Jubileo
En el libro de Levítico, capítulo 25, Verso 10: dice: “Declararás santo el año cincuenta”. Ahora se trata de cincuenta años de haber sido ordenado sacerdote ministerial en la Iglesia Católica, al servicio de la comunidad creyente panameña y del mundo.
Uno llega a esta fecha no por ninguna clase de gimnasia especializada, ni por ejercicios para llegar ni como el nadador de largas distancias, el hecho es que con el correr de los días y del calendario llega uno a esta fecha de manera consciente y no por ningún mérito propio ni por alguna influencia, ni por apellido, ni por ninguna otra razón, sino porque Dios lo ha querido así y al oír a muchas personas que me informan que han estado orando por mí, sin saberlo yo, llego también por las oraciones amigas que Dios les pague, y recíproco oraciones por los que lo han hecho.
Doy gracias a Dios por este beneficio y dejo claro que no me arrepiento de haber seguido el llamamiento que me hizo el Señor hace ya tantos años de entre el montón de compañeros de clase, de barrio, de juegos etc. Y en esa época de los años 40.
De mi grupo de infancia y vecindario colegial, siempre tengo que reconocer sin ningún complejo, hubo gente más dotada en muchos aspectos que yo, pero circunstancias especiales ocurrieron que los obligaron a escoger otros caminos en sus vidas.
Afirmo en mi acción de gracias a Dios que en esta vocación Dios me ha concedido la gracia de acercarme al ser humano. Al hombre, a la incógnita del hombre, a ese ser del cual la misma escritura dice en Génesis 6,6: ”Y se arrepintió Dios de haber creado al hombre“. Y en otra parte el salmo exclama: “Qué es el hombre para que te acuerdes de él o el hijo del hombre para que lo visites”. Y sobre todo aquella realidad fundamental de nuestra fe: en San Juan 1: Y El Verbo se hizo hombre“. Aun cuando uno nunca terminara de conocer al hombre, mucho es lo que uno aprende y aprecia en la humanidad tanto de positivo como negativo y al final tenemos que creer en el ser humano con aquello que decía Terencio: ”Homo sum et nihil humanum a me alienum puto”. Soy humano y nada que sea humano lo considero ajeno a mí.
Exclamando termino: Oh, Dios que quisiste que siguiera la invitación de Jesús a seguirlo más de cerca y fuera su presbítero en la Iglesia, por estos cincuenta años, escucha mis oraciones y las que hacen por mí, bendice nuestro ministerio y lleva a plenitud la vocación de entrega y servicio al Evangelio, por Cristo Nuestro Señor. Amén. Gracias a todos por las felicitaciones.