Kerry, pise tierra
Suponiendo que el Partido Demócrata no es tomado por una cábala de Jane Fonda y Oliver Stone, todo indica que John Kerry -el hombre que nunca nos deja olvidar las medallas que ganó en Vietnam- va a ser el candidato demócrata a la presidencia.
El éxito de Kerry tiene bastante preocupada a la gente de la industria automotriz, quienes temen que de instrumentar una pequeña parte de lo que está prometiendo en sus discursos, la población de este país va a tener que cambiar sus automóviles por bicicletas. Ya el senador Kerry propuso formalmente en el Senado en 2002 aumentar el promedio de economía de combustible por empresa (CAFÉ, por sus siglas en inglés) del nivel actual de unas 24 millas por galón para autos y camiones livianos a 35 millas por galón, un aumento de 50% en 10 años. El plan fue rechazado por el Senado, pero sabemos que como presidente puede nombrar burócratas en el Departamento de Transporte que aumenten la norma a través de regulaciones.
Hoy, la norma para camiones ligeros, que incluye a las camionetas tipo Explorer, es 20.7 millas por galón, pero según la administración Bush va a ser aumentado a 22.2 millas por galón a en los modelos 2005 a 2007. La norma para los autos seguirá siendo 27.5 millas por galón.
Kerry ha sido un abanderado de políticas energéticas radicales. Y a menudo repite su intención de liberarnos de la dependencia del petróleo del Medio Oriente, pero el problema es que al mismo tiempo los políticos rechazan perforar en busca de petróleo en Alaska y en las costas, mientras insisten en una radical y absurda rebaja del consumo por milla de los vehículos. Claro que a todos nos fascinaría ver los más de 250 millones de vehículos en EU impulsados por magia, sin contaminación ni mayor costo. Pero la realidad es otra. Una norma del tipo anunciada por los demócratas eliminaría del mercado a millones de camiones ligeros, camionetas y autos de lujo. Estos serían reemplazados por livianos y endebles vehículos que no sólo serían mucho más peligrosos sino también incapaces de cargar el peso requerido por pequeños comerciantes y las familias. Con su menor tamaño y peso serían considerablemente más peligrosos en caso de choques y accidentes. Pero los políticos como Kerry prefieren ignorar tales hechos y dan a entender que los magnates de la industria automotriz mantienen el alto consumo de los vehículos por flojera de hacer algo, por especuladores y por estar conspirando con los petroleros. Eso es una estupidez.
Los híbridos y los vehículos que utilizan combustibles alternos provocan mucha habladuría, pero para los ingenieros y técnicos del mundo real siguen siendo conceptos interesantes al margen de la realidad práctica actual. Puede que los veamos algún día, pero en el futuro predecible no tenemos otra alternativa que seguir mejorando parcialmente la eficiencia de una máquina que rehúsa morir: el motor de combustión interna de gasolina.
En noviembre de 1960, 22 meses después que la Santa Misión, de los jesuitas, llegó a Armuelles, proclamando justicia y espantando los demonios, estalló la gran huelga, que creó el Sindicato, el cual existió hasta el año pasado y del que José Morris Quintero, fue su último secretario general.
Por fortuna, en 1960 el presidente de Panamá era Roberto F. Chiari, quien actuó con la verticalidad que reafirmaría cuatro años después. Esta organización fue valiente y organizada, logrando negociar convenientes convenciones colectivas y trasladando sus conquistas a la legislación laboral, para beneficio de los trabajadores panameños.
Cambió de dueños la empresa, cambio el mundo, cambio el país y la manera de hacer negocios, cambio la gente y cambiaron los mercados y las rutas. La debacle llegó aumentada por malos dirigentes, el encono ancestral de la empresa y gobernantes sin visión ni piedad.
Hoy se viven las convulsiones de un cuerpo que muda de piel, que se exorciza, que tiene que regurgitar, hasta sanarse y volver a caminar por nuevos senderos.
Al obrero de las bananeras hay que apoyarlo, hay que orientarlo a comprender las nuevas posibilidades y superar los traumas y confusiones de una larga y soterrada guerra del fin del mundo.
El éxito de Kerry tiene bastante preocupada a la gente de la industria automotriz, quienes temen que de instrumentar una pequeña parte de lo que está prometiendo en sus discursos, la población de este país va a tener que cambiar sus automóviles por bicicletas. Ya el senador Kerry propuso formalmente en el Senado en 2002 aumentar el promedio de economía de combustible por empresa (CAFÉ, por sus siglas en inglés) del nivel actual de unas 24 millas por galón para autos y camiones livianos a 35 millas por galón, un aumento de 50% en 10 años. El plan fue rechazado por el Senado, pero sabemos que como presidente puede nombrar burócratas en el Departamento de Transporte que aumenten la norma a través de regulaciones.
Hoy, la norma para camiones ligeros, que incluye a las camionetas tipo Explorer, es 20.7 millas por galón, pero según la administración Bush va a ser aumentado a 22.2 millas por galón a en los modelos 2005 a 2007. La norma para los autos seguirá siendo 27.5 millas por galón.
Kerry ha sido un abanderado de políticas energéticas radicales. Y a menudo repite su intención de liberarnos de la dependencia del petróleo del Medio Oriente, pero el problema es que al mismo tiempo los políticos rechazan perforar en busca de petróleo en Alaska y en las costas, mientras insisten en una radical y absurda rebaja del consumo por milla de los vehículos. Claro que a todos nos fascinaría ver los más de 250 millones de vehículos en EU impulsados por magia, sin contaminación ni mayor costo. Pero la realidad es otra. Una norma del tipo anunciada por los demócratas eliminaría del mercado a millones de camiones ligeros, camionetas y autos de lujo. Estos serían reemplazados por livianos y endebles vehículos que no sólo serían mucho más peligrosos sino también incapaces de cargar el peso requerido por pequeños comerciantes y las familias. Con su menor tamaño y peso serían considerablemente más peligrosos en caso de choques y accidentes. Pero los políticos como Kerry prefieren ignorar tales hechos y dan a entender que los magnates de la industria automotriz mantienen el alto consumo de los vehículos por flojera de hacer algo, por especuladores y por estar conspirando con los petroleros. Eso es una estupidez.
Los híbridos y los vehículos que utilizan combustibles alternos provocan mucha habladuría, pero para los ingenieros y técnicos del mundo real siguen siendo conceptos interesantes al margen de la realidad práctica actual. Puede que los veamos algún día, pero en el futuro predecible no tenemos otra alternativa que seguir mejorando parcialmente la eficiencia de una máquina que rehúsa morir: el motor de combustión interna de gasolina.
En noviembre de 1960, 22 meses después que la Santa Misión, de los jesuitas, llegó a Armuelles, proclamando justicia y espantando los demonios, estalló la gran huelga, que creó el Sindicato, el cual existió hasta el año pasado y del que José Morris Quintero, fue su último secretario general.
Por fortuna, en 1960 el presidente de Panamá era Roberto F. Chiari, quien actuó con la verticalidad que reafirmaría cuatro años después. Esta organización fue valiente y organizada, logrando negociar convenientes convenciones colectivas y trasladando sus conquistas a la legislación laboral, para beneficio de los trabajadores panameños.
Cambió de dueños la empresa, cambio el mundo, cambio el país y la manera de hacer negocios, cambio la gente y cambiaron los mercados y las rutas. La debacle llegó aumentada por malos dirigentes, el encono ancestral de la empresa y gobernantes sin visión ni piedad.
Hoy se viven las convulsiones de un cuerpo que muda de piel, que se exorciza, que tiene que regurgitar, hasta sanarse y volver a caminar por nuevos senderos.
Al obrero de las bananeras hay que apoyarlo, hay que orientarlo a comprender las nuevas posibilidades y superar los traumas y confusiones de una larga y soterrada guerra del fin del mundo.