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Justicia para Hipólito Quintero


Transcurrían cuatro meses del golpe militar de Boris Martínez y Omar Torrijos, 15 de febrero de 1969, cuando era asesinado por oficiales y tropas de la Guardia Nacional, el militante demócrata cristiano, Hipólito Quintero, en la humilde población de Altos de Uracillo, Río Indio, de las montañas de Coclé. Una patrulla militar lo había detenido, luego de ser identificado como activista social y político de su partido en la región. Fue golpeado, mal herido y tirado en una pequeña plaza de tierra del cacerío, donde prohibieron a los lugareños prestarle asistencia alguna, so pena de sufrir su misma suerte.
En aquellos tiempos aciagos, las patrullas de guardias peinaban de arriba abajo la selva y las montañas, en busca de las fuerzas insurgentes de Dorita Moreno, olvidada mártir del civilismo que, carentes de armas y municiones, se batían en retirada. La orden de las tropas dictadura era no dejar prisioneros, torturar y ejecutar en público a los supuestos guerrilleros y sus colaboradores, según los manuales de entrenamiento de contrainsurgencia de la Escuela de las Américas. De ese modo, el terror inhibiría el apoyo rural a la guerrilla, al que se refería Che Guevara. En la Sierra Maestra, los campesinos habían sido la columna vertebral del ejército rebelde.
Hipólito Quintero no era guerrillero, ni hombre de armas. Murió desangrado en el lugar, donde empezó a descomponerse, sin que nadie se atreviera a enterrarlo, hasta que el cura párroco de Penonomé acudió en rescate de sus restos y les dio sepultura. Años después, tras la caída de la dictadura militar, le tocó identificar el lugar del entierro.
Décadas de impunidad y ley de silencio, entremezclados con ineficiencia investigadora, cobardía y peores juzgamientos, dejaron centenares de muertos del civilismo libre sin justicia. Para Hipólito Quintero, en cambio, llega un rayo de luz. Tres ex militares de la antigua Guardia Nacional han sido detenidos, identificados con su asesinato cobarde. Así mataron a Héctor Gallego. Otros tres están siendo ubicados. ¿Habrá justicia entre tanta injusticia? La fiscalía primera superior de Veraguas da sus primeros pasos en ese sentido. Que no vengan ahora los padrinos a viciar, ocultar y a enterrar también el alma de Hipólito Quintero. Si han de tener perdón los culpables, que no sea en la tierra.

101 años de Panamá América

 
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