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Justicialismo radical y democracia suprema


El vocablo "justicialismo", fue utilizado primigeniamente por el general y político argentino Juan Domingo Perón (1895-1952), quien exaltaba un nacionalismo progresista y, a la vez, respetaba el "Derecho Internacional de la Autodeterminación de los Pueblos". El justicialismo radical aboga por una economía natural, que incluiría el reservamiento de energía orgánicas, desechando todo trabajo atareado, oficinesco, burocrático y enajenante, y aceptando el trabajo-juego (no utópico), o sea el hacer y no hacer el mismo tiempo, con la tecnología, la innovación y la creatividad. Así desaparece todo vestigio del "homocus" (hombre-objeto). Con el desarrollo neto del "hombre-sujeto", patrocinamos en las masas y en el individuo, la inteligencia popular y el desarrollo integral del intelecto.
El justicialismo radical promueve la paz justiciera, dando génesis al bienestar individual y colectivo; la prosperidad progresiva y progresista, en pro de la satisfacción plena de las necesidades fundamentales como la salud, el trabajo, la alimentación, la vivienda, la educación y la libertad auténtica.
La genuina "democracia suprema" tiene su génesis en el postulado primordial de que constituye una forma o sistema de gobierno, en donde las masas populares aspiran a obtener garantías, derechos, libertades y necesidades, mediante el consentimiento de gobernantes que posean legítima sensibilidad social ante sus gobernados. La genuina democratización suprema o futura implica la igualdad de opciones y posibilidades, la asistencia social mutua, la solidaridad bien aplicada, la responsabilidad generalizada, una economía mixta (socio-política y cultural), más los valores de excelencia individual en la productividad multidimensional, el pluralismo ideológico y el respeto verdadero hacia toda idiosincrasia.
El futuro adversario, tanto del individuo como de la sociedad, sería indudablemente el advenedizo neoimperialismo bien organizado, antihumanista, falaz, y sectorizante propugnado por una tecnocracia burocrática, capitalista y monopolista. Esta tendencia que gesticula en pro de la globalización y anti-tercermundista, el neoliberalismo que beneficia a las oligarquías criollas, y del denominado "Nuevo Orden Mundial", es secundada por la Organización Mundial del Comercio (OMC). A esta nefasta predisposición mercantil y opresora, la apoyan tres fuerzas conspiradoras: el imperialismo yankee, el eterno colonialismo ultraconservador de los británicos y el sionismo israelí etnocentrista. Los yankees quieren ser los policías del mundo, los judíos los fiscales del orbe; y los británicos, los permanentes engreídos en el concierto de las naciones.
¡Abajo estas tres tendencias bárbaras, cretinas, malhechoras y retrógradas! Si estamos exponiendo la justicia y la democratización como baluartes del desarrollismo, es imprescindible mencionar a los verdaderos representantes revolucionarios de un socialismo libertario o democrático; estos líderes no prevén influencia ni del sionismo, ni de los magnates de la Santa Sede, ni del maquiavélico capitalismo monopolista, ni mucho menos de las artimañas de las influencias subterfugias del esoterismo oportunista y de las llamadas "sociedades secretas; estos auténticos socialistas y comunistas serían: Federico Engels, Pedro Kropotkin, Karl Kautsky (el renegado), Rosa Luxemburg, Mijail Bujarin, Kuo-mo-jo, Ernesto "Che" Guevara, Deng Xiao Ping, Daniel Guerín y Mijail Gorvachov (la perestroyka y el glasnot).

101 años de Panamá América

 
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