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¡La abundancia vergonzante!


Cuando se gobierna en nepotismo, con las amigas y amigos íntimos, los favoritos, los serviles, generalmente mediocres y ambiciosos, el gobierno del Estado entonces degenera en desgobierno, y los pocos beneficiados disfrutan exageradamente de una especie de "abundancia vergonzante". Se instituye así, sencillamente, entre los pocos afortunados que desgobiernan, la doctrina del placer, el derroche y el gozo desmesurado, que resulta ser más frecuente en personas mediocres e incapaces con inclinaciones egoístas. Y es esto, precisamente, lo que caracteriza y distingue al desgobierno mireyista.
A propósito del placer, éste puede surgir de muchas fuentes. Puede producirse por la satisfacción de las necesidades vitales o a consecuencia del sentimiento agradable experimentado después de haber logrado algo mediante un esfuerzo. "La satisfacción del deber cumplido" (por ejemplo), no es una frase banal. Cuando el deber exige un gran esfuerzo de la voluntad, su cumplimiento produce una enorme satisfacción. Pero lo que se obtiene fácilmente y sin trabajo ("durodólares"), puede producir placer momentáneo, mas no origina un gran placer a largo plazo. ¡Es algo sin valor!
No debemos tomar, pues, el concepto del placer en el sentido puramente físico y material, como resultado de la satisfacción de las necesidades biológicas básicas y la oportunidad de figuración social de momento que facilita "la abundancia vergonzante" que proporciona un desgobierno a favor de unos pocos, negando la posibilidad de subsistencia a la gran mayoría de la población desocupada, hambrienta, enferma y desesperanzada de nuestro Panamá. Al parecer, para estas pocas familias favorecidas por el régimen mireyista, desde hace cuatro largos años, sólo es aceptable la doctrina del hedonismo, es decir, todo aquello que incluye un carácter placentero, sin importarles un bledo con los demás.
La jefa del Ejecutivo y su corte de amigas y amigos favorecidos oficialmente, desconocen que esa doctrina (hedonismo) enfoca solamente un aspecto de la vida. Por eso tal vez ignoran que existen actitudes que no pueden explicarse únicamente por razones biológicas y de índole materialista, y que hay motivaciones mucho más fuertes que designamos con el término de valores. Los valores son múltiples: pueden constituir en actos, en cosas, en fenómenos morales, estéticos, religiosos o sociales; pero lo importante es que obran en la vida como estímulos y determinan la conducta humana.
Tampoco podemos aceptar el utilitarismo, en cualquiera de sus formas, que estipula que todo acto que nos proporciona un placer, nos aporta un momento de felicidad o nos da una utilidad, resulta moralmente bueno. ¡No, de ninguna manera!, porque ello funciona contra el bien común.
Citemos un ejemplo para ilustrar lo dicho: para la presidenta Moscoso y su comitiva de más de 130 invitados, el viaje a Mónaco resultó placentero, útil y provechoso para el país (desestimando el costo millonario que ocasionó al erario público), pero para el pueblo panameño que es quien paga esos caprichos improductivos, el viaje a Mónaco ha sido calificado de irresponsable, por el derroche sin par y por la falta de sensibilidad social para con esta sociedad panameña tan necesitada, pero tan inmensamente noble.
Definitivamente, este desgobierno mireyista, ha desconocido, a lo largo de cuatro años en el poder, las cuatro virtudes cardinales: Prudencia, templanza, coraje y justicia, que para los socráticos ya eran formas diversas de una misma virtud: la sabiduría. Y es precisamente lo que le ha faltado al desgobierno de la señora Moscoso: ¡Sabiduría!.
Pero lo cierto es que los panameños y panameñas hemos aprendido una amarga lección durante este nefasto régimen mireyista, que nos hará reflexionar sin duda: ¡Los privilegios, las canonjías, las prebendas, el nepotismo y la corrupción generalizada de que disfrutan sólo unas cuantas familias, han pulverizado la patria! Hemos vivido un período presidencial (1999-2004) huérfanos de justicia. Y es por falta de justicia que Panamá se ha convertido en confabulaciones de favoritos (inclusive extranjeros) y de charlatanes, dispuestos a lucrar de la patria, pero incapaces de honrarla con obras dignas.

101 años de Panamá América

 
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