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La Asamblea ante un reto histórico


Hace sólo unos días parecía inevitable que el PRD se hiciera con el control de la Asamblea Legislativa y que, como consecuencia, se produjera una crisis que hubiera puesto en peligro la estabilidad política de la nación.
De haberse logrado ese despropósito, el país hubiera entrado en una espiral de "ingobernabilidad", pues los desplazados del poder, contrario a sus afirmaciones, no hubieran usado el control de la Asamblea para hacer una oposición responsable sino para allanarse su ansiado retorno al poder en el año 2004.
El vuelco que se produjo en la víspera de la instalación de la Asamblea, gracias a la intervención directa y decisiva de la nueva presidenta, y que evitó la entronización de una dictadura parlamentaria bajo el control del PRD, ha preservado, aunque sea temporalmente, la estabilidad institucional y abierto un espacio político para hacer algunas correcciones fundamentales.
Si la nueva Asamblea Legislativa, en su conjunto, y las diferentes fuerzas políticas en ella representadas entienden la magnitud del reto histórico que tienen planteado, tanto su prestigio como el país pueden obtener grandes ganancias.
Gracias al acuerdo alcanzado para evitar el control de la Asamblea por el PRD se neutralizó a este órgano del Estado y eso no significa, ni mucho menos, que el parlamento ahora esté constituido por dos bloques: uno, mayoritario, a favor del gobierno y, el otro, minoritario, en contra.
Verlo de esa manera es una percepción no ajustada a la realidad. Para comenzar, recuérdese, y recuérdese muy bien, que la diferencia fue de sólo un voto.
Por el otro lado, de acuerdo a las reiteradas manifestaciones de sus dirigentes, la autodenominada "bancada popular" no le ha extendido un cheque en blanco a la nueva administración sino que actuarán, han dicho, en base a "caso por caso", es decir, que decidirán sus votos según el contenido de cada proyecto de ley que se les someta.
Sin embargo, tampoco puede tomarse como hecho cumplido que los 35 votos que reclama el PRD, contando al legislador disidente de Solidaridad, se mantendrán monolíticos por siempre o que invariablemente votarán contra lo que proponga el nuevo gobierno. El aspecto positivo de lo que ha ocurrido en la Asamblea es que se ha creado el espacio para gobernar.
En la legislatura que acaba de iniciarse, el nuevo gobierno someterá a la consideración de la Asamblea varios proyectos para cumplir sus promesas electorales, a los que se agregarán los que tratarán de promover, especialmente, los miembros de la denominada "bancada popular".
En vista de la decisión adoptada por el Consejo de Gabinete de proponer la derogación de la ley que creó la Sala Quinta, la primera prueba es inminente. Esa derogación es prudente y necesaria. Y en ese caso, aconsejable sería que la bancada del PRD escuchara la voz del pueblo y que apoyara su derogación por consenso.
La denominada "bancada popular" también parece dispuesta a llevar adelante las propuestas del que fuera su abanderado en las pasadas elecciones, para exonerar del Impuesto sobre la Renta los salarios hasta un monto de 700 balboas mensuales y aumentar el salario mínimo.
La primera no es realista ni justa y, la segunda, aunque muy justa requeriría de un acuerdo muy bien pensado, para determinar el monto del incremento y el monto adecuado para hacerlo efectivo. En el estado desastroso en que se encuentran las finanzas públicas la reducción de los ingresos fiscales o el aumento de los gastos no pueden ni deben improvisarse.
Razonable y prudente sería que hasta tanto no se llegue a determinar la verdadera situación del erario nacional se evite tomar medidas que pudieran contribuir a agravar la situación. Pero si los casos apuntados generarán polémica y confrontación, con mayor razón la ocasionará la discusión del Presupuesto Nacional para el año 2000. Esa será la verdadera prueba de fuego.
Ojalá que la nueva Asamblea, como institución, y los sectores que dentro de ella pueden comprometer el precario equilibrio logrado comprendan que de su ponderación y buen juicio puede depender que ese órgano del Estado recupere parte del prestigio que ha perdido, pero, sobre todo, que la estabilidad de la nación está en sus manos.

101 años de Panamá América

 
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