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La avaricia del sistema 


La historia se repite. Parece que la auto disciplina no es algo que los seres humanos lograremos dominar.

Las noticias nos dejan perplejos cuando escuchamos a renombradas figuras de las finanzas, explicar que ellos confiaban que los directivos de las instituciones financieras cumplirían con su responsabilidad de proteger los intereses de sus empresas, clientes y de sus accionistas. Bueno, los acontecimientos del último año nos han demostrado lo contrario. Parece que la avaricia y el temor a reconocer los errores, nos tiene en un espiral descendente, donde no logramos ver el final. Tenemos instituciones financieras que por años han hecho gala de sofisticados productos con atractivos rendimientos, que ya no existen o que han tenido que recurrir a un apoyo gubernamental para capear el temporal; queda pendiente ver si lo logran.

Ante esta realidad, y considerando que los reguladores esperaban que los directivos fueran prudentes, nos queda la incógnita de la tarea que debían realizar los auditores y las calificadoras de riesgo. Cómo es que de repente se pierde tanto valor económico y financiero? Parece que por años hemos estado modelando productos de crédito, cuyos riesgos no estaban del todo considerados en la formulación de los mismos.

En Panamá, hasta el momento, hemos visto limitados efectos de la crisis ya global, y esperamos que no nos lleguen más. ¿Será esto posible? Como reza un refrán: "Cuando veas las bardas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo". Tenemos que apelar a los directivos (no sólo de instituciones financieras), a que cumplan con su deber de salvaguardar los intereses de las empresas, sus accionistas y también de sus clientes. Solicitarle a los reguladores que cumplan con una adecuada supervisión, y que implementen las regulaciones que estimen oportunas a la luz de las realidades vividas en otras latitudes. También, y quizás más importante, que se dé una eficaz aplicación de las regulaciones. Pero no dejemos a un lado a los auditores y calificadores de riesgo, son ellos el contra peso de la balanza, que puede dar las voces de alerta temprana, ante potenciales riesgos mayores; su labor debe desarrollarse bajo un criterio de independencia y profundidad, que transpire tranquilidad.

Preparémonos para lo peor, esperemos lo mejor. La situación actual de las grandes economías es severa, y no conocemos de qué tan pronunciada, ni qué tan larga en el tiempo puede llegar a ser. Actualmente no hay definición para la liquidez que se requiere, para un tiempo no definido.

101 años de Panamá América

 
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