La campaña interminable
Falló el Tribunal Electoral, especialmente sus magistrados, en permitir que el país estuviera, como está, inmerso en una campaña política interminable, como consecuencia de la celebración de primarias internas en los partidos políticos, seguida luego por las elecciones nacionales.
No está de más recordar los peligros que el hartazgo electoral puede representar para la democracia panameña. Una campaña interminable y costosa como la actual, satura los medios de comunicación, al igual que el espacio radial y visual, a más de irrumpir en los estadios, eventos feriales y cuanta celebración tiene lugar. No nos sorprenda, entonces, que semejante bombardeo de propaganda generalizada provoque un efecto de boomerang, de antipatía y rechazo por todo lo que sea político, abriendo caminos ajenos al ejercicio democrático. Lo mejor es hacerlo como en Europa, campañas cortas de tres o cuatro meses cuanto más, ya sea de elecciones internas partidarias, nacionales o locales; pero en todo caso acabar con eso cuanto antes mejor.
Pero someter al país a semejante desgastes y distracción, carece de sentido y compromete las instituciones electorales, sometiéndolas a presiones intolerables por demasiado tiempo. A la postre, se convierte en una mera competencia de dinero, más que de propuesta, insostenible salvo para quienes tienen o pueden reunir millones de balboas.
Paremos esto o, al menos, tome el Tribunal Electoral medidas para establecer reglas de juego que no permitan que una campaña política interminable vuelva a repetirse, jamás.