La ausencia de un buen manejo político
Al fin, parece que tomamos la recta final en la que se determinará la suerte del llamado Fondo Fiduciario para el Desarrollo. Han transcurrido casi nueve meses, desde que se inició el tema en diferentes grados de conversación, y no sería extraño que la recta se prolongue por igual término. Porque mucho tendrán que decir, aún los voceros del Ejecutivo, y sobre todo, los 71 legisladores cuando el tema pase a segundo y tercer debate.
Hay un exceso perjudicial de inversión-tiempo para que la Asamblea Legislativa concluya definiciones en los asuntos importantes para el país. La tónica parece ser darle rienda suelta a los desvaríos politiqueros para después entrar en formalidad. Mientras tanto, se ha corrido la posibilidad de desfigurar la intención, lo que deja un cúmulo de dudas a la ciudadanía. En el caso del FFD, sea cual fuere el resultado final, siempre dejará sospechas e inconformidades. Todo, por el manejo.
Un buen manejo en política como que lo garantiza todo. El Ejecutivo, como gobernante, tuvo oportunidad de previas consultas autorizadas que dieran fundamentos a la propuesta. Una explicación sencilla y amplia a todos los panameños respecto al por qué y cómo, no hubiese dejado tanto margen a la oposición para el bombardeo. Para que a fin de cuentas, no reclamen a los electores algún pedazo por la viabilidad del proyecto.
Desde otro prisma, no demostramos suficiente madurez como nación para coincidir en que los problemas y soluciones de Estado se deliberan (en vez de discutir) con visión de sociedad, no partidista. Porque si mañana las cosas cambian, en función de gobierno, el trillo ya está hecho para facilitar la gobernabilidad y el avance de la república.
Es importante lo que antes dije respecto al manejo político. Recuerdo la década del 60 en la entonces Asamblea Nacional. Asignado como periodista en el parlamento, observé a líderes de la época como Eligio Crespo Villalaz, Manuel Pino, Alfredo Ramírez, Jacinto López, Carlos Iván Zúñiga, Raúl Arango, Gilberto Arias y algunos otros. Fungían como voceros del Ejecutivo en turno, bien como diputados o como Ministros de Estado. Cuando las cosas se ponían críticas, un receso y algunas llamadas telefónicas hacían volver a la normalidad. Entonces, los Ministros de Estado se confundían entre los diputados casi permanentemente. A las 4 de la tarde dejaban sus despachos y se trasladaban a la asamblea. En un tema determinado, si un diputado quería preguntar al ministro relacionado, generalmente lo tenía en disponibilidad frente al micrófono en el momento.
En el período 90-94 me correspondió ser Legislador de la República. No encontré esa comunicación tan saludable entre representantes de dos órganos tan vinculados a una buena administración del país. Recién leí en un diario un comentario en el que acusaba de chantajistas a un sector de legisladores en perjuicio del gobierno. Probablemente los hay, lo que no es correcto. También hay los mal atendidos que ayudaron hacer gobierno con sus propios recursos (no pocos) y promesas hasta ahora no cumplidas. Una situación muy diferente al Ministro de Estado, limpio de promesas de esa naturaleza, con amplias facultades para nombrar sus colaboradores, con cierta resistencia para compartir. Entonces, he aquí alguna explicación de la ausencia de líderes para los manejos políticos en esta nueva época.
El manejo político tiene su astucia, autoridad, cálculo, conocimiento. Todo ello no permite o disminuye el pronto desgaste de un mandatario. Por el contrario, ayuda a elevarlo. La actual administración de la Sra. Mireya Moscoso careció de ese buen manejo desde su inicio con el llamado "Pacto de la Pintada", con una estrategia que a duras penas resultó para solución inmediata. El resto del período como que ha quedado en el limbo sin asidero para recompensar el trayecto de la recta en que se encuentra encauzada la propuesta oficial respecto a la forma del manejo del Fondo Fiduciario. Con agravantes de crecimiento de incertidumbres e insatisfacciones por el equipo o parte de él. Con pena tengo que convenir en que el PRD está en buena cosecha.
Hay un exceso perjudicial de inversión-tiempo para que la Asamblea Legislativa concluya definiciones en los asuntos importantes para el país. La tónica parece ser darle rienda suelta a los desvaríos politiqueros para después entrar en formalidad. Mientras tanto, se ha corrido la posibilidad de desfigurar la intención, lo que deja un cúmulo de dudas a la ciudadanía. En el caso del FFD, sea cual fuere el resultado final, siempre dejará sospechas e inconformidades. Todo, por el manejo.
Un buen manejo en política como que lo garantiza todo. El Ejecutivo, como gobernante, tuvo oportunidad de previas consultas autorizadas que dieran fundamentos a la propuesta. Una explicación sencilla y amplia a todos los panameños respecto al por qué y cómo, no hubiese dejado tanto margen a la oposición para el bombardeo. Para que a fin de cuentas, no reclamen a los electores algún pedazo por la viabilidad del proyecto.
Desde otro prisma, no demostramos suficiente madurez como nación para coincidir en que los problemas y soluciones de Estado se deliberan (en vez de discutir) con visión de sociedad, no partidista. Porque si mañana las cosas cambian, en función de gobierno, el trillo ya está hecho para facilitar la gobernabilidad y el avance de la república.
Es importante lo que antes dije respecto al manejo político. Recuerdo la década del 60 en la entonces Asamblea Nacional. Asignado como periodista en el parlamento, observé a líderes de la época como Eligio Crespo Villalaz, Manuel Pino, Alfredo Ramírez, Jacinto López, Carlos Iván Zúñiga, Raúl Arango, Gilberto Arias y algunos otros. Fungían como voceros del Ejecutivo en turno, bien como diputados o como Ministros de Estado. Cuando las cosas se ponían críticas, un receso y algunas llamadas telefónicas hacían volver a la normalidad. Entonces, los Ministros de Estado se confundían entre los diputados casi permanentemente. A las 4 de la tarde dejaban sus despachos y se trasladaban a la asamblea. En un tema determinado, si un diputado quería preguntar al ministro relacionado, generalmente lo tenía en disponibilidad frente al micrófono en el momento.
En el período 90-94 me correspondió ser Legislador de la República. No encontré esa comunicación tan saludable entre representantes de dos órganos tan vinculados a una buena administración del país. Recién leí en un diario un comentario en el que acusaba de chantajistas a un sector de legisladores en perjuicio del gobierno. Probablemente los hay, lo que no es correcto. También hay los mal atendidos que ayudaron hacer gobierno con sus propios recursos (no pocos) y promesas hasta ahora no cumplidas. Una situación muy diferente al Ministro de Estado, limpio de promesas de esa naturaleza, con amplias facultades para nombrar sus colaboradores, con cierta resistencia para compartir. Entonces, he aquí alguna explicación de la ausencia de líderes para los manejos políticos en esta nueva época.
El manejo político tiene su astucia, autoridad, cálculo, conocimiento. Todo ello no permite o disminuye el pronto desgaste de un mandatario. Por el contrario, ayuda a elevarlo. La actual administración de la Sra. Mireya Moscoso careció de ese buen manejo desde su inicio con el llamado "Pacto de la Pintada", con una estrategia que a duras penas resultó para solución inmediata. El resto del período como que ha quedado en el limbo sin asidero para recompensar el trayecto de la recta en que se encuentra encauzada la propuesta oficial respecto a la forma del manejo del Fondo Fiduciario. Con agravantes de crecimiento de incertidumbres e insatisfacciones por el equipo o parte de él. Con pena tengo que convenir en que el PRD está en buena cosecha.