Kosovo: ¿un callejón sin salida?
Los bombardeos de la OTAN a Serbia no están obteniendo los resultados que se esperaban. La situación ha tomado un giro inesperado y ha fortalecido a los serbios que se han desbocado contra los indefensos pobladores kosovares. La limpieza étnica está en pleno apogeo y se ha provocado un éxodo masivo.
Slobodan Milosevic se ha aprovechado indirectamente de los ataques de la OTAN. Estos ataques han unificado a la población serbia, el nacionalismo se está exaltando y las tropas serbias no demuestran temor a los bombardeos. En fin, un pueblo unido y con una gran tradición guerrera es un hueso duro de roer.
Analistas políticos europeos indican que los bombardeos de la OTAN contra los serbios, era una rutinaria técnica de ablandamiento para después penetrar a Kosovo y enfrentar a las tropas serbias. La realidad golpeó a todos. El propio presidente Bill Clinton y mucho antes el comandante de la OTAN, Wesley Clark, informaron que no tenían dentro de sus planes, enviar tropas terrestres a la región. Esto se reafirmó el lunes 5, cuando el Secretario Norteamericano de Defensa, William Cohen, declaró en una entrevista televisada que "por el momento se descartaba una operación terrestre en los Balcanes".
Mientras tanto, la opinión pública internacional no se ha hecho esperar. En Europa los primeros niveles de aceptación de la intervención de la OTAN en Kosovo fue aplaudida, pero la situación ha cambiado. Se afirma que el solo bombardeo a Serbia es inútil, ya que las fuertes tropas de Milosevic están haciendo a sus anchas, masacrando civiles con más saña y sin el más mínimo rastro de compasión hacia la población kosovar. Se añade también que la intervención de la OTAN no tiene como objetivo que se conceda el derecho de autodeterminación para Kosovo y que la ausencia de tropas terrestres es indicio de que no existe voluntad por parte de los Estados Unidos y sus aliados de desplazar del poder al actual gobierno serbio. Lo que más se pretende, es que Belgrado firme el acuerdo de Rambouillet mediante el cual se obligó a los representantes albano-kosovares a renunciar a su pretensión de un referéndum de autodeterminación, a disolver la guerrilla del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) y aceptar un estatuto de autonomía que degenera con el tiempo, hacia la centralización de la región bajo la supeditación del gobierno de Belgrado.
La opinión pública en el nuevo continente también se ha parcializado enormemente. Las protestas no se han hecho esperar a raíz de la captura de tres soldados norteamericanos que aparecieron golpeados en la televisión serbia, afectando psicológicamente a los norteamericanos. El fantasma de la guerra en Vietnam ya casi desaparecido de las mentes de sus ciudadanos, vuelve a aparecer y está creando psicosis aunado al derribo de un avión F-117 sigiloso.
Milosevic mientras tanto se ha vuelto un líder y los serbios se creen las víctimas de los bombardeos y han cerrado filas. La OTAN seguirá bombardeando sus objetivos y las masacres por parte de los serbios seguirá hasta que toda la región de Kosovo quede deshabitada y bajo su total control.
Slobodan Milosevic se ha aprovechado indirectamente de los ataques de la OTAN. Estos ataques han unificado a la población serbia, el nacionalismo se está exaltando y las tropas serbias no demuestran temor a los bombardeos. En fin, un pueblo unido y con una gran tradición guerrera es un hueso duro de roer.
Analistas políticos europeos indican que los bombardeos de la OTAN contra los serbios, era una rutinaria técnica de ablandamiento para después penetrar a Kosovo y enfrentar a las tropas serbias. La realidad golpeó a todos. El propio presidente Bill Clinton y mucho antes el comandante de la OTAN, Wesley Clark, informaron que no tenían dentro de sus planes, enviar tropas terrestres a la región. Esto se reafirmó el lunes 5, cuando el Secretario Norteamericano de Defensa, William Cohen, declaró en una entrevista televisada que "por el momento se descartaba una operación terrestre en los Balcanes".
Mientras tanto, la opinión pública internacional no se ha hecho esperar. En Europa los primeros niveles de aceptación de la intervención de la OTAN en Kosovo fue aplaudida, pero la situación ha cambiado. Se afirma que el solo bombardeo a Serbia es inútil, ya que las fuertes tropas de Milosevic están haciendo a sus anchas, masacrando civiles con más saña y sin el más mínimo rastro de compasión hacia la población kosovar. Se añade también que la intervención de la OTAN no tiene como objetivo que se conceda el derecho de autodeterminación para Kosovo y que la ausencia de tropas terrestres es indicio de que no existe voluntad por parte de los Estados Unidos y sus aliados de desplazar del poder al actual gobierno serbio. Lo que más se pretende, es que Belgrado firme el acuerdo de Rambouillet mediante el cual se obligó a los representantes albano-kosovares a renunciar a su pretensión de un referéndum de autodeterminación, a disolver la guerrilla del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) y aceptar un estatuto de autonomía que degenera con el tiempo, hacia la centralización de la región bajo la supeditación del gobierno de Belgrado.
La opinión pública en el nuevo continente también se ha parcializado enormemente. Las protestas no se han hecho esperar a raíz de la captura de tres soldados norteamericanos que aparecieron golpeados en la televisión serbia, afectando psicológicamente a los norteamericanos. El fantasma de la guerra en Vietnam ya casi desaparecido de las mentes de sus ciudadanos, vuelve a aparecer y está creando psicosis aunado al derribo de un avión F-117 sigiloso.
Milosevic mientras tanto se ha vuelto un líder y los serbios se creen las víctimas de los bombardeos y han cerrado filas. La OTAN seguirá bombardeando sus objetivos y las masacres por parte de los serbios seguirá hasta que toda la región de Kosovo quede deshabitada y bajo su total control.