La agonía sin fin de la educación en Panamá
La semana pasada, un profesional que trabaja en el área de genética de un hospital en Vancouver, Canadá, me comentaba que tenía que ir el domingo al laboratorio para enseñar la técnica de extracción de ADN a tres niños de quinto grado, ya que estaban participando en un concurso de Ciencias entre las escuelas públicas de Vancouver. Lo que llama aquí la atención, no es la enseñanza de una técnica sino, el alcance de la conceptualización de un proyecto en niños de 10 a 11 años, el apoyo de los padres y la receptividad de una unidad hospitalaria a la solicitud de una escuela primaria. Por un lado, queda clara la importancia dada a una actividad educativa por parte de la comunidad y por otro, se revela un proyecto educativo innovador. ¿Por qué no ocurre esto en las escuelas locales, cuando Panamá es uno de los países de la región que más recursos destina a la educación y cuando se dispone de un acceso a la tecnología superior al de muchos países vecinos?
Desde hace más de tres semanas, a través los medios de comunicación, se han venido divulgando los avances del reestreno de aquella vieja película que podríamos titular La agonía sin fin de la educación en Panamá. De todos es conocido que en los últimos 30 a 40 años, nuestro sistema educativo se ha deteriorado paulatinamente y que estamos, al menos en lo que respecta a la educación estatal, a escasos milímetros del fondo. Más que a la falta de un presupuesto adecuado, esta situación responde, en gran medida, a la falta de capacidad administrativa en todos los niveles del proceso. Antes de emprender la tarea de reconstruir el sistema educativo debemos i) establecer qué perfil cognoscitivo deben poseer los educandos que egresan de los distintos horizontes del sistema y ii) ser conscientes de que los resultados de los cambios se verán al menos luego de una década.
Se hace hincapié en las ventajas de la transformación curricular y en la adecuación de la educación a los tiempos que corren con miras a elevar la competencia del país, la calidad de vida de los ciudadanos y al logro de un desarrollo sustentable, etc. Todo eso es valedero; no obstante, se requiere la participación objetiva y sin sesgos políticos de las autoridades del MEDUCA, educadores y padres de familia. He escuchado que la educación comienza por casa lo que implica, que la escuela no es una simple guardería. En pos de encontrar algún punto de ruptura en la cadena de causas que han contribuido al deterioro de la educación, la transformación curricular debe contemplar cambios fundamentales en los centros de educación superior donde se forman los maestros y profesores. Nuestras universidades y facultades de Educación, no son ajenas a este problema y tienen una gran cuota de responsabilidad. Algo no debe estar funcionando bien ya que en ellas se forman los profesores y muchos de los que egresan, ejercen como maestros en la educación básica. (Continúa mañana).
*Profesor Titular, Universidad de Panamá.