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La almohada mágica


Todavía no me acabo de asombrar cuando veo a los servidores públicos visitar las cárceles panameñas, percatándose de la falta de higiene y el mal trato humano que puede tener una persona que está detenida por cualquier circunstancia. Nos dejaron ver que, inclusive, un perro domesticado es tratado y alimentando de mejor manera que estos seres humanos que, por una u otra circunstancias, están pagando a la sociedad ese hacinamiento infrahumano, que también fue experimentado por aquellos civilistas en los años ochenta y que ahora ocupan cargos públicos muy importantes dentro del engranaje gubernamental.

Vi al Señor Presidente de la República irrumpir en un terreno ubicado en la Calzada de Amador que supuestamente tenía una concesión estatal, llevando el mensaje claro: “esta vaina se acabó”. El abuso de algunas personas que siempre se han sentido por encima de ley no funciona ahora. Buscarán padrinos, pero nadie los respaldará, ya que el norte es acabar con todo los que sea indicios de corrupción que han llevado al desgate de nuestra sociedad.

Se hacen encuestas sobre si el señor Presidente debe ser más formal o no durante sus reuniones, intervenciones o cualquier otro acto. …¡Caramba señores!, lo conocimos así... y aquellos que votaron por él, así lo conocieron. ¿Por qué cambiarlo ahora? Loco o no, considero que debe darle esa receta a más de cuatro que no funcionan o no funcionaron en su momento. Pero existen defectos.

No sabemos por quiénes está asesorado o si la almohada mágica con la que duerme le dio las respuestas una noche de éstas cuando temblaba en nuestro país. Me tomó por asombro designaciones insistentes de personas aferradas al régimen militar y goriloide. Buenos o malos, creo que cada uno demostró en su momento histórico quien era.

Mas allá de eso, y a sabiendas del repudio generalizado que tuvieron, sólo nos resta esperar que aquellos que nos dieron en la cabeza con el garrote de la tiranía no nos respondan de la misma manera o nos instalen en nuestras residencias sistemas de espionaje bien conocidos por algunos de ellos, y suplico que nos demuestren lo equivocado que pudieron estar entonces.

Simplemente le digo, Sr. Presidente, que puede nombrar al que considere más competente en los puestos de gobierno, inclusive aquellos que no sudaron ninguna camisa en carne propia de su campaña electoral. El tiempo dirá si está equivocado o no, y espero que esas decisiones no sean su peor enemigo más adelante, y no tenga yo que escribir un artículo titulado: “Se lo dije, señor Presidente”.

101 años de Panamá América

 
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