default

Justicia Tributaria


El impuesto sobre la renta lo pagamos tanto las personas naturales como las jurídicas (empresas y sociedades), pero no todos pagamos igual.
En principio, como la tarifa de este tributo es progresiva, quienes tienen rentas mayores están supuestos a pagar más. Sin embargo, en nuestro país esto no es verdad. Y la razón es que las empresas tienen a su disposición, porque así se los permite la ley, las formas para pagar menos.
Es una paradoja, pero las empresas que reciben las mayores ganancias, proporcionalmente, pagan menos impuestos que los asalariados.
El impuesto sobre la renta se paga sobre los ingresos netos o renta neta, que es la que queda después de que al total de los ingresos o renta bruta se le han restado todas las deducciones permitidas por la ley. Y es, precisamente, en el renglón de las deducciones donde se generan las ventajas y desventajas que terminan por convertir al sistema en una caricatura de la justicia tributaria.
Una empresa, por ejemplo, un banco, puede deducir la depreciación del edificio y del equipo que utiliza para sus actividades hasta los carros que alquila, los "viajes de negocio" o las atenciones sociales que dedica a sus clientes. Al final resulta que a su renta bruta se le hacen tantas deducciones que la renta neta queda reducida a cuatro reales sobre los que paga una miseria.
Un obrero, por ejemplo, de su renta bruta sólo puede deducir 900 balboas, por año, para gastos de subsistencia. Con ese monto está supuesto a cubrir los gastos de habitación, comida, vestido, energía eléctrica, teléfono y transporte.
Una pareja de asalariados, de los cuales uno trabaja, puede deducir 1,800 balboas, por año, para cubrir los gastos de subsistencia de los dos. Si la pareja tiene hijos, puede deducir, adicionalmente, 250 balboas, anuales, por cada uno. Esta suma ridícula se reputa suficiente para criar y educar a un hijo.
A las deducciones mencionadas, se puede agregar hasta 1,000 balboas anuales, por gastos médicos, siempre y cuando se justifiquen con los respectivos comprobantes.
En resumen, un trabajador asalariado, casado y con dos hijos, puede deducir de su renta bruta hasta la suma total de 3,300 balboas.
Como una fórmula salomónica, se optó por declarar exentas todas las rentas personales inferiores a 300 balboas mensuales ó 3,600 anuales. En términos reales, no se mejoró la situación de las personas de más bajos ingresos, por cuanto ese monto es similar a la suma de las deducciones por subsistencia de una pareja con dos hijos.
Como los sectores de mayor poder económico tienen mayor capacidad para presionar, cada vez que se habla de legislar para hacer más equitativo el sistema tributario, inmediatamente surgen las voces de protesta, como ha ocurrido recientemente, para oponerse a cualquier revisión del sistema que les obligue a pagar más. Y los representantes más extremistas de esos sectores llegan hasta a exigir que se les exima de tributar como condición para invertir.
El gobierno, por conducto de su Ministerio de Economía y Finanzas, ha hecho algunos avances, pero sin mayor precisión, sobre una futura reforma tributaria. No se ha dicho, con la claridad que es necesaria, si hay la intención de hacer más justo el sistema tributario. Solamente se ha dicho que no se proyecta aumentar impuestos a los sectores asalariados. Esto está muy lejos de ser justicia tributaria.
Para que cualquier reforma del sistema tributario sea justa, no sólo es necesario que quienes reciben las rentas mayores paguen más; también se requiere que a los asalariados se les aumenten las deducciones personales, cuyos montos actuales son irrisorias.
Durante la pasada campaña política se propuso exonerar los salarios hasta la suma de 700 balboas mensuales. Esta propuesta, que tiene un mérito relativo, aunque atractiva, es esencialmente injusta. La razón es que, por ser indiscriminada, da igual tratamiento a un contribuyente soltero que a quienes tienen mayores cargas familiares por estar casado y tener hijos.
El mecanismo correcto debe ser aumentar las deducciones personales, elevando los gastos de subsistencia a 2,000 balboas para personas solteras; a 4,000 balboas para personas casadas o unidas; y a 1,000 balboas la deducción por cada hijo.
Un proyecto en tal sentido, se lo remití tanto al ministro Juliao como a algunos de los asesores presidenciales, hace varios meses. Sigo pensando que esa es la mejor solución.
Si se quiere hacer verdadera justicia tributaria hay que revisar el sistema hacia arriba, pero también hacia abajo. A los asalariados no hay que prometerles que no se les aumentarán los impuestos, sino asegurarles que se les beneficiará con una reducción de los mismos.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América