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Juventud


Con las brisas del mes de marzo se siente el ambiente de primavera que, por cierto, este año su entrada coincide con la Semana Mayor, sube el telón del nuevo año escolar con toda la parafernalia usual. Los maternales, pre-infantiles, infantiles, primaria, secundaria y demás, abren sus puertas y comienza el hormigueo humano que siempre llevará el sello propio de cada año con sus tipicidades: Los niños que lloran, porque no quieren quedarse solos; los papas y mamas contentos unos, preocupados otros y medio tristes otros por dejar solos a sus queridos herederos. Es indescriptible por ese lado el paisaje humano.

Por otra parte, los que inician los estudios secundarios y los que continúan y finalizan sus años secundarios. Esa marejada de la juventud con todas sus interrogantes sobre cada uno de ellos, juventud de ambos sexos. Como lugar común repito con el poeta Rubén Darío, que con tristeza me imagino, soltó aquellos versos ""Juventud divino tesoro, te vas para no volver, cuando quiero llorar no lloro, y a veces lloro sin querer". Que sea un "tesoro" nunca lo van a entender los mismos jóvenes. Tesoro decimos nostálgicamente los que ya hace tiempo pasamos nuestra juventud, anclados en el arrabal de senectud. Cuando pensamos en los problemas que tiene el país tanto en lo nacional, transporte, Suntracs, corrupción, como en lo internacional, con los tambores de guerra en nuestros vecinos del Sur, uno se preocupa más y dice uno: ¿Qué le espera a esta juventud con los problemas de violencia, el narcotráfico, la subversión de los valores, la política y la politiquería, los malos ejemplos como el FECE, la entronización de reggaeceros que, algunos quizás, los tomarán como profetas modernos o nuevos ídolos, el dinero fácil, y tantas tentaciones de todo tipo. En suma, ¿qué le espera a ese "Tesoro" de nuestra juventud? Ojalá un Panamá mucho mejor que el que estamos viviendo hoy, sin drogas, sin injusticias. Son mis modestos deseos.

El Estado panameño, comparado con el resto de los países de Centroamérica, es el que más invierte en educación. Y por otro lado, nos pasamos todo el año lamentándonos de la calidad mediocre de la educación. ¿Qué ocurre? No se ve la inversión. La educación de nuestro futuro, la juventud, no depende sólo del Ministerio o del gobierno, depende y dependerá de lo que se aprenda en la familia, si hay familia. Y habrá familia si vivimos nuestras creencias cristianas.

101 años de Panamá América

 
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