La bata del médico y la política
Me atrevo a asegurar, que ninguna persona cuando toma la decisión de estudiar la respetada ciencia de la medicina, conoce a qué se está enfrentando. Quizás se elige esta carrera en busca de una mística, un ejemplo recibido, o la fama y respeto que a través del tiempo se ha dado a tan noble profesión.
Al remontarme a los tiempos en que ingresé a la facultad, recuerdo experimentar una multiplicidad de cambios etapa tras etapa, muchos de ellos bruscos, que sólo cuando se empiezan a vivir, se entiende el porqué se dice que es una profesión sacrificada. Son transformaciones en todos los aspectos que se pueda imaginar. El acostumbrarse a un ritmo estricto de estudio, dejar de compartir tiempo con tu familia y amistades, tener que estar en vela estudiando, mientras otros pueden estar descansando o divirtiéndose, son cosas difíciles de entender, para lo cual se necesita un espíritu tenaz que permita poder superar este primer paso con éxito.
Después de estar en la facultad esos primeros semestres, y pasar las ciencias básicas, como todo lo que se hace con esfuerzo y dedicación, tiene su recompensa, llegas al sublime momento en el cual por primera vez te colocas una bata blanca para ir a ver pacientes. Esa bata representa tantas cosas bellas, como por ejemplo, la pureza que debe tener todo médico representada por el color blanco, la ilusión del saber medicina, una manera de colaborar con la humanidad de una forma ejemplar, y la sensación de ser la persona que alivia las penas de alguien necesitado.
Jamás podré olvidar la primera vez que me puse una bata blanca, y fue en el bachillerato para una clase de laboratorio. Aunque no preciso en qué asignatura, recuerdo con mucha nostalgia la cara de felicidad de mi tía que con mucho trabajo en tres días cosió, en su vieja máquina y una pierna enferma, una bata para mí, y que cuando me la puse lo único que percibí fue ilusión y un sano orgullo de ver a su muchacho disfrazado de médico. Quién se iba a imaginar que hoy en día lo soy, quizá influenciado por ese recuerdo.
Admiro a mis maestros, colegas y estudiantes que día a día utilizan esa bata impecablemente y con la actitud de servir a los demás, que debe ser la principal inspiración de nuestra profesión.
La bata puede ser un vestuario de danza, una causa de hipertensión arterial, el nombre de una región, o de un almacén. Pero en lo que discrepo, y me preocupa en gran manera, es que sea utilizada como un instrumento político. Estoy de acuerdo que nosotros los médicos tenemos cabida en la política. Pero no recuerdo ninguna foto o propaganda en una valla, panfleto o banderas de campaña proselitista, de ilustres galenos que sintieron la necesidad de incursionar en la vida pública como lo fueron el Dr. Arias Madrid, Dr. González Revilla, Dr. Gonzáles Ruiz, entre muchos otros que no terminaría de nombrar, y que tuvieron su papel en nuestra historia política nacional, que recurrieran a u instrumento tan noble para lograr sus fines.
Hoy en día, la medicina, como otras profesiones, está en crisis de valores, y creo que utilizar nuestra bata para campaña política es una de las formas como se va degradando la percepción social de la profesión médica y ensuciando el color y el prestigio de unas batas que muchos médicos de todo el mundo se esfuerzan por mantener blancas.
Al remontarme a los tiempos en que ingresé a la facultad, recuerdo experimentar una multiplicidad de cambios etapa tras etapa, muchos de ellos bruscos, que sólo cuando se empiezan a vivir, se entiende el porqué se dice que es una profesión sacrificada. Son transformaciones en todos los aspectos que se pueda imaginar. El acostumbrarse a un ritmo estricto de estudio, dejar de compartir tiempo con tu familia y amistades, tener que estar en vela estudiando, mientras otros pueden estar descansando o divirtiéndose, son cosas difíciles de entender, para lo cual se necesita un espíritu tenaz que permita poder superar este primer paso con éxito.
Después de estar en la facultad esos primeros semestres, y pasar las ciencias básicas, como todo lo que se hace con esfuerzo y dedicación, tiene su recompensa, llegas al sublime momento en el cual por primera vez te colocas una bata blanca para ir a ver pacientes. Esa bata representa tantas cosas bellas, como por ejemplo, la pureza que debe tener todo médico representada por el color blanco, la ilusión del saber medicina, una manera de colaborar con la humanidad de una forma ejemplar, y la sensación de ser la persona que alivia las penas de alguien necesitado.
Jamás podré olvidar la primera vez que me puse una bata blanca, y fue en el bachillerato para una clase de laboratorio. Aunque no preciso en qué asignatura, recuerdo con mucha nostalgia la cara de felicidad de mi tía que con mucho trabajo en tres días cosió, en su vieja máquina y una pierna enferma, una bata para mí, y que cuando me la puse lo único que percibí fue ilusión y un sano orgullo de ver a su muchacho disfrazado de médico. Quién se iba a imaginar que hoy en día lo soy, quizá influenciado por ese recuerdo.
Admiro a mis maestros, colegas y estudiantes que día a día utilizan esa bata impecablemente y con la actitud de servir a los demás, que debe ser la principal inspiración de nuestra profesión.
La bata puede ser un vestuario de danza, una causa de hipertensión arterial, el nombre de una región, o de un almacén. Pero en lo que discrepo, y me preocupa en gran manera, es que sea utilizada como un instrumento político. Estoy de acuerdo que nosotros los médicos tenemos cabida en la política. Pero no recuerdo ninguna foto o propaganda en una valla, panfleto o banderas de campaña proselitista, de ilustres galenos que sintieron la necesidad de incursionar en la vida pública como lo fueron el Dr. Arias Madrid, Dr. González Revilla, Dr. Gonzáles Ruiz, entre muchos otros que no terminaría de nombrar, y que tuvieron su papel en nuestra historia política nacional, que recurrieran a u instrumento tan noble para lograr sus fines.
Hoy en día, la medicina, como otras profesiones, está en crisis de valores, y creo que utilizar nuestra bata para campaña política es una de las formas como se va degradando la percepción social de la profesión médica y ensuciando el color y el prestigio de unas batas que muchos médicos de todo el mundo se esfuerzan por mantener blancas.