Judíos en la política
En las últimas semanas ha pasado en Perú lo mismo que suele ocurrir en muchos de nuestros países de la región americana: un grupo de individuos judíos deciden apoyar a algún candidato presidencial, en este caso Ollanta Humala. La prensa lo detecta y hace notar esta particularidad, cosa que no hace con la misma intensidad cuando cualquier otro grupo de individuos de otras confesiones decide apoyar de modo formal o por medio de terceros a algún candidato presidencial. Lamentablemente, todavía hay una susceptibilidad particular hacia el protagonismo de los judíos en la vida política, cosa que ya no debería existir en cualquier sociedad políticamente madura y desarrollada.
En el caso peruano, el disparador fue un ex presidente de la Asociación Judía del Perú -Isaac Mekler- quien decidió incursionar en la vida política y postular al congreso por el partido del candidato "outsider" Ollanta Humala, quien es severamente cuestionado por el "stablishment" político por la fragilidad, desarticulación y populismo oportunista de sus propuestas, así como el nacionalismo racista de su padre y hermanos que se le atribuye también a él.
Junto con eso viene el proceso de generalización que se expresa en titulares como "judíos apoyan a Humala", "lobby judío para Ollanta", "comunidad judía apoya a Humala", etc. como si los judíos fueran un grupo compacto, homogéneo y con pensamiento unitario en materia política, capaz de colocar todos sus esfuerzos, recursos y vocaciones en un solo candidato. Esto, que no resiste el menor análisis de los hechos en ningún país del mundo, sigue siendo producto de los estereotipos, prejuicios y generalizaciones racistas que es bueno discutir, porque ayuda a que la gente de buena voluntad se de cuenta de lo injusto, discriminador y antidemocrático que termina siendo todo esto.
La historia de la actividad política de judíos en el mundo, muestra que suelen ser judíos de 2da o 3era generación nacidos en el país, de padres o abuelos inmigrantes, los que incursionan en la vida política, por lo que muchas veces tienen una presencia política simultánea e importante luego de haber estado ausentes por décadas. Esto ocurre por dos razones. La primera, porque los judíos inmigrantes se preocupan primero de su subsistencia y seguridad. Además, siendo extranjeros mantienen un perfil bajo, más aún si llegaron al país como resultado de alguna persecución. Sus hijos y nietos ya tienen otra visión. La otra, porque nuestra educación talmúdica nos ha heredado un afán por confrontar lo establecido y luchar por mejorar el mundo, lo que explica nuestra presencia activa en el mundo intelectual y político, sobre todo en el rol contestatario frente a las "verdades" convencionales. Freud, Einstein, Chomsky y más recientemente el Premio Nobel Harold Pinter son ejemplos intelectuales paradigmáticos. Trotsky, Blum, Kissinger, Ben Gurión y tantos más son casos renombrados en la política.
Sin embargo, cada uno lo hace desde su propia mirada e ideología. No podría ser más diverso en el caso de peruanos de 2da generación. Con Alberto Fujimori tuvieron cargos públicos José Chlimper, Efraín Goldemberg y Moisés Wolfenson. Con Alejandro Toledo asumieron cargos David Waisman, Jacques Rodrich y David Lemor. Con Fernando Belaúnde fue Wilson Benzaquén. Con Alan García fueron Jacobo Mishkin y Jayzuño Abramovich. Para la presente campaña se conoce de la cercanía de Isaac Mekler con Ollanta Humala y José Kleinberg con Lourdes Flores, entre otros. A su vez entre los más severos críticos a estos gobiernos estamos varios comunicadores incluyendo a Gustavo Gorriti y Roberto Lerner.
Lo que esto significa es que hay muchos judíos que estamos comprometidos con el mejoramiento de nuestros países, pero que cada cual busca que aportar desde su posición y actividad. Esto debería ser bienvenido por nuestras naciones a las que precisamente les hace falta un compromiso cívico más activo de parte de todos sus ciudadanos. No existe por tanto una posición político-partidaria institucionalizada de la Asociación Judía del Perú o de cualquier otro ente representativo de los judíos de un país, no sólo porque sus estatutos naturalmente lo prohíben sino también porque los hechos enunciados lo hacen imposible. De allí que no existe ni remotamente un "candidato de los judíos". Es importante precisar esto para que frente al legítimo protagonismo político de algunos judíos no se aluda a "la comunidad judía" como si fuera un grupo homogéneo y compacto de personas alineadas con la misma posición particular.
Recurrir a facultades extraordinarias para legislar a espaldas del pueblo es un primer paso hacia una "dictadura legalizada". Si lo permitimos sin protestar ni denunciar esa maniobra antidemocrática, seremos cómplices pasivos y permisivos de otras aventuras golpistas. Tan golpe de estado es que el Organo Legislativo prive al Ejecutivo de sus funciones constitucionales como que éste usurpe la función legislativa. ¡Reaccionemos a tiempo o después lo lamentaremos!
En el caso peruano, el disparador fue un ex presidente de la Asociación Judía del Perú -Isaac Mekler- quien decidió incursionar en la vida política y postular al congreso por el partido del candidato "outsider" Ollanta Humala, quien es severamente cuestionado por el "stablishment" político por la fragilidad, desarticulación y populismo oportunista de sus propuestas, así como el nacionalismo racista de su padre y hermanos que se le atribuye también a él.
Junto con eso viene el proceso de generalización que se expresa en titulares como "judíos apoyan a Humala", "lobby judío para Ollanta", "comunidad judía apoya a Humala", etc. como si los judíos fueran un grupo compacto, homogéneo y con pensamiento unitario en materia política, capaz de colocar todos sus esfuerzos, recursos y vocaciones en un solo candidato. Esto, que no resiste el menor análisis de los hechos en ningún país del mundo, sigue siendo producto de los estereotipos, prejuicios y generalizaciones racistas que es bueno discutir, porque ayuda a que la gente de buena voluntad se de cuenta de lo injusto, discriminador y antidemocrático que termina siendo todo esto.
La historia de la actividad política de judíos en el mundo, muestra que suelen ser judíos de 2da o 3era generación nacidos en el país, de padres o abuelos inmigrantes, los que incursionan en la vida política, por lo que muchas veces tienen una presencia política simultánea e importante luego de haber estado ausentes por décadas. Esto ocurre por dos razones. La primera, porque los judíos inmigrantes se preocupan primero de su subsistencia y seguridad. Además, siendo extranjeros mantienen un perfil bajo, más aún si llegaron al país como resultado de alguna persecución. Sus hijos y nietos ya tienen otra visión. La otra, porque nuestra educación talmúdica nos ha heredado un afán por confrontar lo establecido y luchar por mejorar el mundo, lo que explica nuestra presencia activa en el mundo intelectual y político, sobre todo en el rol contestatario frente a las "verdades" convencionales. Freud, Einstein, Chomsky y más recientemente el Premio Nobel Harold Pinter son ejemplos intelectuales paradigmáticos. Trotsky, Blum, Kissinger, Ben Gurión y tantos más son casos renombrados en la política.
Sin embargo, cada uno lo hace desde su propia mirada e ideología. No podría ser más diverso en el caso de peruanos de 2da generación. Con Alberto Fujimori tuvieron cargos públicos José Chlimper, Efraín Goldemberg y Moisés Wolfenson. Con Alejandro Toledo asumieron cargos David Waisman, Jacques Rodrich y David Lemor. Con Fernando Belaúnde fue Wilson Benzaquén. Con Alan García fueron Jacobo Mishkin y Jayzuño Abramovich. Para la presente campaña se conoce de la cercanía de Isaac Mekler con Ollanta Humala y José Kleinberg con Lourdes Flores, entre otros. A su vez entre los más severos críticos a estos gobiernos estamos varios comunicadores incluyendo a Gustavo Gorriti y Roberto Lerner.
Lo que esto significa es que hay muchos judíos que estamos comprometidos con el mejoramiento de nuestros países, pero que cada cual busca que aportar desde su posición y actividad. Esto debería ser bienvenido por nuestras naciones a las que precisamente les hace falta un compromiso cívico más activo de parte de todos sus ciudadanos. No existe por tanto una posición político-partidaria institucionalizada de la Asociación Judía del Perú o de cualquier otro ente representativo de los judíos de un país, no sólo porque sus estatutos naturalmente lo prohíben sino también porque los hechos enunciados lo hacen imposible. De allí que no existe ni remotamente un "candidato de los judíos". Es importante precisar esto para que frente al legítimo protagonismo político de algunos judíos no se aluda a "la comunidad judía" como si fuera un grupo homogéneo y compacto de personas alineadas con la misma posición particular.
Recurrir a facultades extraordinarias para legislar a espaldas del pueblo es un primer paso hacia una "dictadura legalizada". Si lo permitimos sin protestar ni denunciar esa maniobra antidemocrática, seremos cómplices pasivos y permisivos de otras aventuras golpistas. Tan golpe de estado es que el Organo Legislativo prive al Ejecutivo de sus funciones constitucionales como que éste usurpe la función legislativa. ¡Reaccionemos a tiempo o después lo lamentaremos!