Krichner: Duhalde con otro nombre
Como dijo un legendario aristócrata italiano, El Gatopardo, todo ha cambiado para no cambiar. Argentina se inserta en el contexto de la frase célebre del novelista italiano Giovanni di Lampedussa. El resultado electoral confirma que el país del Plata sigue girando en la misma noria de contiendas caudillistas peronistas entre un Menem que desertó de la segunda vuelta para eludir una catástrofe política y un Duhalde que seguirá gobernando a través de su discípulo justicialista, presidente electo Néstor Kirchner, aplicando fórmulas monetarias como el detestado "corralito".
Kirchner tiene una pequeña experiencia política circunscrita a la provincia patagónica de San Juan. Todo indica que el bisoño político justicialista se recostará en asesores económicos como el ministro de economía Roberto Lavagna. Kirchner tiene hasta ahora el beneficio de la duda. Sin embargo, sus primeras declaraciones post- electorales reflejan que tratará de continuar la línea Duhalde, es decir forcejeará con las empresas públicas hoy privatizadas para que las tarifas de servicios básicos no sean espejo de la realidad económica sino una transacción más bien de tipo político, para evitar la acción de lobbies como las Madres de Mayo.
Sin embargo, los expertos en asuntos argentinos estiman que si los asesores de Kirchner logran mantener la paridad del dólar a tres pesos en forma estable, evitará una recaída de la espiral inflacionaria y no entrará en confrontaciones con el Fondo Monetario Internacional, como sus predecesores.
En lo ideológico, los antecedentes informan que Kirchner se mueve en un justicialismo (peronismo) de centroizquierda con toques sindicalistas, antagónico al máximo del neoliberalismo privatizador de Menem. Si se observa con objetividad los procedimientos de gobernantes de países sudamericanos, no deberían alarmar sus invitaciones a Fidel Castro y a los ultras brasileños que rodean a Lula, aunque éste parece no hacerles mucho caso. Pasó el tiempo en que el expresidente Arturo Frondizi, radical, fue depuesto por invitar al Che Guevara a la Casa Rosada, después que el guerrillero declaró la ruptura definitiva de la economía de mercado en la famosa reunión de Punta del Este, en Uruguay.
Kirchner tiene un modelo a la mano en su amigo y colega Lula, quien se está comportando en lo económico con una moderación y realismo que se aplaude hasta en Wall Street. La esperanza de los argentinos no se ha devaluado al ritmo vertiginoso del peso, pero los porteños dicen que prefieren ver las acciones antes que los dichos.
Afirma en su escritos, y concordamos con él, que "lo que Panamá debe poner es la mayor distancia posible entre nosotros y el conflicto colombiano", agregando que "para lograrlo se relocalizaría los paupérrimos caseríos de la vecindad cuidando de mejorar la calidad de vida de sus habitantes y agrupándolos en comunidades funcionales y productivas. Finalmente dejaríamos que nuestro voraz bosque tropical reclame y recubra con su verde manto, todo lo que en un mal momento le fue robado. El costo de todo esto sería irrisorio comparado con lo que costaría la carrera armamentista que se está proponiendo", dice entre otros argumentos interesantes, expuestos en sus artículos.
Kirchner tiene una pequeña experiencia política circunscrita a la provincia patagónica de San Juan. Todo indica que el bisoño político justicialista se recostará en asesores económicos como el ministro de economía Roberto Lavagna. Kirchner tiene hasta ahora el beneficio de la duda. Sin embargo, sus primeras declaraciones post- electorales reflejan que tratará de continuar la línea Duhalde, es decir forcejeará con las empresas públicas hoy privatizadas para que las tarifas de servicios básicos no sean espejo de la realidad económica sino una transacción más bien de tipo político, para evitar la acción de lobbies como las Madres de Mayo.
Sin embargo, los expertos en asuntos argentinos estiman que si los asesores de Kirchner logran mantener la paridad del dólar a tres pesos en forma estable, evitará una recaída de la espiral inflacionaria y no entrará en confrontaciones con el Fondo Monetario Internacional, como sus predecesores.
En lo ideológico, los antecedentes informan que Kirchner se mueve en un justicialismo (peronismo) de centroizquierda con toques sindicalistas, antagónico al máximo del neoliberalismo privatizador de Menem. Si se observa con objetividad los procedimientos de gobernantes de países sudamericanos, no deberían alarmar sus invitaciones a Fidel Castro y a los ultras brasileños que rodean a Lula, aunque éste parece no hacerles mucho caso. Pasó el tiempo en que el expresidente Arturo Frondizi, radical, fue depuesto por invitar al Che Guevara a la Casa Rosada, después que el guerrillero declaró la ruptura definitiva de la economía de mercado en la famosa reunión de Punta del Este, en Uruguay.
Kirchner tiene un modelo a la mano en su amigo y colega Lula, quien se está comportando en lo económico con una moderación y realismo que se aplaude hasta en Wall Street. La esperanza de los argentinos no se ha devaluado al ritmo vertiginoso del peso, pero los porteños dicen que prefieren ver las acciones antes que los dichos.
Afirma en su escritos, y concordamos con él, que "lo que Panamá debe poner es la mayor distancia posible entre nosotros y el conflicto colombiano", agregando que "para lograrlo se relocalizaría los paupérrimos caseríos de la vecindad cuidando de mejorar la calidad de vida de sus habitantes y agrupándolos en comunidades funcionales y productivas. Finalmente dejaríamos que nuestro voraz bosque tropical reclame y recubra con su verde manto, todo lo que en un mal momento le fue robado. El costo de todo esto sería irrisorio comparado con lo que costaría la carrera armamentista que se está proponiendo", dice entre otros argumentos interesantes, expuestos en sus artículos.