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La arrogancia y la ambición se convierten en sordera


Desde muy tempranas horas del 15 de febrero, millones de personas se manifestaron, en todas partes del mundo, contra la guerra que obstinadamente Estados Unidos y un grupo de aliados le han declarado a Irak. Desde Nueva York, Londres, Barcelona, Camberra, Tokio, Seúl. etc..., millones de gargantas se han unido en un solo grito: ¡No a la guerra! ¡No más sangre por petróleo!... Esta voluntad de paz es la expresión más noble y justa que la humanidad entera ha proclamado en las últimas décadas.
Por fin, la mayoría de los seres humanos, nos hemos olvidado de las diferencias fenotípicas para implantarnos una sola piel que lleva el color de la hermandad, la solidaridad, la convivencia y el amor por esta vida. Lamentablemente, existe otro tipo de ser humano, aquel que actualmente observa al mundo como una propiedad privada. Ese ser humano es voraz e implacable, es el dueño de las mayores riquezas del mundo, para él no existe la razón ni es sensible al dolor ajeno; su característica es la arrogancia y la ambición. Esa clase de humanos está personalizada hoy por quienes gobiernan a países como Estados Unidos, Inglaterra y España.
Con asombro vemos cómo día tras día se ha venido manipulando y moldeando a la opinión pública a favor de una guerra, que por el escenario donde se va a ejecutar, no hay que ser un experto en geopolítica para saber que esa infamia lleva el color del petróleo. De nada han servido las inspecciones de la ONU, que han demostrado hasta la saciedad que Irak no posee tecnología para construir armas nucleares; los inspectores de la ONU no han encontrado armás biológicas o químicas de destrucción masiva, al contrario se han percatado que desde la guerra del Golfo, Irak, por el asedio al que ha sido sometido por Estados Unidos e Inglaterra, no ha podido ser capaz de desarrollar ningún tipo de tecnología que pueda ser utilizada para construir armas de destrucción masiva.
Esos son los hechos, esas son las pruebas. Países como Alemania, Francia, China y Rusia, se han pronunciado en contra de esta aventura bélica. ¿Hasta dónde la voluntad política de estas potencias pueden soportar las amenazas y el chantaje de Estados Unidos e Inglaterra? No lo sabemos. Lo que sí es claro es que los pueblos en todo el mundo están luchando en contra de la monstruosidad que se avecina. Estas luchas están tomando ribetes muy diversos, pero todos tienen un común denominador: la humanidad ya no soporta más una globalización unilateral, la gente se pronuncia contra la guerra, pero a la vez sabe que ésta es causa de una política neoliberal, de la necesidad que tienen las grandes corporaciones económicas de apoderarse de las mayores fuentes de energía del planeta y controlar los mercados. De la ambición nace la guerra, y si ahora Bush, Blair y Aznar no ven, ni oyen, ni entienden, un huracán de gritos contra la guerra va a arrollar los cimientos ya agrietados del sistema económico inhumano que defienden. Los pueblos no podemos permitir esa guerra, unámonos a ese grito firme de ¡no a la guerra, sí a la vida!

101 años de Panamá América

 
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