La antítesis del Plan Maestro
Lo considero una antítesis del Plan Maestro de la actual Comisión del Canal por lo siguiente:
No considero necesaria una nueva cuenca occidental para proveer el faltante de agua de esclusajes del futuro.
Estimo suficiente el aporte que se obtendría de las represas reguladoras de los ríos tributarios de la cuenca del Chagres y de Trinidad.
En vez de requerir una extensísima cuenca adicional para colectar los faltantes de agua de esclusajes para el futuro, preconizaba reducir el plano de agua de los lagos Gatún-Trinidad liberando miles de hectáreas para la producción agropecuaria. Este plano de agua de ochenta y cinco pies (85 pies) de los lagos existentes sería descendido hasta la costa de cincuenta y cinco pies (55 pies). Con esta atrevida solución se disminuiría notablemente la cantidad de agua que se derrocharía en cada caudaloso esclusaje del futuro.
No habría necesidad de construir extensos nuevos lagos, ni de perforar túneles y canales en unos treinta kilómetros para conducir sus aguas hasta el Lago Trinidad. Las nuevas represas reguladoras de la alternativa panameña desembocarían sus afluentes por la continuación de sus mini-cuencas tributarias al Lago Gatún.
Las nuevas represas reguladoras producirían energía hidroeléctrica en beneficio del desarrollo nacional.
El gestor principal de esta propuesta, catedrático universitario e ingeniero exministro de Obras Públicas, divulgó su tesis en la Universidad de Panamá, en el Club Unión y foros empresariales. Obtuvo el aval de jurisconsultos y profesionales de nota a quienes subyugó su profesado bajísimo costo de unos cuatro billones de dólares. Inmediatamente alguien proclamó el lema: “Panamá no puede realizar una obra canalera cuyo costo sobrepase los cuatro billones de dólares, sin perder soberanía”. Por tanto, el conformismo nacional justificaba la “Alternativa Panameña”, que ingresó campante al seno de la Comisión Tripartita.
Durante ese mismo período escribí mi libro: El Canal a Nivel y lo presenté también a la Comisión Tripartita como mi propuesta formal.
Chiari no estuvo solo en el país. Contó con la contribución ejemplar de Mons. Marco Gregorio McGrath, entonces Obispo Auxiliar de Panamá y encargado de la Arquidiócesis, quien desde el 11 de enero promovió que la Iglesia Católica declarara la justicia de la causa panameña.
Y Chiari tampoco estuvo solo en el gobierno. Contó con la experiencia e inteligencia del Ministro de Relaciones Exteriores Galileo Solís, con la clarividente y decidida colaboración de Miguel Moreno Almengor, ex -ministro de Relaciones Exteriores, quien como Embajador de Panamá en la OEA formuló el 31 de enero de 1964 formal denuncia de agresión contra E.U. en sesión extraordinaria del Consejo de la OEA, y solicitó la convocatoria del Organo de Consulta en aplicación del TIAR. También negoció y firmó la Declaración Conjunta Moreno-Bunker, el 3 de abril de 1964, por la cual se restablecían las relaciones diplomáticas y ambos países se comprometían a designar “Embajadores Especiales con poderes suficientes para procurar la pronta eliminación de las causas de conflicto entre los dos países, sin limitaciones ni precondiciones de ninguna clase, con el objeto de llegar a un convenio justo y equitativo que estaría sujeto a los procedimientos constitucionales de cada país”. Contó con Aquilino Boyd, quien elevó denuncias ante le Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Contó durante los últimos seis meses de su gobierno con el trabajo insistente como negociador de Jorge Illueca, quien firmó el 24 de julio, con el negociador norteamericano Robert B. Anderson, el temario de 6 puntos, incluyendo las “cuestiones de soberanía” y la “duración de las concesiones”, lo que le garantizaba a Panamá que tendría la oportunidad de discutir los temas políticos que más le interesaban.
Así, por primera vez en su historia, Panamá internacionalizaba sus diferencias con los E.U. , y, en esa medida, no perdió terreno frente a los E.U., lo cual quedó como una lección fundamental de cara al futuro.
El 12 de marzo los representantes de los dos gobiernos aceptaron el texto de una declaración conjunta que decía que ambos gobiernos “han convenido en restablecer relaciones diplomáticas a la brevedad posible para procurar la pronta eliminación de las causas de conflicto relativas al Canal de Panamá y para resolver otros problemas existentes entre ellos, sin limitaciones o precondiciones de ninguna especie” y que a más tardar en 30 días “ambos gobiernos nombrarán Embajadores Especiales con poderes suficientes para llevar a cabo discusiones y negociaciones con el objeto de llegar a un convenio justo y equitativo que elimine las antedichas causas de conflicto y resuelva los demás problemas referidos. Cualesquieraconvenios que resulten estarán sujetos a los procedimientos constitucionales de cada país”. El texto en virtud del cual Panamá aceptó restablecer relaciones no comprometía a los E.U. formalmente a un nuevo tratado, pero no limitaba a Panamá al mero revisonismo. De hecho dejaba la puerta abierta para que Panamá planteara la abrogación y los E.U. no pudieran rechazar discutirla. El 15 de marzo el presidente Chiari dio su interpretación amplia del texto y el 16 el presidente Johnson le salió al paso con una interpretación restrictiva. De nuevo fue necesario regresar a la discusión previa al restablecimiento de relaciones. Johnson y Chiari intentaron aproximarse el uno al otro sin desdecirse. Y el 3 de abril, Miguel Moreno y Ellsworth Bunker firmaron un documento en virtud del cual se restablecieron las relaciones y se inició una nueva negociación en términos equivalentes a los anteriores.
Panamá no había ganado la partida, pero tampoco la había perdido. Y para Panamá ya eso era un avance en la ruta abrogacionista que había trazado el presidente Roberto F. Chiari, con razón denominado “el Presidente de la dignidad”. (Continuará la próxima semana)
(ariyan@sinfo.net)