La agricultura orgánica
Pocos saben que el actual gobierno lleva adelante un incipiente programa de reconversión que consiste en proveer ayuda económica a campesinos de rubros importantes, a cambio de que modernicen su técnica de trabajo, reduzcan áreas de cultivo o cambien hacia productos con mejor perspectiva.
La idea no es mala, aunque los fondos de reconversión provistos por las IFIs y el propio país sean insuficientes. Como consecuencia, el impacto del programa de reconversión apenas se siente, persistiendo en el agro un sentimiento de desesperanza y abandono frente a masivas importaciones extranjeras que le arrebatan día a día sus mercados tradicionales.
Frente a esa realidad, hemos planteado como alternativa el reajuste del programa de apertura acelerada y su reversión parcial para reemplazarlo por una apertura gradual, combinada con políticas de reciprocidad frente a la competencia foránea, para darnos tiempo y reforzar el programa de reconversión y modernización.
Y dentro del último concepto, la implementación de la agricultura orgánica para exportación constituye una alternativa que suma un estupendo valor agregado al producto y abre nuevos mercados, con mejores réditos. Costa Rica, por ejemplo, viene desarrollando con éxito un programa de ese tipo, que le permite exportar "café orgánico" con excelentes resultados.
La idea es que, frente a una creciente demanda de alimentos naturales u orgánicos proveniente de las grandes naciones industrializadas, aprovechemos esta favorable coyuntura para atender esa demanda, al mismo tiempo que preservamos nuestro medio ambiente.
En el plano estratégico, difícil es competir con la tecnología alimentaria del mundo desarrollado, con sus fertilizantes y recursos mecanizados, sus semillas mejoradas genéticamente y su ganado hormonizado. Cada hectárea de ellos duplica en productividad a la mejor de las nuestras, a menos costo.
Pero en cambio, podemos responder en el terreno que somos más fuertes, con nuestros recursos naturales y medio ambiente menos contaminado. De él podemos extraer frutos naturales orgánicos, libres de pesticidas, fertilizantes artificiales y manipulación genética, tan apreciados hoy.
Por eso es positivo, por ejemplo, el programa que adelanta el Foro de Mujeres Rurales en Coclé, bajo la coordinación de la doctora Yesenia Fernández de Del Rosario, consistente en la enseñanza de técnicas de agricultura orgánica en Río Grande, para mujeres rurales, lo cual se brinda con el apoyo de la UNESCO. Este programa debe ser extendido cuanto antes al resto del país.
La idea no es mala, aunque los fondos de reconversión provistos por las IFIs y el propio país sean insuficientes. Como consecuencia, el impacto del programa de reconversión apenas se siente, persistiendo en el agro un sentimiento de desesperanza y abandono frente a masivas importaciones extranjeras que le arrebatan día a día sus mercados tradicionales.
Frente a esa realidad, hemos planteado como alternativa el reajuste del programa de apertura acelerada y su reversión parcial para reemplazarlo por una apertura gradual, combinada con políticas de reciprocidad frente a la competencia foránea, para darnos tiempo y reforzar el programa de reconversión y modernización.
Y dentro del último concepto, la implementación de la agricultura orgánica para exportación constituye una alternativa que suma un estupendo valor agregado al producto y abre nuevos mercados, con mejores réditos. Costa Rica, por ejemplo, viene desarrollando con éxito un programa de ese tipo, que le permite exportar "café orgánico" con excelentes resultados.
La idea es que, frente a una creciente demanda de alimentos naturales u orgánicos proveniente de las grandes naciones industrializadas, aprovechemos esta favorable coyuntura para atender esa demanda, al mismo tiempo que preservamos nuestro medio ambiente.
En el plano estratégico, difícil es competir con la tecnología alimentaria del mundo desarrollado, con sus fertilizantes y recursos mecanizados, sus semillas mejoradas genéticamente y su ganado hormonizado. Cada hectárea de ellos duplica en productividad a la mejor de las nuestras, a menos costo.
Pero en cambio, podemos responder en el terreno que somos más fuertes, con nuestros recursos naturales y medio ambiente menos contaminado. De él podemos extraer frutos naturales orgánicos, libres de pesticidas, fertilizantes artificiales y manipulación genética, tan apreciados hoy.
Por eso es positivo, por ejemplo, el programa que adelanta el Foro de Mujeres Rurales en Coclé, bajo la coordinación de la doctora Yesenia Fernández de Del Rosario, consistente en la enseñanza de técnicas de agricultura orgánica en Río Grande, para mujeres rurales, lo cual se brinda con el apoyo de la UNESCO. Este programa debe ser extendido cuanto antes al resto del país.