La bomba de isla Iguana
La polémica ha reducido las alternativas a dos posibilidades. O se hace estallar con marea alta o con marea seca. Y mientras decidimos, la vieja bomba yace dormida a la orilla de la playa de isla Iguana, en Los Santos, aguardando un instante de mal momento para volar por los aires con todo cuanto se encuentre en su cercanía.
No está claro cuándo llegó allí. La isla fue utilizada por la Fuerza Aérea de Estados Unidos como campo de tiro en los albores de las dos guerras mundiales. Las características del artefacto revelan que es más probable que date de la década de los cuarenta.
Sea como fuere, es un peligro. Hace unos meses unos pescadores cargaron con una similar a cuestas hasta que, advertidos del peligro, la cedieron a técnicos del ejército norteamericano que la desactivaron. Pero entonces advirtieron de la presencia de este otro.
Isla Iguana se ha convertido en el principal punto de acción turística de Azuero. Centenares de nacionales y extranjeros la visitan cada fin de semana para disfrutar su travesía en bote y la singular belleza de sus playas.
En sus alrededores tiene lugar cada año el desove de miles y miles de tortugas, en un fenómeno singular que es objeto de estudios científicos. Una cooperativa de pescadores saca provecho de la venta de huevos, al mismo tiempo que cuida de que ello se dé en forma racional para no extinguir la fuente.
Cualquiera que sea la alternativa de lo que haya que hacerse con la bomba, hay que tomarla. De cualquier forma se causarán daños ecológicos que pueden ser en parte controlados.
Pero al margen de la disyuntiva, la presencia de la bomba ilustra el drama que hoy aqueja a miles de hectáreas de los polígonos de tiro del área canalera prontas a ser revertidas a Panamá por los Estados Unidos.
Los polígonos están miles de veces más contaminados, plagados, envenenados y minados que Isla Iguana. Habrá por doquier miles de bombas y municiones sin estallar de peores efectos bajo el suelo. Incluso una vez los militares estadounidenses se felicitaron por contar en su bombardeo de Bagdad, bombas que penetraban decenas de metros para perforar los profundos bunkers subterráneos.
Por nuestro lado no aspiramos sino a que descontaminen Isla Iguana, Río Hato, los polígonos y cuanta área de prueba de explosivos y municiones hayan ensayado. Si fueron responsables de dañarlas han de serlo también para sanearlas. Y esa responsabilidad debe continuar después de que se marchen, para que continúen la limpieza futura al ritmo que lo permita la tecnología hasta que cada centímetro de nuestro suelo vuelva a su estado original.
No está claro cuándo llegó allí. La isla fue utilizada por la Fuerza Aérea de Estados Unidos como campo de tiro en los albores de las dos guerras mundiales. Las características del artefacto revelan que es más probable que date de la década de los cuarenta.
Sea como fuere, es un peligro. Hace unos meses unos pescadores cargaron con una similar a cuestas hasta que, advertidos del peligro, la cedieron a técnicos del ejército norteamericano que la desactivaron. Pero entonces advirtieron de la presencia de este otro.
Isla Iguana se ha convertido en el principal punto de acción turística de Azuero. Centenares de nacionales y extranjeros la visitan cada fin de semana para disfrutar su travesía en bote y la singular belleza de sus playas.
En sus alrededores tiene lugar cada año el desove de miles y miles de tortugas, en un fenómeno singular que es objeto de estudios científicos. Una cooperativa de pescadores saca provecho de la venta de huevos, al mismo tiempo que cuida de que ello se dé en forma racional para no extinguir la fuente.
Cualquiera que sea la alternativa de lo que haya que hacerse con la bomba, hay que tomarla. De cualquier forma se causarán daños ecológicos que pueden ser en parte controlados.
Pero al margen de la disyuntiva, la presencia de la bomba ilustra el drama que hoy aqueja a miles de hectáreas de los polígonos de tiro del área canalera prontas a ser revertidas a Panamá por los Estados Unidos.
Los polígonos están miles de veces más contaminados, plagados, envenenados y minados que Isla Iguana. Habrá por doquier miles de bombas y municiones sin estallar de peores efectos bajo el suelo. Incluso una vez los militares estadounidenses se felicitaron por contar en su bombardeo de Bagdad, bombas que penetraban decenas de metros para perforar los profundos bunkers subterráneos.
Por nuestro lado no aspiramos sino a que descontaminen Isla Iguana, Río Hato, los polígonos y cuanta área de prueba de explosivos y municiones hayan ensayado. Si fueron responsables de dañarlas han de serlo también para sanearlas. Y esa responsabilidad debe continuar después de que se marchen, para que continúen la limpieza futura al ritmo que lo permita la tecnología hasta que cada centímetro de nuestro suelo vuelva a su estado original.