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La alianza entre Populares y Perredistas


Por más que se haya presentado como algo preliminar, casi como un acuerdo de intenciones, las declaraciones de los máximos voceros del Partido Popular (PP, ex democristiano) y del Partido Revolucionario Democrático (PRD), Rubén Arosemena Valdez y Martín Torrijos, respectivamente, la alianza entre ambos colectivos ha sido tomada como un hecho por la ciudadanía interesada en temas electorales, con vista a los comicios nacionales de mayo del 2004. ¿Qué alcance tiene el anuncio?
Para empezar, el hecho marca el inicio de la campaña proselitista para unas elecciones que revisten inusual trascendencia. El gobierno que de ella emerja tendrá a su cargo la responsabilidad de conducir al país hacia la toma de decisiones que marcarán para siempre la historia Patria: la ampliación del Canal, la modernización del Seguro Social, la construcción de la autopista Panamá Colón y del ensanche Santiago-David, la instalación de centros multimodales en Colón y Howard; y la revisión y establecimiento de un sistema tributario verdaderamente justo y conveniente para el interés nacional, que rectifique el bodrio legislativo que hoy se discute y aprueba en la Asamblea.
También podría significar el primer paso para una gran alianza de unidad nacional en torno a la figura indisputada de Martín Torrijos como líder absoluto de la oposición política. El PP ha sido claro en indicar que su opción mayoritaria es apoyar al talentoso joven perredista quien viene por su segunda oportunidad para ascender al poder por medio de las urnas, luego que 36 años atrás su padre lo tomara por las armas en un cruento golpe de Estado contra el entonces presidente constitucional Arnulfo Arias Madrid, cuyos herederos políticos son, por ironía, sus principales adversarios. Lo más seguro es que esta vez emulará, por vía democrática, lo que su padre, por la fuerza.
Otro detalle es que el anuncio marca un estilo inédito de alianza electoral, basado no en el reparto de ministerios y puestos de planilla, sino en un programa de gobierno. La intención, se ha explicado, no es trazar lineamientos generales sino un plan específico de obras y ejecuciones que tendrían efecto desde el primer día de asumir el poder, con un equipo de trabajo y recursos preconcebidos, evitando de ese modo la usual parálisis y pérdida de tiempo que sobreviene a los cambios de gobierno.
La misma alianza, consolida un constructivo proceso de reconciliación iniciado por el presidente Endara en 1990, tratándose de dos adversarios históricos, dejando abierta las puertas para ampliar la base hacia la conformación de un gobierno de unidad nacional, tan necesario para enfrentar los grandes desafíos que esperan a Panamá y para delinear los objetivos y la visión del país que queremos en este siglo.

101 años de Panamá América

 
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