La Administración del cambio
El Gobierno Nacional ha expresado en innumerables ocasiones su preocupación por el estado de crisis que atraviesa el sistema educativo, y anunciado su compromiso por tomar acciones para resolverlo. Tanto el Ministro de Educación como el propio Presidente de la República aparecen frecuentemente haciendo declaraciones públicas sobre la justificación para emprender un programa de cambios que permitan mejorar la calidad de la educación.
En ese sentido durante esta administración se han contratado préstamos millonarios para implementar una reforma curricular, comprar recursos didácticos, trabajar en el desarrollo profesional de docentes y directores y evaluar el sistema educativo. Este dinero unido a los fondos incluidos en el Presupuesto de Educación constituye la cifra más elevada de recursos económicos dedicados jamás a la educación de los panameños.
Así mismo se ha trabajado en la aprobación de cambios que produjeron una nueva Ley Orgánica de Educación, extendieron el calendario escolar y crearon las Juntas Educativas generando un conflicto con grupos de educadores opuestos que mantuvieron paralizadas las escuelas perjudicando a los padres de familia y poniendo en peligro la terminación del año académico.
Sin embargo, todo este elevado costo económico y político asociado al cambio necesario para modernizar la educación podría perderse si junto a los esfuerzos no se producen también cambios importantes en el manejo administrativo del Ministerio. De nada vale dedicar tiempo y dinero a la preparación de los educadores si el programa de formación docente carece de la organización necesaria para garantizar resultados; o comprar equipo didáctico si este no va acompañado de un programa de mantenimiento que asegure su permanencia; o descentralizar el nombramiento de los educadores si los nuevos organismos encargados de la tarea no están listos a tiempo para desarrollar su trabajo.
Una gran debilidad que siempre ha mostrado el Ministerio de Educación en su manejo es que a pesar de la gran cantidad de personal administrativo que incluye su planilla, no se tiene la capacidad para aprovechar sus grandes recursos de manera eficiente y se malgasta una gran cantidad de tiempo y de dinero. Si no se adoptan los correctivos a tiempo, esta vez el pueblo panameño podría estar perdiendo grandes sumas de dinero y de esfuerzo en una modernización que terminaría enredada en los entretelones de una complicada e ineficaz burocracia administrativa.
En ese sentido durante esta administración se han contratado préstamos millonarios para implementar una reforma curricular, comprar recursos didácticos, trabajar en el desarrollo profesional de docentes y directores y evaluar el sistema educativo. Este dinero unido a los fondos incluidos en el Presupuesto de Educación constituye la cifra más elevada de recursos económicos dedicados jamás a la educación de los panameños.
Así mismo se ha trabajado en la aprobación de cambios que produjeron una nueva Ley Orgánica de Educación, extendieron el calendario escolar y crearon las Juntas Educativas generando un conflicto con grupos de educadores opuestos que mantuvieron paralizadas las escuelas perjudicando a los padres de familia y poniendo en peligro la terminación del año académico.
Sin embargo, todo este elevado costo económico y político asociado al cambio necesario para modernizar la educación podría perderse si junto a los esfuerzos no se producen también cambios importantes en el manejo administrativo del Ministerio. De nada vale dedicar tiempo y dinero a la preparación de los educadores si el programa de formación docente carece de la organización necesaria para garantizar resultados; o comprar equipo didáctico si este no va acompañado de un programa de mantenimiento que asegure su permanencia; o descentralizar el nombramiento de los educadores si los nuevos organismos encargados de la tarea no están listos a tiempo para desarrollar su trabajo.
Una gran debilidad que siempre ha mostrado el Ministerio de Educación en su manejo es que a pesar de la gran cantidad de personal administrativo que incluye su planilla, no se tiene la capacidad para aprovechar sus grandes recursos de manera eficiente y se malgasta una gran cantidad de tiempo y de dinero. Si no se adoptan los correctivos a tiempo, esta vez el pueblo panameño podría estar perdiendo grandes sumas de dinero y de esfuerzo en una modernización que terminaría enredada en los entretelones de una complicada e ineficaz burocracia administrativa.