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Judith Miller y la reserva de la fuente


Pasó 12 semanas en prisión por negarse a revelar su fuente de una información que publicó en el New York Times sobre la identidad de una agente de la CIA. Se habría podrido en la cárcel a no ser porque su fuente, Lewis Libby, director de gabinete del vicepresidente Dick Cheney, se apiadó y le autorizó a revelar su nombre.
"Yo era una periodista haciendo su trabajo, protegiendo a mi fuente hasta que mi fuente me dejó en libertad de cumplir con mi deber cívico de declarar. Pasé 85 días en la cárcel por mi convicción sobre la importancia de preservar la relación de confidencialidad que tienen los periodistas con sus fuentes", dijo Miller a la salida del tribunal, tras asistir a cinco horas de interrogatorio.
En ocasión anterior, exaltamos la figura de Judith Miller como ejemplo de coraje y heroína del periodismo, por defender un principio que es fundamental para el pleno desenvolvimiento de la libertad de prensa. Sin él, el acceso a las fuentes privadas se cierra, y el derecho a la información se mediatiza.
En Panamá, ese principio está siempre bajo el asedio de las autoridades de investigación criminal, acostumbradas a la ley del menor esfuerzo, esto es, a citar a los periodistas que publican informaciones que ellos debieran dilucidar por sí mismos.

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