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Jubilaciones espaciales


Hoy más que ayer, me siento decepcionado al escuchar a quienes el sector laboral del país les ha dado la conducción de sus nobles necesidades, emplear un lenguaje de confrontación para exponer sus aspiraciones. Pareciera que cada quien gira alrededor de su propia conveniencia y de esta conveniencia personal parten sus opiniones. En los momentos actuales, cuando en el corazón de muchos ha hecho nido el desaliento, precisamos como nunca luceros que iluminen el sendero y voces responsables que busquen el entendimiento.
Vemos con pesar que nuestros dirigentes gremiales, cuando aún no terminábamos un año que fue económicamente difícil, se empeñan en desinflar las esperanzas de todo un pueblo, de hipotecar nuestras pocas alegrías amenazando con paros y huelgas futuras que no tienen fundamento. ¿Qué son las huelgas? Si no la suspensión del trabajo en los lugares de producción, labor que interesa a todos, gobierno, empresas, patronos y obreros. Resulta evidente, pues, el interés que esto tiene para el trabajador, porque la fuente de trabajo es su único patrimonio. Por lo tanto, cada vez que se ven sometidos a un paro se les priva de su entrada, lo que agrava su miseria. De allí que podemos decir a ciencia cierta que toda huelga es enemiga de los trabajadores. Mal para el obrero que no puede llevar el sustento a sus casas; para el patrono, porque sufren en la falta de producción y para el gobierno, porque estas suspensiones inciden en sus finanzas y en su imagen exterior.
Las huelgas siempre son malas y hay que tener mucho cuidado de que verdaderamente sus objetivos sean mejores que el mal que ocasionan; de manera que los paros, los cierres de calles sólo se pudieran justificar como último recurso y siempre que todas las otras vías estén agotadas.
Si nuestros dirigentes responden a los intereses de sus clases, si verdaderamente luchan por los trabajadores deben buscar su mejoramiento sin menoscabo de restarle días de trabajo o daño a sus fuentes de ingreso, cuando buscan objetivos cuyos resultados inciertos son los trabajadores los menores capaces de soportar.
La situación precaria del obrero debe ser sagrada para el dirigente y no exponerlos a estos por afán de notoriedad de sus líderes, por oportunismo político o beneficios personales a traicionarlos, utilizando la confianza en ellos depositadas por su afiliados, en solicitudes que, carecen de una base científica y que van no sólo en contra de todas las proyecciones actuariales de la Caja de Seguro Social, sino en contra de sus propios hijos y el resto de la nación. No queremos pensar que algún otro oscuro propósito se esconde detrás de esta petición inadecuada como provocar reacciones de fuerza de parte del gobierno y desestabilizar al país. Jubilaciones espaciales sólo son posibles en el espacio, donde la ingravidez impide que las cosas caigan y soportan el peso que se les ponga arriba.

101 años de Panamá América

 
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