Jugando al suicidio poltico
No hay que ser sabio para anticipar que las próximas elecciones las volverá a ganar el gobernante Partido Revolucionario Democrático (PRD). Al margen de sus muchas virtudes y deficiencias, la administración del Presidente de la República, Martín Torrijos, navega con suerte, como lo muestra la robusta evolución de las cifras macroeconómicas.
Otro factor que lo ayuda, de cara a los próximos comicios, es el desastroso desempeño de la oposición política. Incapaz de ofrecer programas, ni propuestas, inepta para sugerir soluciones, ni críticas con algún sentido, que no sea la demolición por el prurito de demoler. Para colmos, luce dividida y, en ese estado, basta con el medio millón de su voto compacto, una buena campaña y un candidato aceptable, para que el PRD asegure cinco años más de mandato.
No obstante lo anterior, un solo adversario de cuidado se yergue en el horizonte: sus propios errores, que pueden ser más impactantes cuanto más cercano esté el inicio de la campaña política. Lo acontecido con la elección de la presidencia del Legislativo y los cambios anodinos en equipo de gobierno, son síntomas de lo que Roberto Eisenmann llama - palabras más o menos- "vocación suicida del PRD", entendida como el arte de hacer todo lo posible para perder. Y nos atrevemos a llamarle arte, porque no es fácil descender de una alta cima, salvo que se opte por tirarse al abismo.
Es difícil entender las desastrosas decisiones políticas de último momento, a menos que quien gobierna tema más a su propia gente que a los adversarios de su oposición política. Y cuando uno empieza a trabajar en esa hipótesis, todo parece tener sentido.
Lo malo es que en ejercicio de la vocación suicida se vayan dejando vacíos que resulten inconvenientes para la buena marcha del país, que es el que importa. Porque a la postre, a todos nos conviene un gobierno bueno y firme, hasta el final de su término, no importa su bandera partidista.