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"La Americana"... perfil de una casta


Hace varias décadas, allá por el año 1954, la periodista y autora norteamericana, Dorothy Thompson, escribía en la revista femenina "Ladies Home Journal", sobre la razón de ser potencia mundial de los Estados Unidos, y descorrió el velo del misterio respondiendo a las incógnitas que nos parecían, si no imposibles, por lo menos muy difíciles de resolver. La distinguida dama se expresó así:
"Estados Unidos es la única grande y populosa Nación-Estado y potencia mundial cuyo pueblo no está consolidado por lazos de sangre, raza o lenguaje original. Es la única potencia mundial que reconoce una sola nacionalidad de sus ciudadanos -la americana- al mismo tiempo que carece de lazos de sangre, parentesco tribal, lenguaje original y cultura ancestral, que contribuyan a la cohesión nacional. ¿Cómo puede sostenerse tal nación si no es por medio de una idea que involucre la lealtad?
"La única fuerza que puede sobreponerse a una idea y a una fe es otra idea y otra fe mejores, sustentadas positivamente y sin temor".
"Estados Unidos no es una nación con un pueblo que, a la larga, permita que se le ultraje. Porque no es el hecho de la libertad en sí sino la forma en que la libertad se ejerce, lo que determinará si la libertad sobrevivirá. Y, cuando la libertad se arrebata por la fuerza, debe ser restablecida por la fuerza". Hasta aquí, lo dicho por esa dama.
Y es que la lealtad del pueblo norteamericano es hacia sus instituciones que fueron establecidas a sangre y fuego en defensa de la libertad que se les pretendió arrebatar por la fuerza en 1776.
El presidente Bill Clinton, como parte integral de ese pueblo que es un crisol de razas y culturas, ha demostrado, a través de su mandato, que está compenetrado en esa mística, de esa idea de la lealtad en defensa de las instituciones democráticas, así como de la responsabilidad que le cabe a su nación como potencia mundial de primer orden.
En el caso del Golfo Pérsico, el presidente Bush vio el peligro que se cernía sobre la humanidad cuando Saddam Hussein decidió apoderarse de Kuwait por la fuerza y el terror, y controlar una rica fuente de petróleo. No faltaron quienes, con criterio simplista, hayan criticado la acción de George Bush y sus aliados aduciendo que si la acción bélica de Hussein se hubiese producido contra otro país carente de petróleo, Bush no habría intervenido. Olvidan que, hoy por hoy, el petróleo es la principal fuente energética de toda la humanidad y no sólo de los Estados Unidos. Y esa fuente de energía, en manos de un sicópata religioso sería una amenaza constante para un mundo que depende de ella para su desarrollo y subsistencia.
Y no podemos negar, prescindiendo de cualquier consideración de orden político y nacionalista, que el entonces presidente Bush supo actuar como se esperaba de él. Prueba de ello es que le devolvió a su país su condición de liderazgo mundial al aglutinar con sus aliados a las demás potencias mundiales y más de otros veinte países en defensa de sus principios.
Más aún, tuvo la previsión de avalar su acción bélica con varias resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, de obligatorio cumplimiento por Saddam Hussein, y de las cuales se burló el dictador durante varios meses, sin importarle las graves consecuencias que tendrían para su pueblo esa actitud irresponsable.
No pretendemos estar quemando incienso ante la imagen del expresidente George Bush y mucho menos ante la de Clinton. Sólo queremos registrar objetivamente en este corto espacio hechos que quedarán inscritos en la historia de la humanidad de acuerdo con el criterio y el hacha que tenga que amolar el historiador que lo registre.
Lo que sí ha quedado claramente definido es que la lealtad hacia su país es la fuerza motora del pueblo norteamericano, y se es ciudadano "americano" por encima de barreras étnicas, de lenguaje o cultura. Porque no se dejan ultrajar como nación, ni como pueblo, ellos habrían de ofrecer a la posteridad el legado más preciado para toda sociedad: la primera Constitución de este continente y que se conoce como el "Pacto del Mayflower", escrita y rubricada por las bases, esa nueva generación que en su humildad tuvo la cautela de prever el destino de las nuevas democracias americanas.

101 años de Panamá América

 
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