Juventud y adolescencia
Qué responderías si te preguntara: ¿Cuál es tu opinión sobre la juventud de la actual generación? Tal vez tu respuesta, como la de la mayoría de los panameños, se resumiría en dos palabras: “Está perdida”. Y es que casi a diario hay una escena de violencia, inmoralidad, e irresponsabilidad en la que algún joven adolescente es protagonista, abriendo el compás para calificarlos a todos de ladrones, vagos, vulgares, ignorantes y hasta asesinos desalmados. Qué bien nos sentimos cuando nos desahogamos etiquetando así a niños, jóvenes y adolescentes de Panamá o del mundo. Lamentablemente, no reflexionamos que esa juventud era, o mejor dicho es, responsabilidad nuestra. Sus defectos son muestra de nuestros defectos, su irresponsabilidad, de la nuestra; y sin extenderme más, su falta de amor es muestra de nuestra propia falta de amor.
En más de 18 años de trabajar con jóvenes de alto riesgo, jamás he visto uno que no guarde en su corazón ese amor y deseo de ser amado que manifestará sólo a quienes ellos sienten que los aman. Jamás he tratado con un joven que, en la confianza de un buen amigo, no me haya comentado su deseo de cambiar para bien su vida, por estar asqueado de esa violencia a la que nosotros, con nuestra falta de solidaridad y fraternidad, lo hemos arrinconado. De vivirlos, casos como éstos harían brotar lágrimas de dolor a quienes critican y desprecian a estos jóvenes, estoy seguro.
¿En qué momento nosotros, los adultos de esta generación, nos olvidamos de los valores humanos más básicos que debimos transmitir y enseñar con el ejemplo a la juventud? Un niño o un adolescente que es amado sabrá amar. Si le ofrecemos educación, facilidades para desarrollarse plenamente, y le abrimos oportunidades dignas de trabajo, estaremos asegurando para nuestro país, “Buenos Cristianos, y honrados Ciudadanos”.
Me perturba ver en los planes de gobierno la apertura de más cárceles; no porque no sean necesarias ante el actual hacinamiento, sino por el temor de pensar que sean construidas para tener a donde recluir y terminar de destruir la vida a más jóvenes adolescentes.
Que Dios perdone nuestros pecados y nos dé sabiduría para revertir el daño que hemos causado a esta generación de niños, jóvenes y adolescente. Sepamos que en este Panamá, que es de todos, todos tenemos derecho a ser felices.