La Caja en estado crítico
Cuando las condiciones de salud de las personas son precarias, los médicos utilizan un lenguaje técnico con el que comunican a los familiares o amigos del paciente la mejoría o agravamiento de su situación. En primer lugar, prefieren indicar que está en observación, para no comprometer opinión. Luego informan que se han ordenado exámenes para poder emitir un diagnóstico, lo que puede calmar la ansiedad que es natural en los interesados. Si no presenta mejoría pese a los esfuerzos por salvarlo, hablan de pronóstico reservado, lo que debe causar alguna preocupación a quien entiende ese lenguaje. Puede ser que no mejora ni empeora la situación, por lo que recurren a la frase: "sigue estable". Cualquiera de estas respuestas, lo que refleja es un estado crítico, que en atención médica se traduce en medicina crítica o cuidados intensivos.
Todos estos calificativos podemos aplicarlos a la Caja de Seguro Social, a la que se le han venido haciendo análisis de todo tipo, para determinar la forma de salvarla, sin que haya alguien que pueda concluir en medidas acertadas para lograr su funcionamiento sin riesgos.
Los estudios financieros, informes actuariales, sugerencias administrativas, recomendaciones sobre inversiones, medidas de austeridad; en fin, todos los exámenes económicos, estructurales, laborales y de funcionamiento se le han hecho, pero no observamos mejoría alguna. Sencillamente sigue estable, su estado es crítico, lo que significa que podría ser necesario mutilar algunas partes para no permitir su muerte, que deben cambiarse las medidas de su curación, modificar los tratamientos y revisar con seriedad su situación.
No es el momento para endilgar responsabilidad a determinados grupos, sino para retomar el caso y ser enérgicos en las soluciones, porque el paciente se agrava cada día, mientras el llanto de todos no contribuye a mejorar su situación. La algarabía no deja trabajar a quienes pueden mejorar su estado y quienes son responsables de las críticas condiciones que presenta este paciente, guardan silencio y lo que menos desean, es que lo vinculen con la institución o que se recuerden que mantuvieron con ella alguna relación.
Todos somos familiares interesados en su mejoría y por ello debemos asumir una actitud de cooperación para la recuperación necesaria, sin la cual perecería indefectiblemente. Sería lo peor, porque como dicen en el interior, si desaparece no le podremos heredar nada.
Hagamos conciencia de todos los factores que han incidido en su estado crítico y asumamos la cuota de responsabilidad que nos corresponde. Veamos: Los asegurados hemos abusado de las citas médicas, de la provisión indiscriminada e incontrolada de medicinas, de los servicios hospitalarios locales y externos, deteriorando así su fortaleza económica. Los funcionarios han exigido cada vez más beneficios, sin corresponder con productividad, eficiencia, seguridad y probidad en el desempeño. Algunos grupos han venido recibiendo mejoría económica periódica, y sus luchas se limitan al interés personal, para lo cual han suspendido su funcionamiento, dejando de laborar, pero exigiendo luego el pago por tiempo no servido, lo cual algo que tenemos que eliminar.
Se han ideado programas para sustraer rendimientos económicos en detrimento de la estabilidad patrimonial de la Caja, mientras internamente pernoctan funcionarios que han sobrevivido a todas las administraciones, pero que nada les importa las acciones y embates que la atacan financieramente. Por otro lado, los patronos que deben hacer los aportes de las cuotas obrero-patronales, son incansables en la búsqueda de métodos para evadir esas aportaciones, incluso con la complicidad de los propios trabajadores. Incluimos en esta condición al Estado, a las grandes empresas que prefieren registrar altos pagos como gastos de representación, impidiendo así ingresos a los que tiene derecho por Ley, esa entidad de seguridad social.
La solidaridad en salud no es mala, pero si usted no puede con su propia carga, no debe reclamar la ajena para llevarla. Sabemos y estoy convencido de que la actual administración no ha sido la mejor, pero jamás va a aceptar sus errores, porque el tinte ideológico que imprime a sus acciones, es lo que ha permitido subsistir a quienes la sostienen y defienden.
Cuando termine este período gubernamental, saldrán a la luz pública acusaciones, denuncias y revelaciones que descubrirán las razones del actual estado crítico de la Caja de Seguro Social.
Todos estos calificativos podemos aplicarlos a la Caja de Seguro Social, a la que se le han venido haciendo análisis de todo tipo, para determinar la forma de salvarla, sin que haya alguien que pueda concluir en medidas acertadas para lograr su funcionamiento sin riesgos.
Los estudios financieros, informes actuariales, sugerencias administrativas, recomendaciones sobre inversiones, medidas de austeridad; en fin, todos los exámenes económicos, estructurales, laborales y de funcionamiento se le han hecho, pero no observamos mejoría alguna. Sencillamente sigue estable, su estado es crítico, lo que significa que podría ser necesario mutilar algunas partes para no permitir su muerte, que deben cambiarse las medidas de su curación, modificar los tratamientos y revisar con seriedad su situación.
No es el momento para endilgar responsabilidad a determinados grupos, sino para retomar el caso y ser enérgicos en las soluciones, porque el paciente se agrava cada día, mientras el llanto de todos no contribuye a mejorar su situación. La algarabía no deja trabajar a quienes pueden mejorar su estado y quienes son responsables de las críticas condiciones que presenta este paciente, guardan silencio y lo que menos desean, es que lo vinculen con la institución o que se recuerden que mantuvieron con ella alguna relación.
Todos somos familiares interesados en su mejoría y por ello debemos asumir una actitud de cooperación para la recuperación necesaria, sin la cual perecería indefectiblemente. Sería lo peor, porque como dicen en el interior, si desaparece no le podremos heredar nada.
Hagamos conciencia de todos los factores que han incidido en su estado crítico y asumamos la cuota de responsabilidad que nos corresponde. Veamos: Los asegurados hemos abusado de las citas médicas, de la provisión indiscriminada e incontrolada de medicinas, de los servicios hospitalarios locales y externos, deteriorando así su fortaleza económica. Los funcionarios han exigido cada vez más beneficios, sin corresponder con productividad, eficiencia, seguridad y probidad en el desempeño. Algunos grupos han venido recibiendo mejoría económica periódica, y sus luchas se limitan al interés personal, para lo cual han suspendido su funcionamiento, dejando de laborar, pero exigiendo luego el pago por tiempo no servido, lo cual algo que tenemos que eliminar.
Se han ideado programas para sustraer rendimientos económicos en detrimento de la estabilidad patrimonial de la Caja, mientras internamente pernoctan funcionarios que han sobrevivido a todas las administraciones, pero que nada les importa las acciones y embates que la atacan financieramente. Por otro lado, los patronos que deben hacer los aportes de las cuotas obrero-patronales, son incansables en la búsqueda de métodos para evadir esas aportaciones, incluso con la complicidad de los propios trabajadores. Incluimos en esta condición al Estado, a las grandes empresas que prefieren registrar altos pagos como gastos de representación, impidiendo así ingresos a los que tiene derecho por Ley, esa entidad de seguridad social.
La solidaridad en salud no es mala, pero si usted no puede con su propia carga, no debe reclamar la ajena para llevarla. Sabemos y estoy convencido de que la actual administración no ha sido la mejor, pero jamás va a aceptar sus errores, porque el tinte ideológico que imprime a sus acciones, es lo que ha permitido subsistir a quienes la sostienen y defienden.
Cuando termine este período gubernamental, saldrán a la luz pública acusaciones, denuncias y revelaciones que descubrirán las razones del actual estado crítico de la Caja de Seguro Social.