Juan Materno Vásquez y la "Teoría del Estado Panameño"
La reciente partida del Licenciado Juan Materno Vásquez hacia lo ignoto representa para nuestro país no sólo la partida de una egregia figura del Foro, sino la de uno de sus más analistas y conceptualizadores.
No me corresponde aquí pasar por la criba de un juicio crítico sus posturas políticas controversiales ni su actuación como hombre público durante numerosas décadas. Esta tarea no siempre grata y propensa a subjetividades pertenece a otros ámbitos y dependerá de la actitud de quienes lo miren de acuerdo a coyunturas y situaciones que aproximaban o distanciaban del personaje.
Me atendré exclusivamente a un escarceo desapasionado de su obra fundamental "Teoría del Estado Panameño" y a su vario y denso contenido.
Este artículo sólo pretende rendir un homenaje a su memoria de hombre culto, inquieto desde su óptica por brindar a sus connacionales un enfoque de los fundamentos de nuestra nacionalidad, como en otros momentos lo hicieron Ricardo J. Alfaro Jované, Diego Domínguez Caballero, Isaías García Aponte, Ricaurte Soler sin que estos nombres agoten la nómina.
Precisamente, Vásquez abre su ensayo con una mirada del acto constitutivo del Estado panameño en noviembre de 1903 y asegura que la delegación del poder público en la comuna capitalina que hizo el pronunciamiento separatista y las posteriores adhesiones de los municipios del istmo estableció nuestro primario orden jurídico. Luego invoca el carácter unitario del Estado, su independencia, soberanía, fines, orientación ideológica como pilares del nuevo ente que nacía.
Seguidamente estudia los estamentos poblacionales, las minorías, la diversidad étnica, el problema del Canal, la función de la Universidad que define, cito, "gran y permanente revolución en el país en formación de los panameños".
Merecen ser mencionadas en el libro que comento nuestras diferencias limítrofes con ambas naciones vecinas. Algo significativo, consagra cinco capítulos a los aborígenes Cunas del archipiélago caribe.
Un segmento esencial versa sobre las funciones del Estado a través de los tres órganos de gobierno, esto es, el ejercicio del Ejecutivo, del Legislativo y Judicial y los alcances de cada uno de ellos. Con excepcional maestría y con precisión conceptual, atributos que siempre lo caracterizaron, Vásquez se aboca a consideraciones filosófico -políticas del Estado Nacional panameño haciendo un estudio de las diversas Constituciones que nos han regido desde 1904 y del espíritu que las informaba. Pasa en revista las Cartas Magnas de 1941, 1946 y la intervención estatal en asuntos de la familia, la cuestión social, el aspecto económico, el sistema educativo, sin olvidar la Ley Fundamental Constitucional de 1972 que introdujo -y estas son sus palabras "las más revolucionarias normas en materia de derecho laboral".
A todos los panameños que aguardamos impacientes el siglo XXI en el cual nuestra soberanía será perfeccionada con la recuperación de todo el territorio y la integración de las áreas revertidas a la vida nacional, Vásquez dirige desde su trabajo un mensaje que es perenne. Cuando define al pueblo, concretamente al pueblo panameño lo entiende como "factor relevante en toda la estructura jurídica estatal... en cuanto a la fuente de su poder". El Estado se limita a ser ejecutor de la voluntad pública.
Puedo afirmar sin ambages que cada capítulo de la Teoría del Estado Panameño es una lección de acendrado nacionalismo que el autor enfoca a la luz de principios, normas y planteamientos del derecho universal y local.
Estemos o no de acuerdo con el hombre que fue Juan Materno Vásquez jamás podremos negarle su prístina preocupación por la Patria suya y nuestra, por los fundamentos jurídicos evolutivos que nos anclaban en el derecho internacional, por el desarrollo de la población y la espera de días mejores a quienes compartimos el mismo suelo y los mismos anhelos.
Juan Materno Vásquez profundizó en la historia pasada de Panamá, estudió su realidad presente y anunció un porvenir que sería el fruto mancomunado de gobernantes y gobernados. Haciéndose eco de lo que expresó el presidente Ernesto de la Guardia, asevera que hay que desarrollar el país puesto que el Estado es eminentemente desarrollista.
Ahora que la trayectoria de una lucha sin desmayo y el futuro nos retan a la óptima administración de nuestro principal recurso geográfico, resuena la voz del jurisconsulto desaparecido cuando sentenció: "Lo que nos interesa destacar es la necesidad que tenemos los panameños de saber qué es lo que queremos como posición irreductible en cuanto a soberanía se refiere".
Y estas adminiciones quedan para siempre. En el caso de Juan Materno Vásquez cobra vigencia el aforismo de que las ideas perviven aunque quienes las pensaron y enseñaron se hayan ido.
Aquilatar su obra escrita nacionalista es el mejor tributo que puedo ofrecer a su recuerdo.
No me corresponde aquí pasar por la criba de un juicio crítico sus posturas políticas controversiales ni su actuación como hombre público durante numerosas décadas. Esta tarea no siempre grata y propensa a subjetividades pertenece a otros ámbitos y dependerá de la actitud de quienes lo miren de acuerdo a coyunturas y situaciones que aproximaban o distanciaban del personaje.
Me atendré exclusivamente a un escarceo desapasionado de su obra fundamental "Teoría del Estado Panameño" y a su vario y denso contenido.
Este artículo sólo pretende rendir un homenaje a su memoria de hombre culto, inquieto desde su óptica por brindar a sus connacionales un enfoque de los fundamentos de nuestra nacionalidad, como en otros momentos lo hicieron Ricardo J. Alfaro Jované, Diego Domínguez Caballero, Isaías García Aponte, Ricaurte Soler sin que estos nombres agoten la nómina.
Precisamente, Vásquez abre su ensayo con una mirada del acto constitutivo del Estado panameño en noviembre de 1903 y asegura que la delegación del poder público en la comuna capitalina que hizo el pronunciamiento separatista y las posteriores adhesiones de los municipios del istmo estableció nuestro primario orden jurídico. Luego invoca el carácter unitario del Estado, su independencia, soberanía, fines, orientación ideológica como pilares del nuevo ente que nacía.
Seguidamente estudia los estamentos poblacionales, las minorías, la diversidad étnica, el problema del Canal, la función de la Universidad que define, cito, "gran y permanente revolución en el país en formación de los panameños".
Merecen ser mencionadas en el libro que comento nuestras diferencias limítrofes con ambas naciones vecinas. Algo significativo, consagra cinco capítulos a los aborígenes Cunas del archipiélago caribe.
Un segmento esencial versa sobre las funciones del Estado a través de los tres órganos de gobierno, esto es, el ejercicio del Ejecutivo, del Legislativo y Judicial y los alcances de cada uno de ellos. Con excepcional maestría y con precisión conceptual, atributos que siempre lo caracterizaron, Vásquez se aboca a consideraciones filosófico -políticas del Estado Nacional panameño haciendo un estudio de las diversas Constituciones que nos han regido desde 1904 y del espíritu que las informaba. Pasa en revista las Cartas Magnas de 1941, 1946 y la intervención estatal en asuntos de la familia, la cuestión social, el aspecto económico, el sistema educativo, sin olvidar la Ley Fundamental Constitucional de 1972 que introdujo -y estas son sus palabras "las más revolucionarias normas en materia de derecho laboral".
A todos los panameños que aguardamos impacientes el siglo XXI en el cual nuestra soberanía será perfeccionada con la recuperación de todo el territorio y la integración de las áreas revertidas a la vida nacional, Vásquez dirige desde su trabajo un mensaje que es perenne. Cuando define al pueblo, concretamente al pueblo panameño lo entiende como "factor relevante en toda la estructura jurídica estatal... en cuanto a la fuente de su poder". El Estado se limita a ser ejecutor de la voluntad pública.
Puedo afirmar sin ambages que cada capítulo de la Teoría del Estado Panameño es una lección de acendrado nacionalismo que el autor enfoca a la luz de principios, normas y planteamientos del derecho universal y local.
Estemos o no de acuerdo con el hombre que fue Juan Materno Vásquez jamás podremos negarle su prístina preocupación por la Patria suya y nuestra, por los fundamentos jurídicos evolutivos que nos anclaban en el derecho internacional, por el desarrollo de la población y la espera de días mejores a quienes compartimos el mismo suelo y los mismos anhelos.
Juan Materno Vásquez profundizó en la historia pasada de Panamá, estudió su realidad presente y anunció un porvenir que sería el fruto mancomunado de gobernantes y gobernados. Haciéndose eco de lo que expresó el presidente Ernesto de la Guardia, asevera que hay que desarrollar el país puesto que el Estado es eminentemente desarrollista.
Ahora que la trayectoria de una lucha sin desmayo y el futuro nos retan a la óptima administración de nuestro principal recurso geográfico, resuena la voz del jurisconsulto desaparecido cuando sentenció: "Lo que nos interesa destacar es la necesidad que tenemos los panameños de saber qué es lo que queremos como posición irreductible en cuanto a soberanía se refiere".
Y estas adminiciones quedan para siempre. En el caso de Juan Materno Vásquez cobra vigencia el aforismo de que las ideas perviven aunque quienes las pensaron y enseñaron se hayan ido.
Aquilatar su obra escrita nacionalista es el mejor tributo que puedo ofrecer a su recuerdo.