La caída de las utilidades del Banconal
Para el sector bancario panameño el 2003 fue un año alentador, de franca recuperación tras haber, en los últimos años, contraído sus operaciones de préstamos, producto de la desaceleración económica progresiva que venía padeciendo el país. La causa de este positivo fenómeno fue el crecimiento económico vigoroso - comparativamente hablando - que registró el Producto Interno Bruto de Panamá en el mismo año, calculado provisionalmente en 4%, en contraste con el 2002 que estuvo apenas por encima de 0%.
La construcción, en especial, creció alrededor del 30%. Y lo apuntamos por el efecto multiplicador enorme que produce esa actividad tan generadora de empleos y, sobre todo, de préstamos para los bancos. ¿Por qué si los grandes bancos privados incrementaron sus utilidades durante el 2003, el Banco Nacional las disminuyó en un año tan bueno, en B/.14 millones, al registrar B/.90 millones contra B/.104 millones del 2002?
Alguna explicación lógica debe haber, que no la hemos escuchado de los actuales directivos de la entidad, salvo comentarios que restan importancia al hecho. Ello nos mueve a ensayar algunas posibles razones para la extraña caída. Una de ellas, es el otorgamiento de préstamos políticos, a instancia del Ejecutivo, como fue el caso de los destinados al sector del transporte público colectivo, para la renovación y reparación de la destartalada flota de buses. Al respecto, el gerente de la entidad, Bolívar Pariente, llegó a comentar en un momento dado que el recobro de esos préstamos se hacía difícil. Lo ocurrido con esos préstamos multimillonarios era de esperar, dada la mala experiencia del sector privado en ese tipo de financiamiento y la incomprensión de las autoridades del tránsito en el manejo de las garantías en salvaguarda de los intereses de los bancos y financieras. Todavía no entienden que sin préstamos garantizados y respetados por las autoridades, no hay transporte.
¿Cuántos millones se comprometieron en la aventura de financiar buses? Se mencionó inicialmente la cifra de B/.30 millones y luego algunos millones adicionales en una operación que involucraría también a la Caja de Ahorros. Y a propósito de la última, ¿cómo es posible que la Caja de Ahorros haya reportado un superior desempeño comparativo durante el 2003 que el Banco Nacional? En fin, de los préstamos otorgados al transporte podemos hablar de recuperación más no de ganancias generadoras de utilidades.
Otro préstamo discutido fue el de la extensión del Corredor Norte a la constructora mexicana PYCSA. También aquí se mencionó el concurso de la Caja de Ahorros. Es una obra multimillonaria que difícilmente arrojará ganancias en muchos años. En su momento cuestionamos esta operación porque, dijimos, inmovilizaba enormes capitales que debían destinarse al mercado panameño, más dinámico en otras áreas que financiar una vía de peajes. Además, comentábamos, que la idea original es que PYCSA, con su perfil de transnacional, trajera inversión foránea y no a la inversa, esto es, ocupar una parte importante de la inversión local, siempre insuficiente para impulsar un mayor crecimiento de la economía nacional.
Una cosa es cierta. De haberse dado esa inexplicada caída de utilidades en circunstancias tan favorables en el mercado, en una de esas grandes corporaciones norteamericanas que cotizan en la Bolsa de Nueva York, sus directivos estarían en capilla ardiente frente a la ira de sus accionistas.
La construcción, en especial, creció alrededor del 30%. Y lo apuntamos por el efecto multiplicador enorme que produce esa actividad tan generadora de empleos y, sobre todo, de préstamos para los bancos. ¿Por qué si los grandes bancos privados incrementaron sus utilidades durante el 2003, el Banco Nacional las disminuyó en un año tan bueno, en B/.14 millones, al registrar B/.90 millones contra B/.104 millones del 2002?
Alguna explicación lógica debe haber, que no la hemos escuchado de los actuales directivos de la entidad, salvo comentarios que restan importancia al hecho. Ello nos mueve a ensayar algunas posibles razones para la extraña caída. Una de ellas, es el otorgamiento de préstamos políticos, a instancia del Ejecutivo, como fue el caso de los destinados al sector del transporte público colectivo, para la renovación y reparación de la destartalada flota de buses. Al respecto, el gerente de la entidad, Bolívar Pariente, llegó a comentar en un momento dado que el recobro de esos préstamos se hacía difícil. Lo ocurrido con esos préstamos multimillonarios era de esperar, dada la mala experiencia del sector privado en ese tipo de financiamiento y la incomprensión de las autoridades del tránsito en el manejo de las garantías en salvaguarda de los intereses de los bancos y financieras. Todavía no entienden que sin préstamos garantizados y respetados por las autoridades, no hay transporte.
¿Cuántos millones se comprometieron en la aventura de financiar buses? Se mencionó inicialmente la cifra de B/.30 millones y luego algunos millones adicionales en una operación que involucraría también a la Caja de Ahorros. Y a propósito de la última, ¿cómo es posible que la Caja de Ahorros haya reportado un superior desempeño comparativo durante el 2003 que el Banco Nacional? En fin, de los préstamos otorgados al transporte podemos hablar de recuperación más no de ganancias generadoras de utilidades.
Otro préstamo discutido fue el de la extensión del Corredor Norte a la constructora mexicana PYCSA. También aquí se mencionó el concurso de la Caja de Ahorros. Es una obra multimillonaria que difícilmente arrojará ganancias en muchos años. En su momento cuestionamos esta operación porque, dijimos, inmovilizaba enormes capitales que debían destinarse al mercado panameño, más dinámico en otras áreas que financiar una vía de peajes. Además, comentábamos, que la idea original es que PYCSA, con su perfil de transnacional, trajera inversión foránea y no a la inversa, esto es, ocupar una parte importante de la inversión local, siempre insuficiente para impulsar un mayor crecimiento de la economía nacional.
Una cosa es cierta. De haberse dado esa inexplicada caída de utilidades en circunstancias tan favorables en el mercado, en una de esas grandes corporaciones norteamericanas que cotizan en la Bolsa de Nueva York, sus directivos estarían en capilla ardiente frente a la ira de sus accionistas.