Jubilaciones generales a los 55 años
El gobierno que inicia su gestión de administrar los bienes públicos, desarrollar programas afines con su agenda de trabajo y cumplir con la mayor parte de las promesas de la campaña electoral, debe redoblar esfuerzos para retrotraer a las palestra pública el tema de las jubilaciones.
No cabe el menor asomo de duda de que existe un claro y contundente interés de la alianza política en el poder de revisar exhaustivamente las medidas impuestas dentro de la década precedente, relacionada con la operación de la Caja de Seguro Social.
Reconociendo este sano interés, consideramos prudente esbozar o más bien hacer público algunos argumentos que tecnócratas del exterior han recomendado en estudios anteriores sobre el déficit actuarial, las jubilaciones especiales, jubilaciones anticipadas y otros aspectos colaterales al funcionamiento de esta importante institución.
Dichos estudios sustentaban en ese entonces, que era de urgente necesidad la eliminación de las jubilaciones especiales, principalmente, ya que éstas además de originar un privilegio desmedido en un selecto grupo de la masa laboral, provocando por esta vía una injusta desigualdad con respecto al resto de la sociedad, era la causante de los problemas financieros de la institución, que de continuar en esa dirección conducirían a su quiebra inminente.
Creemos que al tenor de lo planteado se tomaron las medidas correctas eliminando de plano tales desigualdades aunque permanecen casos sensibles como lo son las que mantienen los estamentos de la seguridad pública.
Sin embargo, de manera relevante se trataba el tema de la calidad de vida de la población panameña que si bien es cierto la esperanza de vida se mantiene en un promedio de 73 años, es decir, puede que poco más de 10 años de supervivencia como jubilado para los hombres, estos años al final de cuentas no cumplen en principio con el propósito de un retiro de una vida decorosa por la razón primordial de que los jubilados no viven con los estándares y el confort de vida de una nación desarrollada, ni con salarios ni política de salarios de incrementos en función de los niveles de costo de vida y/o inflación.
Siendo esto así, surge como recomendación importante tomando en consideración toda la gama de situaciones alrededor de este sistema, y sustentando con las correspondientes cifras, la jubilación general a los 55 años tanto para hombres como mujeres, previo al cumplimiento de los requisitos como lo son entre otros, la acumulación de 240 cuotas de cotizaciones, etc.,
incluyendo a aquellos funcionarios que en la actualidad gozan del privilegio de la jubilación especial.
En definitiva, este elemento de las jubilaciones generales a los 55 años de edad para todo empleado panameño adherido al régimen obligatorio de cotización al Seguro Social, debe ser evaluado con criterio centrados y de justicia social sin ánimos de invocar el fantasma del populismo político como contrapeso para granjearse una simpática afición sino con el fin de añadir una seria variable a los análisis al realizarse el estudio respectivo.
No cabe el menor asomo de duda de que existe un claro y contundente interés de la alianza política en el poder de revisar exhaustivamente las medidas impuestas dentro de la década precedente, relacionada con la operación de la Caja de Seguro Social.
Reconociendo este sano interés, consideramos prudente esbozar o más bien hacer público algunos argumentos que tecnócratas del exterior han recomendado en estudios anteriores sobre el déficit actuarial, las jubilaciones especiales, jubilaciones anticipadas y otros aspectos colaterales al funcionamiento de esta importante institución.
Dichos estudios sustentaban en ese entonces, que era de urgente necesidad la eliminación de las jubilaciones especiales, principalmente, ya que éstas además de originar un privilegio desmedido en un selecto grupo de la masa laboral, provocando por esta vía una injusta desigualdad con respecto al resto de la sociedad, era la causante de los problemas financieros de la institución, que de continuar en esa dirección conducirían a su quiebra inminente.
Creemos que al tenor de lo planteado se tomaron las medidas correctas eliminando de plano tales desigualdades aunque permanecen casos sensibles como lo son las que mantienen los estamentos de la seguridad pública.
Sin embargo, de manera relevante se trataba el tema de la calidad de vida de la población panameña que si bien es cierto la esperanza de vida se mantiene en un promedio de 73 años, es decir, puede que poco más de 10 años de supervivencia como jubilado para los hombres, estos años al final de cuentas no cumplen en principio con el propósito de un retiro de una vida decorosa por la razón primordial de que los jubilados no viven con los estándares y el confort de vida de una nación desarrollada, ni con salarios ni política de salarios de incrementos en función de los niveles de costo de vida y/o inflación.
Siendo esto así, surge como recomendación importante tomando en consideración toda la gama de situaciones alrededor de este sistema, y sustentando con las correspondientes cifras, la jubilación general a los 55 años tanto para hombres como mujeres, previo al cumplimiento de los requisitos como lo son entre otros, la acumulación de 240 cuotas de cotizaciones, etc.,
incluyendo a aquellos funcionarios que en la actualidad gozan del privilegio de la jubilación especial.
En definitiva, este elemento de las jubilaciones generales a los 55 años de edad para todo empleado panameño adherido al régimen obligatorio de cotización al Seguro Social, debe ser evaluado con criterio centrados y de justicia social sin ánimos de invocar el fantasma del populismo político como contrapeso para granjearse una simpática afición sino con el fin de añadir una seria variable a los análisis al realizarse el estudio respectivo.