La antesala del referendo
SABEMOS bien que las clases adineradas de América Latina son las responsables de que nuestros pueblos vivan en la miseria, en la ignorancia y en la enfermedad. Tales clases, ubicadas en las alturas económicas y políticas, tienen el monopolio de la vida estatal y sólo se preocupan por la salvaguarda de sus enormes capitales, concentrando el poder público e incrementando sus riquezas.
En condiciones análogas a las sintetizadas, recibió Panamá el Canal desde comienzos del año 2000. Y la solución jurídica que se aprobó fue la de dividir o hacer dos grandes pedazos de ese "maná del cielo", constituido por el Canal y su Zona de retaguardia (o Zonal del Canal, con gran cantidad de tierras, bienes inmuebles e instalaciones).
El precio de esta Zona fue calculado a fines del siglo XX en sesenta y cinco mil millones de dólares, y el valor del Canal se fijó en nueve mil millones de dólares. Se aprobó la Ley de la ARI, para que ésta suministrara (venta o alquiler) todo un gran capital, y se creó también la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), como administradora absoluta de la vía acuática. Así perdió Panamá la gran posibilidad de montar inteligentemente un emporio económico, análogo a los del Asia (Hong Kong y otros). Nadie pensó sino hacer del Gobierno una especie de vendedor de bienes raíces, y de manejar el Canal como lo hacía Estados Unidos, la primera potencia militar del mundo, porque le convenía tener el Canal como un pasaje para barcos, principalmente de su industria y de su poder militar.
Cada sector del Gobierno comenzó, desde el 2000, a trabajar con su pedazo, en forma rutinaria, y sin las ideas grandes que eran necesarias para poner en función esa gran base económica, que habría podido colocar a Panamá a la vanguardia, por lo menos, de América Latina.
Después de estarse acostumbrando a los puestos respectivos, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) dio señales de iniciar estudios costosísimos para "modernizar el Canal" o para "un tercer juego de esclusas" (ampliación), cosa que no estuvo clara al principio, según resulta del "Plan Maestro del Canal", terminado más o menos en su primera redacción a mediados del 2004. Parece que los nuevos recaudos canaleros, por razón de los peajes aumentados (desde luego que en consulta con sus "asesores", los grandes navieros), no sólo produjeron "nuevas" obras canaleras (profundización de las entradas, enderezamientos en el Corte Culebra, etc.).
En el Plan Maestro ya elaborado se decía que, en lo referente a un programa de "largo plazo", "Este programa (tercer juego de esclusas) tiene por objetivo servir la demanda que no podrá ser atendida por el canal actual, una vez éste haya llegado a su máxima capacidad, alrededor de 2014" (pág. 17 de la traducción española de tal Plan).
La forma en que la ACP ha cambiado opiniones importantes, y todo lo que ha dicho, en los últimos tiempos, con respecto a la "ampliación de un tercer juego de esclusas", nos obliga a concluir que, de tenerse en consideración todas las disparidades, contradicciones y políticas erradas, con que la ACP ha tratado de "convencer" durante los últimos meses, a la opinión pública, pueden considerarse como un verdadero adefesio, en su totalidad, y que esa célebre "Autoridad" sólo puede ser admirada por la sarta de falsas argumentaciones con que ha tratado de engañar a nuestro pueblo, no pudiendo pasar de una entidad que ahora pretende embaucar al pueblo de Panamá y a ponerlo en gran peligro económico, con su celebérrimo programa de "ampliación, por medio de los no menos celebres juegos de esclusas".
En alianza nada extraña con el último Gobierno electo, ambos organismos han puesto en marcha una gran maquinaria muy aceitada con el dinero de la ACP, (millones de dólares desde su creación), incluyendo los últimos meses de grandes "inversiones" (casi monopolios de la prensa, de las radioemisoras y todo factor de propaganda populachera), principalmente por medio de las grandes mentiras promovidas para hacer variar el inicial repudio que le dio la más abierta mayoría del pueblo panameño, a la tal "ampliación mediante esclusas".
Este gran pugilato suscitado por las pretensiones del Gobierno y de la ACP, plantea numerosos aspectos importantes, que no caben siquiera en una serie de artículos periodísticos, de las nada amplias líneas que, para contribuir al imperio de la verdad, hemos venido redactando, aunque fuera difícil la síntesis.
En condiciones análogas a las sintetizadas, recibió Panamá el Canal desde comienzos del año 2000. Y la solución jurídica que se aprobó fue la de dividir o hacer dos grandes pedazos de ese "maná del cielo", constituido por el Canal y su Zona de retaguardia (o Zonal del Canal, con gran cantidad de tierras, bienes inmuebles e instalaciones).
El precio de esta Zona fue calculado a fines del siglo XX en sesenta y cinco mil millones de dólares, y el valor del Canal se fijó en nueve mil millones de dólares. Se aprobó la Ley de la ARI, para que ésta suministrara (venta o alquiler) todo un gran capital, y se creó también la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), como administradora absoluta de la vía acuática. Así perdió Panamá la gran posibilidad de montar inteligentemente un emporio económico, análogo a los del Asia (Hong Kong y otros). Nadie pensó sino hacer del Gobierno una especie de vendedor de bienes raíces, y de manejar el Canal como lo hacía Estados Unidos, la primera potencia militar del mundo, porque le convenía tener el Canal como un pasaje para barcos, principalmente de su industria y de su poder militar.
Cada sector del Gobierno comenzó, desde el 2000, a trabajar con su pedazo, en forma rutinaria, y sin las ideas grandes que eran necesarias para poner en función esa gran base económica, que habría podido colocar a Panamá a la vanguardia, por lo menos, de América Latina.
Después de estarse acostumbrando a los puestos respectivos, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) dio señales de iniciar estudios costosísimos para "modernizar el Canal" o para "un tercer juego de esclusas" (ampliación), cosa que no estuvo clara al principio, según resulta del "Plan Maestro del Canal", terminado más o menos en su primera redacción a mediados del 2004. Parece que los nuevos recaudos canaleros, por razón de los peajes aumentados (desde luego que en consulta con sus "asesores", los grandes navieros), no sólo produjeron "nuevas" obras canaleras (profundización de las entradas, enderezamientos en el Corte Culebra, etc.).
En el Plan Maestro ya elaborado se decía que, en lo referente a un programa de "largo plazo", "Este programa (tercer juego de esclusas) tiene por objetivo servir la demanda que no podrá ser atendida por el canal actual, una vez éste haya llegado a su máxima capacidad, alrededor de 2014" (pág. 17 de la traducción española de tal Plan).
La forma en que la ACP ha cambiado opiniones importantes, y todo lo que ha dicho, en los últimos tiempos, con respecto a la "ampliación de un tercer juego de esclusas", nos obliga a concluir que, de tenerse en consideración todas las disparidades, contradicciones y políticas erradas, con que la ACP ha tratado de "convencer" durante los últimos meses, a la opinión pública, pueden considerarse como un verdadero adefesio, en su totalidad, y que esa célebre "Autoridad" sólo puede ser admirada por la sarta de falsas argumentaciones con que ha tratado de engañar a nuestro pueblo, no pudiendo pasar de una entidad que ahora pretende embaucar al pueblo de Panamá y a ponerlo en gran peligro económico, con su celebérrimo programa de "ampliación, por medio de los no menos celebres juegos de esclusas".
En alianza nada extraña con el último Gobierno electo, ambos organismos han puesto en marcha una gran maquinaria muy aceitada con el dinero de la ACP, (millones de dólares desde su creación), incluyendo los últimos meses de grandes "inversiones" (casi monopolios de la prensa, de las radioemisoras y todo factor de propaganda populachera), principalmente por medio de las grandes mentiras promovidas para hacer variar el inicial repudio que le dio la más abierta mayoría del pueblo panameño, a la tal "ampliación mediante esclusas".
Este gran pugilato suscitado por las pretensiones del Gobierno y de la ACP, plantea numerosos aspectos importantes, que no caben siquiera en una serie de artículos periodísticos, de las nada amplias líneas que, para contribuir al imperio de la verdad, hemos venido redactando, aunque fuera difícil la síntesis.