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Juventud y Centenario


Hay una idea muy simple: la vida de los hombres está sometida a cambios permanentes. Preguntémonos, ¿qué tanto ha podido variar la vida cotidiana de los panameños; es decir, nuestras actuaciones diarias a lo largo de estos cien años de República? ¿La juventud de hoy qué tanto ha transformado su comportamiento social respecto a los jóvenes de antaño?
Sería difícil, desde luego, saber cómo eran las emociones, la risa, la violencia, el bailes, la manera de enamorar de los muchachos de hacen 100 años. Se puede hacer algo de imaginación, pero hasta ahí. Menos difícil sería imaginar el modelo de juventud de los años más recientes. La principal razón se debe a que somos nosotros los que ahora estamos en la condición de adultos mayores, padres y madres; que miramos hacia atrás y pensamos que allá todo era lo mejor, y miramos la realidad presente y nos decimos: “las cosas no son como antes”.
Ciertamente, la juventud de hoy no es, necesariamente, la juventud de ayer. No se trata si es o no más inteligente; más capacitada. Se trata, más bien, de la forma en que una y otra interpretan su entorno y la manera como han reaccionado.
Desde luego, la cotidianidad -es decir, lo que se hace o deja de hacer en la vida diaria, entre una y otra juventud, ha venido variando en razón de que igualmente distinta es la sociedad en la que ellas se han desenvuelto. Panamá, en estos cien años, ha tenido cambios profundos; buenos unos, negativos otros.
En efecto, la sociedad de hoy es producto de la evolución de la sociedad de ayer; pero en ese tránsito los patrones de la vieja sociedad cambian en distintas direcciones debido a que aparecen nuevas formas de educación, la televisión, los celulares, la música electrizantes. En fin, aparecen nuevos valores, aunque también los antivalores. No hay duda que en los cien años de República hemos tenido muchas conquistas, muchos logros que deben motivar el orgullo nacional.
No dejamos de reconocer, sin embargo, que quedan serios retos para el próximo centenario que inaugura este año: si en esta centuria asistimos a un mundo poco solidario, indiferente, apático a las colectividades, individualista; son estos patrones contra los que habría que combatir si queremos garantizar la supervivencia de los panameños. En esa tarea, la juventud de hoy tiene un reto para los próximos cien años.
En el último censo de población se demuestra que la juventud, es decir aquella que no pasa de 35 años, constituye uno de los grupos más numerosos. Del total de los 2.8 millones de panameños, el 35% se ubica entre los 15 y 34 años y sólo el 11% están entre los 50 y 69 años. Ese hecho implica para el Estados una mayor responsabilidad en su política general en tanto no sólo han de atender las necesidades básicas (generar condiciones para el empleo) sino que debe financiar -cosa que se hace muy poco, otras actividades como son las deportivas y las culturales.
Pero, ¿qué ocurre si los mayores de edad, los que ocupamos los cargos públicos, no cumplimos con la obligación de atender a ese sector de la población y más bien le damos malos ejemplos? ¿No es acaso el modelo de país que tenemos el que define el modelo de juventud?
Desde una perspectiva realista, es preferible una juventud que proteste por las reivindicaciones que considera válidas en vez de estar robando; que opta por la organización frente a los problemas nacionales en vez de la drogadicción; que grita consignas -que es una expresión de los estudiantes durante estos cien años, en vez de tomar las armas como ha ocurrido en otros países. Es decir, que resulta más rentable a la nación un joven con conciencia, con una visión crítica de su realidad, que una juventud que -también por problemas sociales, se sumerja al vicio, en la indiferencia y en el “no me importa”.
En fin, en el tránsito de este centenario hacia otro necesitamos de nuestra juventud, la juventud panameña con elevado espíritu de la patria istmeña.

101 años de Panamá América

 
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