La caída del imperio arnulfista
La caída del imperio mireyista-arnulfista y su emperadora, guarda cierta relación con la caída del imperio romano: la corrupción generalizada; es decir, la degradación colectiva. Este es el punto de partida de este triste episodio sobre la reciente historia política panameña. Para establecer un contraste entre la realidad vivida por una mayoría lúcida del pueblo panameño y la invención de una realidad ilusoria por un pequeño grupo de privilegiados (los clanes familiares), los invito a acompañar a quien dirige su mirada crítica sobre el propio país al mismo tiempo que sufre los contratiempos que le propina la versión oficial de la realidad nacional distorsionada.
La señora Moscoso -hay que reconocerlo- tuvo algún éxito al comienzo de su mandato: Ejerció la fuerza del "velo de la ilusión" en un vano intento de imitar a Evita Perón, y tuvo su impacto momentáneo. Pero a lo largo del camino se van anticipando datos que ilustran sobre los sucesivos auto engaños: la exaltación de "Mireya" y su pretendida redención de la pobreza, sucumbe estrepitosamente. ¡Su desplante altanero, arrogante, orgulloso, soberbio!, da un giro a su gobierno, convirtiéndolo en un desgobierno indecente, vulgar, nepótico y corrupto.
El desgobierno de Moscoso ha sido tan desastroso, tan inmoral y corrupto, que la Ley de Transparencia, por ejemplo, con todas las razones que parecía tener a su favor, con el Decreto Ejecutivo que posteriormente la reglamenta, se distorsiona todo su contenido, y por eso se cuestiona en toda su integridad.
La frustración que se puso en los anhelos de justicia de tantos no puede tener más que un efecto perverso: volver a deteriorar el aprecio por la ley y el derecho, algo que seguramente está en la base de muchos de esos fracasos y engaños trágicos. La chabacana ilusión del mireyismo-arnulfismo sólo ha desembocado en exclusión masiva, desigualdad, vuelta a la corrupción y al trapicheo.
Y ocurrió algo más todavía: la nefasta alianza Arnulfista-MOLIRENA de los últimos cinco años, se caracterizó por el desprestigio a las instituciones republicanas, dejándolas corromperse en manos de individuos desahuciados del respeto público, gentes ordinarias, mediocres y con almas desiertas, faltas de unción social y de elegancia ética, profesionales livianos de paso que llegaron al poder sin más bagaje que la osadía del fanático servil y el aplomo del aventurero.
El desastre nacional que ha significado el desgobierno mireyista-arnulfista, al término de su período constitucional de cinco años (1999-2004), puso en evidencia que había que dejar al arnulfismo completar un período presidencial, para verificar la falsedad de una seudo-doctrina política, que por muchos años mantuvo adormecida la conciencia de buena parte de la ciudadanía panameña.
Finalmente, como era de esperarse, la ignorancia, el fanatismo, la corrupción, el nepotismo, la codicia, el cinismo y la desvergüenza precipitaron la aparatosa caída del imperio arnulfista.
El pueblo, como nunca antes, le dijo ¡basta ya!, y los echó del poder democráticamente, como quien echa a un perro de una iglesia. Después de conocidos los resultados de las pasadas elecciones, el Partido Arnulfista y su aliado MOLIRENA, se convirtieron en un "cortejo fúnebre", encabezados por su presidenta y presidente, respectivamente, justo 16 años después de la muerte del caudillo Arnulfo Arias.
Al finalizar con pena y sin gloria el mandato de Mireya Moscoso, resulta que se pone en evidencia que en realidad el arnulfismo (ahora mireyismo-arnulfismo), ese fenómeno presuntamente incomprensible que está en el germen de toda la tragedia, es simplemente un autoritarismo conservador, irracional y populista, pues enseguida se nos hace caer en cuenta de que un paternalismo restringido (para unas pocas familias) delirante e impúdico como el de la señora Moscoso no tiene nada que ver con la redención de los pobres, con la justicia social ni propende a construir un Estado social de derecho, sino una especie de espejismo colectivo basado en la beneficencia arbitraria selectiva y en la demagogia; y que un sentido impuesto y fanático de la realidad inquebrantable a una persona, sea al difunto Arnulfo Arias, a Mireya Moscoso o sea quien sea, es incompatible con la lógica interna de la democracia, ¡por mucho que se adorne con placas las obras públicas inauguradas y reinauguradas!
La señora Moscoso -hay que reconocerlo- tuvo algún éxito al comienzo de su mandato: Ejerció la fuerza del "velo de la ilusión" en un vano intento de imitar a Evita Perón, y tuvo su impacto momentáneo. Pero a lo largo del camino se van anticipando datos que ilustran sobre los sucesivos auto engaños: la exaltación de "Mireya" y su pretendida redención de la pobreza, sucumbe estrepitosamente. ¡Su desplante altanero, arrogante, orgulloso, soberbio!, da un giro a su gobierno, convirtiéndolo en un desgobierno indecente, vulgar, nepótico y corrupto.
El desgobierno de Moscoso ha sido tan desastroso, tan inmoral y corrupto, que la Ley de Transparencia, por ejemplo, con todas las razones que parecía tener a su favor, con el Decreto Ejecutivo que posteriormente la reglamenta, se distorsiona todo su contenido, y por eso se cuestiona en toda su integridad.
La frustración que se puso en los anhelos de justicia de tantos no puede tener más que un efecto perverso: volver a deteriorar el aprecio por la ley y el derecho, algo que seguramente está en la base de muchos de esos fracasos y engaños trágicos. La chabacana ilusión del mireyismo-arnulfismo sólo ha desembocado en exclusión masiva, desigualdad, vuelta a la corrupción y al trapicheo.
Y ocurrió algo más todavía: la nefasta alianza Arnulfista-MOLIRENA de los últimos cinco años, se caracterizó por el desprestigio a las instituciones republicanas, dejándolas corromperse en manos de individuos desahuciados del respeto público, gentes ordinarias, mediocres y con almas desiertas, faltas de unción social y de elegancia ética, profesionales livianos de paso que llegaron al poder sin más bagaje que la osadía del fanático servil y el aplomo del aventurero.
El desastre nacional que ha significado el desgobierno mireyista-arnulfista, al término de su período constitucional de cinco años (1999-2004), puso en evidencia que había que dejar al arnulfismo completar un período presidencial, para verificar la falsedad de una seudo-doctrina política, que por muchos años mantuvo adormecida la conciencia de buena parte de la ciudadanía panameña.
Finalmente, como era de esperarse, la ignorancia, el fanatismo, la corrupción, el nepotismo, la codicia, el cinismo y la desvergüenza precipitaron la aparatosa caída del imperio arnulfista.
El pueblo, como nunca antes, le dijo ¡basta ya!, y los echó del poder democráticamente, como quien echa a un perro de una iglesia. Después de conocidos los resultados de las pasadas elecciones, el Partido Arnulfista y su aliado MOLIRENA, se convirtieron en un "cortejo fúnebre", encabezados por su presidenta y presidente, respectivamente, justo 16 años después de la muerte del caudillo Arnulfo Arias.
Al finalizar con pena y sin gloria el mandato de Mireya Moscoso, resulta que se pone en evidencia que en realidad el arnulfismo (ahora mireyismo-arnulfismo), ese fenómeno presuntamente incomprensible que está en el germen de toda la tragedia, es simplemente un autoritarismo conservador, irracional y populista, pues enseguida se nos hace caer en cuenta de que un paternalismo restringido (para unas pocas familias) delirante e impúdico como el de la señora Moscoso no tiene nada que ver con la redención de los pobres, con la justicia social ni propende a construir un Estado social de derecho, sino una especie de espejismo colectivo basado en la beneficencia arbitraria selectiva y en la demagogia; y que un sentido impuesto y fanático de la realidad inquebrantable a una persona, sea al difunto Arnulfo Arias, a Mireya Moscoso o sea quien sea, es incompatible con la lógica interna de la democracia, ¡por mucho que se adorne con placas las obras públicas inauguradas y reinauguradas!