La ayuda de Estados Unidos a Colombia
Bogotá (AIPE)- En días pasados el Senado de los Estados Unidos aprobó, después de algunas demoras, una ayuda importante para combatir el narcotráfico en Colombia. La Cámara de Representantes ya lo había hecho, y por lo tanto las dos versiones del proyecto de ayuda, algo diferentes, pasan a ser conciliadas por un comité conjunto.
Una parte sustancial de la ayuda está destinada a fortalecer unidades específicas de las Fuerzas Militares colombianas cuya misión es destruir cultivos y laboratorios en la Amazonia, donde el negocio de las drogas está bajo el control de los terroristas marxistas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El debate sobre el tema ha sido interesante porque mostraron sus cartas los personajes y las organizaciones, nacionales y extranjeras, que apoyan a la guerrilla marxista.
El Congreso de Estados Unidos se ilustró sobre el conflicto en Colombia, hecho que tendrá importancia en el futuro. En el llamado Plan Colombia, diseñado para enfrentar el narcotráfico, también se contempla la participación de otros países consumidores, especialmente de Europa. Pero la mayoría de los países europeos, tan prontos a exigir respeto por los derechos humanos y clamar por la protección del medio ambiente, serán poco generosos a la hora de ayudar a enfrentar la principal causa del problema: la subversión marxista, terrorista y narcotraficante.
El desfile de Organizaciones No Gubernamentales y de personajes de la izquierda colombianos por Washington fue impresionante. El temor real de todos los que se oponen al proyecto es que se vean frustrados los planes de crecimiento de las FARC, que a pesar de que obtiene enormes ingresos por el secuestro, la extorsión, el abigeato y la piratería terrestre, depende cada vez más de los ingresos de la droga. Buscaron toda clase de argumentos para oponerse a la ayuda, desde extrañas teorías ambientales hasta argumentos sociales. Continuaron además en su campaña de desprestigio contra las Fuerzas Militares de Colombia e hicieron lo posible por despertar el fantasma de Viet Nam. Por ejemplo, en un esfuerzo desesperado por sabotear el proyecto, el marxista chileno José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch-Americas, lanzó apresuradamente un informe especial, acusando de violaciones de los derechos humanos a varios comandantes del Ejército.
Las acusaciones, por absurdas y contradictorias, tuvieron poco efecto, pero despejaron cualquier duda que pudiera quedar sobre el sesgo ideológico de este personaje. En el desesperado intento por detener el proyecto atacaron incluso al General Barry McCaffrey, director de la oficina antidrogas de Estados Unidos. El periodista Seymour Hersh publicó un artículo acusándolo de haber atacado una "indefensa" columna blindada iraquí en las postrimerías de la Guerra del Golfo. El artículo, además de demostrar la ignorancia sobre temas militares del autor, es mentiroso y mal intencionado. Muchos personajes, colombianos y extranjeros, que de tiempo atrás apoyaban veladamente a los terroristas, se quitaron la máscara en su desesperado intento por frenar la ayuda.
Pero el Plan Colombia fue aprobado por el congreso norteamericano. Es un buen comienzo para que Estados Unidos apoye a Colombia en la guerra contra una subversión que recibe inmensos recursos del exterior por su participación
en el negocio de las drogas. El debate tuvo otra consecuencia grave para la
subversión: despertó interés por el problema colombiano. Muchos funcionarios
y congresistas visitaron el país y ya no podrán seguir siendo engañados por la
propaganda de la subversión. Así será posible generar una alianza sólida entre
Colombia y Estados Unidos para enfrentar un reto que atañe a todo el continente.
De Europa en cambio, no debe esperarse más que palabras. (c)
www.aipenet.com
Director del Centro de Análisis Sociopolíticos.
Una parte sustancial de la ayuda está destinada a fortalecer unidades específicas de las Fuerzas Militares colombianas cuya misión es destruir cultivos y laboratorios en la Amazonia, donde el negocio de las drogas está bajo el control de los terroristas marxistas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El debate sobre el tema ha sido interesante porque mostraron sus cartas los personajes y las organizaciones, nacionales y extranjeras, que apoyan a la guerrilla marxista.
El Congreso de Estados Unidos se ilustró sobre el conflicto en Colombia, hecho que tendrá importancia en el futuro. En el llamado Plan Colombia, diseñado para enfrentar el narcotráfico, también se contempla la participación de otros países consumidores, especialmente de Europa. Pero la mayoría de los países europeos, tan prontos a exigir respeto por los derechos humanos y clamar por la protección del medio ambiente, serán poco generosos a la hora de ayudar a enfrentar la principal causa del problema: la subversión marxista, terrorista y narcotraficante.
El desfile de Organizaciones No Gubernamentales y de personajes de la izquierda colombianos por Washington fue impresionante. El temor real de todos los que se oponen al proyecto es que se vean frustrados los planes de crecimiento de las FARC, que a pesar de que obtiene enormes ingresos por el secuestro, la extorsión, el abigeato y la piratería terrestre, depende cada vez más de los ingresos de la droga. Buscaron toda clase de argumentos para oponerse a la ayuda, desde extrañas teorías ambientales hasta argumentos sociales. Continuaron además en su campaña de desprestigio contra las Fuerzas Militares de Colombia e hicieron lo posible por despertar el fantasma de Viet Nam. Por ejemplo, en un esfuerzo desesperado por sabotear el proyecto, el marxista chileno José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch-Americas, lanzó apresuradamente un informe especial, acusando de violaciones de los derechos humanos a varios comandantes del Ejército.
Las acusaciones, por absurdas y contradictorias, tuvieron poco efecto, pero despejaron cualquier duda que pudiera quedar sobre el sesgo ideológico de este personaje. En el desesperado intento por detener el proyecto atacaron incluso al General Barry McCaffrey, director de la oficina antidrogas de Estados Unidos. El periodista Seymour Hersh publicó un artículo acusándolo de haber atacado una "indefensa" columna blindada iraquí en las postrimerías de la Guerra del Golfo. El artículo, además de demostrar la ignorancia sobre temas militares del autor, es mentiroso y mal intencionado. Muchos personajes, colombianos y extranjeros, que de tiempo atrás apoyaban veladamente a los terroristas, se quitaron la máscara en su desesperado intento por frenar la ayuda.
Pero el Plan Colombia fue aprobado por el congreso norteamericano. Es un buen comienzo para que Estados Unidos apoye a Colombia en la guerra contra una subversión que recibe inmensos recursos del exterior por su participación
en el negocio de las drogas. El debate tuvo otra consecuencia grave para la
subversión: despertó interés por el problema colombiano. Muchos funcionarios
y congresistas visitaron el país y ya no podrán seguir siendo engañados por la
propaganda de la subversión. Así será posible generar una alianza sólida entre
Colombia y Estados Unidos para enfrentar un reto que atañe a todo el continente.
De Europa en cambio, no debe esperarse más que palabras. (c)
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Director del Centro de Análisis Sociopolíticos.