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Justicia carente


Para muchos no resulta desconocido las grandes limitaciones por la que atraviesa la justicia en nuestro país. Pese a tener una moneda estable, un crecimiento económico sostenido (5.5% a 6%), perspectiva de inversión extranjera y fusiones que suponen fuertes sumas de dinero, lo que redunda en la caja común de los panameños, nuestro sistema judicial presenta carencias que nada tienen que envidiar a países cercanos que no tienen esos atractivos económicos. Mis motivaciones en delinear estas ideas responden a que en primer lugar soy ciudadano de este país, como miembro activo de la sociedad debo plasmar estas reflexiones para que se adopten las medidas que puedan mitigar el déficit por la que transitan los Tribunales. No es posible que los operadores todavía utilicen sistema informatizados obsoletos (programas como Star Office, Word Perfect 9, entre otros) máquinas de escribir Olimpia y Olivetti, tarjetarios manuales, archivadores desfasados y sin espacio para archivar un expediente más, salas de audiencias pequeñas, mobiliarios caducados y oxidados, en estado puro de obsolescencia, edificaciones o estructuras físicas que se confunden con una abarrotería, para describir en algo la realidad. Quienes fustigan a diario al sistema de justicia, le dan la espalda a estas realidades y bajo ningún concepto se plantean por un minuto, ¿cómo?, pese a esas grandes carencias, y enfrentado el aumento poblacional y por ende, el de la litigiosidad y la criminalidad, los despachos de justicia en el año 2005 despacharon más de 100,000 asuntos, frente a los 120,000 que ingresaron. Tampoco quieren reconocer que por cada 100,000 habitantes existe el promedio de 6.5 jueces o Tribunales, menos van a reconocer que el 80 por ciento de los conflictos presentados en los Tribunales terminaron en la esfera circuital, que es donde descansa la mayor carga laboral. Y que decir de las últimas reformas y las que se avecinan en materia penal, que van aumentar con creces el trabajo existente en ese nivel jurisdiccional. Las consecuencias las sufrirán no solo los operadores del nivel circuital sino también los funcionarios subalternos, quienes pese al pésimo salario que perciben, a diario tienen una productividad digna de ser imitada en otras dependencias del Estado. Y claro, los usuarios del sistema son también víctimas de estas carencias, y en esto no sólo incluyo a las propias partes en conflicto, sino también a los abogados, familiares y demás relacionados a la temática judicial.
Las próximas reformas judiciales deben ser consideradas tomando como norte esta realidad, pues sería traumático implementarlas con las estructuras físicas y humanas actuales o con las carencias que circundan al aparato judicial. La discusiones presupuestarias actuales invitan a la reflexión, sin duda tienen notable importancia, pues en ellas se debate qué es lo que se quiere al final del camino con el sistema judicial, entendemos que la aspiración presupuestaria tiende a corregir tales déficits. Se tilda de ambiciosa la propuesta, sin embargo, la misma se asienta en pilares innegables y que se traducen en la cruda realidad por la que atraviesan los despachos de justicia a nivel nacional y las que han sido mostradas en los más importantes foros del país, en espera de crear conciencia y sensibilizar a los órganos competentes para que Panamá, en franco crecimiento económico y con una prosperidad que se visualiza fácilmente no tenga como contrapartida una justicia carente.
Para potenciar la seguridad jurídica y el Estado de Derecho dentro de un sistema democrático no sólo se requieren de normas o principios, o bonitos discursos, sino se requiere tanto de estructuras físicas como humanas, cimentadas con los medios o recursos para enfrentar los retos que se avecinan y convertir a nuestro país en modelo en la región.
(*)Juez de Circuito Penal.
En el último discurso que pronunció en Caracas, agradeció a Dios por permitirle servir a su patria en la recuperación de su bien más preciado: el Canal, lo que le había representado un honor y una satisfacción. Luis Anderson falleció en noviembre de 2003. Como previendo su desenlace, solicitó ser cremado y que sus cenizas fueran esparcidas en las aguas del Canal, a quien dedicó los mejores años de su vida.
(*)La autora es la viuda de Luis Anderson y Presidenta de la Fundación Luis Anderson.

101 años de Panamá América

 
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