La advertencia de Otto Reich al empresariado
En medio de serias advertencias de que las visas de los corruptos y sus familiares, para entrar a Estados Unidos, serían revocadas, y sus dineros devueltos a sus países, el alto empresariado panameños, pasó por alto un detalle mucho más serio, y es el peligro que se cierne sobre la democracia de nuestras naciones y sobre la clase de país en que vivimos, si no existe un firme compromiso con un modelo de crecimiento económico con justicia social.
Enemigo de abstracciones filosófica y eminentemente pragmático, Reich, quien es republicano de extrema derecha a ultranza, explica su aserto con ejemplos de actualidad. En naciones democráticas cuyos gobernantes salen usualmente del entorno empresarial, en las que jamás se soñó que era posible que sobreviniera una fractura del sistema económico, social y político, vieron de pronto desintegrar la situación de sus naciones y su estilo de vida. Citó específicamente los casos de Cuba y Venezuela, sin mencionar las tribulaciones sufridas por Perú, Paraguay, Bolivia y Argentina.
Si se sigue trabajando conforme a un sistema en que los empresarios no se sensibilizan con la problemática social de los más pobres, y dan su contribución inteligente y generosa para su mitigación y solución, un día de éstos, amanecerá un demagogo cualquiera que barrerá con todos los cimientos institucionales.
El nombre de Hugo Chávez, sin ser mencionado, flotaba en el ambiente. Nosotros agregamos el de Evo Morales, en Bolivia, y de otros atrevidos líderes nacidos de las entrañas de las masas inconformes e irredentas, dispuestas a morir en las calles para ponerlo todo de cabeza.
Sensibilizarse socialmente es ser inteligente. Por el contrario, encerrarse tras los muros y paredes de mansiones y vidrios oscuros de carros lujosos es estúpido, si se quiere vivir en paz en este país. No pagar lo justo a los trabajadores, esquilmarles sus prestaciones, cargar a los bienes y servicios costos de corrupción o incurrir en ella, mantenerlos a precio irrazonable, empujarlos a la miseria para favorecer a pocos, recargarlos de impuestos y costos burocráticos, abusar de la ley para aplastarlos, negarles el precio justo por sus productos, abusar de incentivos en perjuicio del productor local, cerrarles las oportunidades de educarse y crecer, etc., conspira contra los intereses empresariales, la estabilidad social, la seguridad personal y económicas, y más que todo, en el futuro de sus aspiraciones.
Un buen empresario no sólo debe aprender a crecer, ganar más y ser más eficiente, sino también a jugar limpio, ser justo y ser leal.
No es cuestión de ser o no buen samaritano. Es ser egoísta, pero un egoísta sabio, que comparte lo justo de su propia prosperidad porque a la corta o a la larga le conviene a él y a sus hijos. Ser justo socialmente, si se quiere, es un buen negocio.
Cuando una persona se desprende voluntariamente de un pedazo de pan que le pertenece y lo da a otro, podemos hablar de un acto moral. Pero cuando el Estado por medio de la fuerza le quita a Juan su pedazo de pan para dárselo a Pedro, con la excusa de que Pedro lo necesita con más urgencia, ya no podemos hablar de un acto moral. Juan no ha "donado" su pan a Pedro. Juan ha sido despojado de su pan en contra de su voluntad. ¿Cómo podemos hablar de solidaridad cuando a uno le han robado de esta manera?
Ahora que tan de moda está el tema de una nueva Constitución para Panamá, lo que debemos exigir a los políticos es que dejen de atribuirse la potestad de disponer de nuestros bienes, trabajo y derechos como si fueran de ellos.
Porque es así, lectores. Los políticos redistribuyen y hacen dádivas con el dinero y el esfuerzo de otros. Ellos ni siquiera tienen la decencia de regalar su propio dinero, pero se presentan como héroes cuando despojan a unos en beneficio de otros.
Ya es tiempo que les digamos a los políticos que nos dejen trabajar y producir en paz, y disfrutar del fruto de nuestro esfuerzo personal.
Mucho daño ellos nos han hecho ya con su demagogia populista. Es hora que nos sea reconocido nuestro derecho a ayudarnos los unos a los otros en plena autonomía de la voluntad, y no por decreto del César.
Enemigo de abstracciones filosófica y eminentemente pragmático, Reich, quien es republicano de extrema derecha a ultranza, explica su aserto con ejemplos de actualidad. En naciones democráticas cuyos gobernantes salen usualmente del entorno empresarial, en las que jamás se soñó que era posible que sobreviniera una fractura del sistema económico, social y político, vieron de pronto desintegrar la situación de sus naciones y su estilo de vida. Citó específicamente los casos de Cuba y Venezuela, sin mencionar las tribulaciones sufridas por Perú, Paraguay, Bolivia y Argentina.
Si se sigue trabajando conforme a un sistema en que los empresarios no se sensibilizan con la problemática social de los más pobres, y dan su contribución inteligente y generosa para su mitigación y solución, un día de éstos, amanecerá un demagogo cualquiera que barrerá con todos los cimientos institucionales.
El nombre de Hugo Chávez, sin ser mencionado, flotaba en el ambiente. Nosotros agregamos el de Evo Morales, en Bolivia, y de otros atrevidos líderes nacidos de las entrañas de las masas inconformes e irredentas, dispuestas a morir en las calles para ponerlo todo de cabeza.
Sensibilizarse socialmente es ser inteligente. Por el contrario, encerrarse tras los muros y paredes de mansiones y vidrios oscuros de carros lujosos es estúpido, si se quiere vivir en paz en este país. No pagar lo justo a los trabajadores, esquilmarles sus prestaciones, cargar a los bienes y servicios costos de corrupción o incurrir en ella, mantenerlos a precio irrazonable, empujarlos a la miseria para favorecer a pocos, recargarlos de impuestos y costos burocráticos, abusar de la ley para aplastarlos, negarles el precio justo por sus productos, abusar de incentivos en perjuicio del productor local, cerrarles las oportunidades de educarse y crecer, etc., conspira contra los intereses empresariales, la estabilidad social, la seguridad personal y económicas, y más que todo, en el futuro de sus aspiraciones.
Un buen empresario no sólo debe aprender a crecer, ganar más y ser más eficiente, sino también a jugar limpio, ser justo y ser leal.
No es cuestión de ser o no buen samaritano. Es ser egoísta, pero un egoísta sabio, que comparte lo justo de su propia prosperidad porque a la corta o a la larga le conviene a él y a sus hijos. Ser justo socialmente, si se quiere, es un buen negocio.
Cuando una persona se desprende voluntariamente de un pedazo de pan que le pertenece y lo da a otro, podemos hablar de un acto moral. Pero cuando el Estado por medio de la fuerza le quita a Juan su pedazo de pan para dárselo a Pedro, con la excusa de que Pedro lo necesita con más urgencia, ya no podemos hablar de un acto moral. Juan no ha "donado" su pan a Pedro. Juan ha sido despojado de su pan en contra de su voluntad. ¿Cómo podemos hablar de solidaridad cuando a uno le han robado de esta manera?
Ahora que tan de moda está el tema de una nueva Constitución para Panamá, lo que debemos exigir a los políticos es que dejen de atribuirse la potestad de disponer de nuestros bienes, trabajo y derechos como si fueran de ellos.
Porque es así, lectores. Los políticos redistribuyen y hacen dádivas con el dinero y el esfuerzo de otros. Ellos ni siquiera tienen la decencia de regalar su propio dinero, pero se presentan como héroes cuando despojan a unos en beneficio de otros.
Ya es tiempo que les digamos a los políticos que nos dejen trabajar y producir en paz, y disfrutar del fruto de nuestro esfuerzo personal.
Mucho daño ellos nos han hecho ya con su demagogia populista. Es hora que nos sea reconocido nuestro derecho a ayudarnos los unos a los otros en plena autonomía de la voluntad, y no por decreto del César.