La caída de un charlatán
Parece que el joropo se le acabó a Hugo Chávez. Al menos desde la Cumbre de Río, realizada en República Dominicana, no ha vuelto a vociferar con la pedantería con que ha querido acostumbrar al continente. Y no es para menos. Algunas mentes sensatas le advirtieron sobre los peligros que implica seguir intentando regionalizar el conflicto colombiano. Aunque poco serán los que crean que el tribuno de Caracas asuma una posición sensata con sinceridad.
Lo que parece estar en la base de esta desacostumbrada sobriedad de Chávez es el peso de la información contenida en los computadores del caído jefe rebelde Raúl Reyes, y que Colombia logró decomisar tras abatirlo en territorio ecuatoriano. Son bellezas las que salen de los ordenadores y Chávez, según se sabe, parece haber comprendido la gravedad del asunto. Hasta ha designado abogados para que estudien el problema, dado que el presidente colombiano Álvaro Uribe amenazó con acusarlo ante la Corte Penal Internacional. Junto a eso, los problemas internos de Chávez crecen, y sabe que si suma otra derrota política, no podrá volver a cantar joropo, ni dentro ni fuera de Caracas. ¿Alo? Alo, Alo... Se cayó la línea.