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La ampliación frente a la globalización


Al igual que en coyunturas anteriores, con la reciente inauguración del debate sobre la ampliación del Canal, se pone de manifiesto que nuestro destino transitista está fundido al futuro político y económico de las grandes mayorías nacionales. Aún sin conocerse los aspectos generales de la propuesta oficial, algunas ideas generales han sido expuestas a favor o en contra del proyecto, que a final incidirán en la opinión y posición de los ciudadanos convocados a decidir o no su aprobación en consulta pública. La procedencia del financiamiento, los presuntos daños a la ecología, así como eventuales beneficios económicos nacionales y particulares generados, parecen ser las principales objeciones expuestas. Otros argumentos de menor rango, como las simpatías o oposición al Presidente de la República; la integración de partidos políticos o sectores económicos y sociales que sustentan su gestión de gobierno, sin menoscabar las divergencias ideológicas, sin descontar la existencia de los partidarios de otras alternativas transístmicas, terminando por mencionar aquellos grupos a los que los asuntos ciudadanos no logra despertarle en lo absoluto su atención.
Es indispensable el debate sobre el proyecto de ampliación al conocerse la postura gubernamental. En atención a la magnitud de la obra, la discusión debe permitir que los expertos aclaren aquellos aspectos de naturaleza técnica, financiera y científica, argumentos que al presente, sustentan el primer paquete de críticas y sugerencias publicitadas. Estas explicaciones ofrecerán información que permitirá definir la conveniencia, urgencia y necesidad política, a la luz del resultado del examen tanto de la situación política doméstica, como de los procesos integrales de renovación de las relaciones de poder en el plano internacional, modificados sustancialmente a partir de la caída del bloque socialista.
A lo interno evidenciamos una nociva segmentación política, que dificulta la consolidación de consensos dada la inmovilidad de los partidos políticos y de la carencia de liderazgos reales. En lo exterior, observamos una lucha silenciosa entre las grandes potencias, en la que se apela a todos los recursos disponibles, con el objetivo de alcanzar el control de mercados y recursos naturales, amenazando con asfixiar nuestras frágiles economías nacionales, y debilitar la salud ya deteriorada del Estado nacional. Al tenor de las exigencias de la actual coyuntura mundial, el Estado se limitará a regular la iniciativa privada, que producirá un retroceso en la atención estatal de los asuntos sociales, pasando a un plano subalterno la atención de las necesidades colectivas. Salta a la vista que el proyecto aspira la optimización de la explotación de la zona de tránsito, sin que sepamos si la obra responde a una iniciativa exclusivamente nacional, o se trata de una añeja exigencia foránea desatendida por gobiernos anteriores, prohijada con valentía y responsabilidad por el Presidente Torrijos por encajar a precisión dentro de su propuesta económica.
No sabemos hasta qué punto nuestra posición estratégica conserve hacia futuro su importancia en el comercio mundial. La aprobación o desaprobación del proyecto de ampliación no detendrá el proceso de globalización, ni aplicará un rudo golpe a clanes económicos locales o extranjeros. Nos mostramos partidarios de la ampliación del canal, convencidos de que no saciará la voracidad del sistema, ni detendrán la marcha de la globalización, ni resolverá los graves problemas nacionales, pero sí se nos presenta como una coyuntura propicia para consolidar los esfuerzos de la sociedad panameña dirigidos en garantizar los espacios de participación ciudadana, y conservar en niveles aceptables, el compromiso de atención oficial hacia los problemas de vivienda, salud, educación y trabajo, iniciativa de concertación que enfrentará, hasta que la convulsión mundial del presente reduzca su intensidad.

101 años de Panamá América

 
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