default

La burocracia en Panamá


La tradicional insistencia general por definir y caracterizar el problema administrativo del Estado pura y sencillamente como un problema de "burocracia", en su sentido más común, ha tendido una cortina de humo sobre el tema, lo que impide penetrar su esencia y además, delimitar las responsabilidades.
Creo que es un error limitar la consideración del problema administrativo panameño a lo que vulgarmente se denomina "burocracia", dando a entender una excesiva cantidad de empleados que tienen poco que hacer, o no hacen nada, y que por tanto constituyen más un lastre, un costo inútil, que un servicio positivo a la comunidad.
No niego que lo anterior sea un aspecto del problema, máxime ahora que me he enterado que la administración gubernamental anterior aumentó la planilla en 50,000 personas, pero no es la causa del problema. El mismo permanecerá aún cuando se despidan a esos miles de empleados.
Y es que no es la causa o el origen de nuestros males, sino más bien una consecuencia, un resultado, que a su vez, por supuesto, genera nuevos males en ese círculo vicioso en que a menudo vive la Administración.
La raíz del problema es mucho más profunda, más amplia, y la misma no se resuelve con programas de austeridad o supresiones porcentuales de cargos.
Por cierto que las dotaciones de personal deben disminuir en cada unidad de servicios (aula, cama de hospital, etc.) proporcionalmente a los adelantos técnicos de cada materia; pero ello será un resultado del proceso de racionalización, nucrométrica que puede venir tras la reforma administrativa, y no por el contrario, el comienzo de un plan que, concebido al revés, tardará en conducirnos a una solución orgánica.
De ahí la importancia de encarar la reforma administrativa que he recomendado en escritos anteriores con criterio amplio, no dejándose cegar por simplificaciones excesivas o echándole la culpa a un grupo de gentes.
Defino " burocracia" como muchas cosas juntas, malas y negativas para el progreso del país, no solamente la excesiva cantidad de empleados o su pereza sino ausencia de jefes, las fallas de la organización y la falta de conocimientos, autoridad, experiencia y energía -y a veces motivación- en los niveles directivos responsables, etc.
Quizás sea bueno también adoptar ese criterio amplio y procurar, de este modo, resultados de mayor envergadura y profundidad, atacando el mal de raíz y dando a la cuestión una solución más armoniosa y permanente.
Cuando una organización es buena y está bien dirigida, los inútiles y los haraganes, si es que los hay, desaparecen por sí solos.
En cuanto a la inundación de empleados públicos durante la pasada administración de Gobierno, no se necesita esperar la reforma administrativa, es cuestión de entrar con la máquina podadora.
Estoy seguro que la señora que los empleó sabía lo que les ocurriría y, por lo tanto, fue un acto de sadismo. Lo siento por ellos, quienes tuvieron la esperanza de quedarse, ya que a pesar del crecimiento de la economía la situación del empleo es muy precaria.
Anteriormente, un desempleado era una persona que buscaba trabajo por primera vez hasta encontrarlo, o una persona que había perdido voluntaria o involuntariamente su empleo, y buscaba otro hasta lograrlo. El problema hoy es que esos empleos no existen.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América