Juventud...¡divino tesoro!
¡Qué tiempos aquéllos en que se exclamaba que la juventud era el divino tesoro! Con qué tristeza, hoy anhelamos lo mismo para nuestros jóvenes.
¡Pobres jóvenes! Gracias a nosotros y a nosotras, como padres, ellos están al borde del abismo. ... ¡Porque no hemos sabido ser padres! ¿A cuántos de nosotros se nos ha enseñado a ser padres o madres? No lo hemos aprendido; sólo repetimos la historia, educamos como lo hicieron nuestros antepasados, con todos sus errores y maltratos, con una educación y disciplina con decisiones verticales donde sólo nosotros los padres teníamos la razón, el conocimiento y nos sobraban las virtudes, la castidad y la honestidad.
Eramos débiles o pocos "machos" si hacíamos gala de comprensión, de amor, de cariño y de calor de hogar. ¡Cómo cambian los tiempos!
Hoy, vemos cómo destruyen a nuestros hijos e hijas y no nos unimos para exigir un alto a tanta basura. Sólo permitimos que juzguemos a la juventud como lo peor de nuestra sociedad. Cuando nosotros somos lo peor.
Permitimos que cuando la vida comienza a abrirse ante ellos los atiborren del cáncer social que vive nuestra sociedad, producto de las bajas pasiones, que hacen del hombre un burdo animal, juguete de las circunstancias, en donde los antivalores, corrupción, vicio, egoísmo, ocio, maldad, iniquidad, se apoderan del alma de los hombres, conduciéndoles al despeñadero de la muerte social.
Y si esto no es así, qué me dicen de las tandas de películas pornográficas que a diario nos trasmiten por Canal 4, Canal 2 y Canal 13; de las páginas en los tabloides (prensa escrita) que "sólo van dirigidas a personas con criterio formado" pero que los ven todos los niños, niñas y jóvenes y que ya igualan a las revistas de "Play Boy"; de la propaganda que se repite muy a menudo especialmente en las horas pico de nuestras televisoras, cargadas de sexo, violencia, vicio y qué sólo inducen a la prostitución; de los programas en donde el chiste, se convierte en frases de doble sentido y de vulgaridad. Ya el profesionalismo de los humoristas no existe. Ahora, el mejor de los chistosos es cualquier vulgar y chabacano. Y los programas de televisión, en que a cada rato tienen que cortar las frases con un pito, por las palabras obscenas que pronuncian y en donde empujan a jovencitas a enseñar partes íntimas para darle más realce a tanto cerebro de aserrín, que los producen.
Y los padres, ¿qué? Y las iglesias, ¿qué? Y los profesores, ¿qué? ¿Dónde están? Los que tanto se jactan de hablar de armonía, de educación, de honestidad, de profesionalismo, de salud mental, de unidad familiar, etc, etc. Y las organizaciones no gubernamentales, los dueños de los medios de comunicación social y la gente buena de este país, ¿dónde están? Los ricos mercaderes de la explotación del hombre débil, se hacen más ricos y el silencio de la gente buena...se hace más cómplice.
"Es natural percibir la alegría transparente en el rostro de miles de jóvenes. Pero existe una lágrima furtiva y un rostro crispado en muchos de ellos, que la mayoría dejamos pasar inadvertido. Quienes generalmente logran percibir ese dolor de la juventud son los padres, educadores o analistas del comportamiento humano, mas no siempre logran suavizarlo. Cuando los jóvenes hablan de ese dolor o exteriorizan su angustia de manera agresiva, en tonos tiernos y con llanto, entonces comenzamos a entender que lo que ellos quieren no son tanto recetas ni respuestas, sino personas que los escuchen y los acompañen en su camino".
¡Pobres jóvenes! Gracias a nosotros y a nosotras, como padres, ellos están al borde del abismo. ... ¡Porque no hemos sabido ser padres! ¿A cuántos de nosotros se nos ha enseñado a ser padres o madres? No lo hemos aprendido; sólo repetimos la historia, educamos como lo hicieron nuestros antepasados, con todos sus errores y maltratos, con una educación y disciplina con decisiones verticales donde sólo nosotros los padres teníamos la razón, el conocimiento y nos sobraban las virtudes, la castidad y la honestidad.
Eramos débiles o pocos "machos" si hacíamos gala de comprensión, de amor, de cariño y de calor de hogar. ¡Cómo cambian los tiempos!
Hoy, vemos cómo destruyen a nuestros hijos e hijas y no nos unimos para exigir un alto a tanta basura. Sólo permitimos que juzguemos a la juventud como lo peor de nuestra sociedad. Cuando nosotros somos lo peor.
Permitimos que cuando la vida comienza a abrirse ante ellos los atiborren del cáncer social que vive nuestra sociedad, producto de las bajas pasiones, que hacen del hombre un burdo animal, juguete de las circunstancias, en donde los antivalores, corrupción, vicio, egoísmo, ocio, maldad, iniquidad, se apoderan del alma de los hombres, conduciéndoles al despeñadero de la muerte social.
Y si esto no es así, qué me dicen de las tandas de películas pornográficas que a diario nos trasmiten por Canal 4, Canal 2 y Canal 13; de las páginas en los tabloides (prensa escrita) que "sólo van dirigidas a personas con criterio formado" pero que los ven todos los niños, niñas y jóvenes y que ya igualan a las revistas de "Play Boy"; de la propaganda que se repite muy a menudo especialmente en las horas pico de nuestras televisoras, cargadas de sexo, violencia, vicio y qué sólo inducen a la prostitución; de los programas en donde el chiste, se convierte en frases de doble sentido y de vulgaridad. Ya el profesionalismo de los humoristas no existe. Ahora, el mejor de los chistosos es cualquier vulgar y chabacano. Y los programas de televisión, en que a cada rato tienen que cortar las frases con un pito, por las palabras obscenas que pronuncian y en donde empujan a jovencitas a enseñar partes íntimas para darle más realce a tanto cerebro de aserrín, que los producen.
Y los padres, ¿qué? Y las iglesias, ¿qué? Y los profesores, ¿qué? ¿Dónde están? Los que tanto se jactan de hablar de armonía, de educación, de honestidad, de profesionalismo, de salud mental, de unidad familiar, etc, etc. Y las organizaciones no gubernamentales, los dueños de los medios de comunicación social y la gente buena de este país, ¿dónde están? Los ricos mercaderes de la explotación del hombre débil, se hacen más ricos y el silencio de la gente buena...se hace más cómplice.
"Es natural percibir la alegría transparente en el rostro de miles de jóvenes. Pero existe una lágrima furtiva y un rostro crispado en muchos de ellos, que la mayoría dejamos pasar inadvertido. Quienes generalmente logran percibir ese dolor de la juventud son los padres, educadores o analistas del comportamiento humano, mas no siempre logran suavizarlo. Cuando los jóvenes hablan de ese dolor o exteriorizan su angustia de manera agresiva, en tonos tiernos y con llanto, entonces comenzamos a entender que lo que ellos quieren no son tanto recetas ni respuestas, sino personas que los escuchen y los acompañen en su camino".