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La bomba de Corea del Norte


Es absurdo hacer mofa del medio kilotón de la bomba nuclear de Norcorea, veinte veces menos potente que la que destruyó a Hiroshima, dieciséis veces más pequeña que la última que hizo estallar India y doce menor que la de Pakistán. Los expertos calificaron de fracaso y hasta de tomadura de pelo la demostración de fuerza de Kim Jong Il, quien previamente había anunciado que su bomba sería equivalente al estallido de cuatro kilotones de dinamita. Tarde o temprano la va a hacer y demos gracias porque, al menos, la están explotando bajo tierra, en vez de hacer como Francia en Muroroa y, antes de ella, Rusia y Estados Unidos, haciéndolas estallar en la atmósfera, sin importar el aire que respira el resto del planeta que no participa en la carrera desquiciada por pertenecer al club atómico.
China ha sido sabia, una vez más, al forzar a una resolución de condena de la ONU que deje abierta la vía diplomática de negociación, en vez de acelerar la aplicación de un duro bloqueo tipo Cuba, pero peor al hacerse mundial. La repulsa y las sanciones son merecidas, pero Corea del Norte merece ser oída. El mundo unipolar de nuestros días es peligroso para las naciones disidentes como ella, que corren el riesgo de ser aplastadas como un mosquito. La imposición y la fuerza han reemplazado al diálogo y a la negociación, como instrumentos de política internacional.
Israel no tiene varias decenas, sino centenares de bombas atómicas y, que sepamos, nadie ha protestado ni exigido una inspección, por no hablar de la tolerancia con respecto a las que poseen India y Pakistán. Voceros del ejército de Estados Unidos han insinuado que podrían usar bombas atómicas pequeñas, del tipo de la de Norcorea, para el caso de un enfrentamiento bélico con Irán. Eso es peligroso e irresponsable, pues da argumento para que otros países hagan lo propio, so pretexto de defenderse. El mundo debiera abolir esas armas, porque son incompatibles con la existencia de la vida en el planeta. Pero vivimos en tiempos de insensatez.
Si alguna salida negociada es posible para que Corea del Norte cese en su aventura nuclear, la misma conduce necesariamente hacia China. Pero no la hará posible sin cobrar antes un alto precio. Y mientras lo precisa, el mundo continuará padeciendo su pesadilla. No nos extrañaría que ese precio sea Taiwán, quizás demasiado alto en estos momentos. ¿Cuánto más se tardarán las grandes potencias para poner sus cartas sobre la mesa de una vez por todas?

101 años de Panamá América

 
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