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Justificación del control sanitario


La globalización creciente y el levantamiento de las barreras proteccionistas impulsados por la Organización Mundial de Comercio (OMC) no pueden ser implementados en menoscabo de los controles sanitarios que salvaguardan la salud ciudadana de las distintas regiones y países.
Obviamente, hay que evitar el otro extremo, que implicaría convertir tales controles en pretextos para obstaculizar el libre comercio, tal cual ocurrió hace algunos años con la importación norteamericana de uva chilena supuestamente contaminada.
Por nuestra parte, hemos advertido en varias ocasiones del peligro de malinterpretar el convenio de adhesión de Panamá a la OMC en el sentido de exonerar de los controles sanitarios a productos de consumo humano procedentes de países con "altos estándares de calidad". El riesgo de importar plagas exógenas es siempre latente y el mismo se incrementa si se obvian o relajan las medidas de precaución.
El escándalo del arroz importado con hongos desde Estados Unidos llamó la atención de la sociedad panameña durante varias semanas, hasta que se explicó que el mismo no representaba peligro alguno para la salud humana.
Pero hay otros males presentes en las naciones desarrolladas que podríamos importar en productos contaminados que tan ávidamente introducen al país los importadores locales al amparo de la rebaja arancelaria decretada por el gobierno nacional en perjuicio de los productores locales.
El mal de las "vacas locas" que forzó el sacrificio de centenares de miles de cabezas de ganado vacuno en el Reino Unido fue acaso el hecho más notable. Después siguió la reciente decisión de sacrificar toda la existencia de aves de corral en Hong Kong tras comprobarse la extensión de la "fiebre avícola" que ya ha causado la muerte de seis personas.
A fines del año pasado, el gobierno norteamericano anunció un incremento presupuestario multimillonario para controlar la salmonella y otras bacterias en la carne de aves y cerdo, responsables de enfermedades y de la muerte de miles de sus ciudadanos.
Hace pocas semanas, la asociación de protección del consumidor anunció en Londres que virtualmente cada kilo de carne británica debería tratarse como si estuviera contaminada con salmonella y la bacteria E colli usualmente presente en las heces humanas. Ahora nos viene desde Alemania la noticia de la decisión de sacrificar 77 mil cerdos del estado de MacklenburgoPomerosania, la mayor región europea de producción del rubro, a un costo de nueve millones de dólares, a causa de la presencia de peste porcina ("epizortia").
No todo lo extranjero es bueno y sano. No debemos renunciar a la adopción de los adecuados controles sanitarios que protegen a nuestra población y a los productores nacionales.

101 años de Panamá América

 
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