La caridad signo del año jubilar
El pasado 29 de noviembre se cumplió un año desde que Juan Pablo II, a través de la Bula"Incarnationis Mysterium" convocara a la celebración del Año Santo Jubilar. La intensa preparación que ha tenido la iglesia nos ha hecho tomar conciencia de aquél acontecimiento que el evangelista San Juan nos presenta en el evangelio: "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn. 1,14). La llegada de esta buena noticia a la humanidad, hace ya 2000 años, será celebrada durante todo el año jubilar como un acto de alabanza a la Santísima Trinidad de la que todo procede y a la que todo se dirige en el mundo y en la historia.
El Papa al convocar el Jubileo, presenta seis signos identificadores de las celebraciones, tres de ellos son ya tradicionales como la apertura de la puerta santa, las peregrinaciones y la indulgencia jubilar, pero en esta ocasión, ha innovado la tradición y ha puesto otros tres que son: la purificación de la memoria de la iglesia, la caridad y la memoria de los mártires.
La caridad, nos dice la Bula Papal, "nos abre los ojos a las necesidades de quienes viven en la pobreza y la marginación" (I.M.12). El esfuerzo del hombre en el presente siglo para mejorar la convivencia humana ha sido realmente impresionante, pues la ciencia y la tecnología con sus innovaciones han hecho que el hombre se sienta mejor, pero no han logrado eliminar la pobreza de una gran cantidad de países que la han visto crecer con nuevas formas. Las intervenciones pontificias al respecto han sido siempre muy claras "muchas naciones, especialmente las más pobres, se encuentran oprimidas por una gran deuda que ha adquirido tales proporciones que hace prácticamente imposible los pagos" (I.M.12) y, es por eso que, la iglesia está pidiendo crear una nueva cultura de solidaridad y cooperación internacional en la que todos los países asuman, corresponsablemente, una nueva actitud que favorezca a los más necesitados. Un buen servicio de las naciones más ricas podría ser el que perdonaran del todo, o por lo menos en parte, la inmensa deuda que con ellos tienen los países en desarrollo hundidos en la pobreza.
En otro orden de tipo espiritual, que ciertamente favorecerá la espiritualidad de los cristianos, es que la indulgencia que se podrá ganar durante todo el año jubilar deberá estar acompañada por obras de caridad y de penitencia sacramental. En ese sentido, el nuevo signo de la caridad será una oportunidad para expresar externamente nuestra solidaridad con los más necesitados. Hay varios requisitos por los que se podrá optar para ganarla indulgencia entre los que se encuentran algunas iniciativas que favorecen este servicio de amor cristiana al prójimo tales como las visitas a los enfermos, a los encarcelados, a los ancianos solos, a los minusválidos, el sostenimiento económico de obras de caridad, ayudar económica y moralmente a jóvenes en dificultad o aprovechar el tiempo libre para brindar algún servicio en obras sociales.
Toda esta riqueza humana y cristiana será una valiosa ayuda para tener un encuentro con Dios Padre por medio de Cristo Salvador, ya que el jubileo llama a la conversión y al sacrificio". La caridad, es su doble faceta de Amor a Dios y a los hermanos, es la síntesis de la vida moral del creyente. Ella tiene en Dios su fuente y su meta". (T.M. 50).
El Papa al convocar el Jubileo, presenta seis signos identificadores de las celebraciones, tres de ellos son ya tradicionales como la apertura de la puerta santa, las peregrinaciones y la indulgencia jubilar, pero en esta ocasión, ha innovado la tradición y ha puesto otros tres que son: la purificación de la memoria de la iglesia, la caridad y la memoria de los mártires.
La caridad, nos dice la Bula Papal, "nos abre los ojos a las necesidades de quienes viven en la pobreza y la marginación" (I.M.12). El esfuerzo del hombre en el presente siglo para mejorar la convivencia humana ha sido realmente impresionante, pues la ciencia y la tecnología con sus innovaciones han hecho que el hombre se sienta mejor, pero no han logrado eliminar la pobreza de una gran cantidad de países que la han visto crecer con nuevas formas. Las intervenciones pontificias al respecto han sido siempre muy claras "muchas naciones, especialmente las más pobres, se encuentran oprimidas por una gran deuda que ha adquirido tales proporciones que hace prácticamente imposible los pagos" (I.M.12) y, es por eso que, la iglesia está pidiendo crear una nueva cultura de solidaridad y cooperación internacional en la que todos los países asuman, corresponsablemente, una nueva actitud que favorezca a los más necesitados. Un buen servicio de las naciones más ricas podría ser el que perdonaran del todo, o por lo menos en parte, la inmensa deuda que con ellos tienen los países en desarrollo hundidos en la pobreza.
En otro orden de tipo espiritual, que ciertamente favorecerá la espiritualidad de los cristianos, es que la indulgencia que se podrá ganar durante todo el año jubilar deberá estar acompañada por obras de caridad y de penitencia sacramental. En ese sentido, el nuevo signo de la caridad será una oportunidad para expresar externamente nuestra solidaridad con los más necesitados. Hay varios requisitos por los que se podrá optar para ganarla indulgencia entre los que se encuentran algunas iniciativas que favorecen este servicio de amor cristiana al prójimo tales como las visitas a los enfermos, a los encarcelados, a los ancianos solos, a los minusválidos, el sostenimiento económico de obras de caridad, ayudar económica y moralmente a jóvenes en dificultad o aprovechar el tiempo libre para brindar algún servicio en obras sociales.
Toda esta riqueza humana y cristiana será una valiosa ayuda para tener un encuentro con Dios Padre por medio de Cristo Salvador, ya que el jubileo llama a la conversión y al sacrificio". La caridad, es su doble faceta de Amor a Dios y a los hermanos, es la síntesis de la vida moral del creyente. Ella tiene en Dios su fuente y su meta". (T.M. 50).