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¿La carreta delante de los bueyes?


ES UN HECHO que la Asamblea Legislativa será convocada a sesiones extraordinarias para someterles los proyectos de leyes sobre las reformas fiscales y a la Ley Orgánica de la Caja de Seguro Social. Sin embargo, todavía la inmensa mayoría del país sigue en ayunas en cuanto al contenido de ambos proyectos. Ello, a pesar de que ya han transcurrido cuatro meses desde que las nuevas autoridades asumieron el gobierno y, en total, ocho desde su victoria electoral.
En el tiempos transcurrido hemos escuchado muchos rumores y a algunos voceros oficiosos del gobierno dar pistas sobre el contenido de las reformas que propondrán, tanto sobre la Caja de Seguro Social como sobre la denominada reforma fiscal, pero todavía no se conoce ninguna propuesta oficial.
Con frecuencia, también hemos escuchado o leído la promesa del gobierno de divulgar y consultar ampliamente ambos proyectos "con todos los sectores", pero, a la fecha que redacto este comentario (29 de diciembre de 2004) los gremios empresariales, profesionales y sindicales, sin excepción, han expresado un desconocimiento absoluto de la propuesta gubernamental.
Los partidos políticos de la denominada "oposición", o no están en el ajo o, según parece, prefieren mantener la boca cerrada hasta tanto el gobierno descubra sus cartas. Sigo considerando que esa posición no les hace ningún favor, políticamente hablando. Cuando quieran reaccionar, tal vez sea demasiado tarde.
Con seguridad los partidos que gobiernan sí conocen los anteproyectos, pero todos, por el momento, fingirán ignorancia, porque responden a la estrategia oficial. Eso no quiere decir, estoy convencido, que todos los diputados oficialistas compartan lo que se cocina en el Palacio de las Garzas o en los predios del MEF, como más adelante se comprobará. Pero, por ahora, no habrá ruptura de filas.
La estrategia del gobierno es clara, aunque no tan inteligente como ellos creen. Su contumaz silencio y su decisión de convocar a la Asamblea a sesiones extraordinarias, de manera patente, confirman la sospecha de que su verdadera intención no es permitir una discusión abierta y transparente de las reformas sino imponerlas a tambor batiente haciendo uso de su aplanadora legislativa.
En un proceso lógico, el gobierno debió, primero, haber divulgado las proyectadas reformas, luego abrir un amplio espacio para la consulta, y sólo después haber convocado a las sesiones extraordinarias, siempre y cuando se hubieran logrado los mínimos consensos. Pero poner, como lo ha hecho, "la carreta delante de los bueyes" no es, ni de lejos, una prueba de impericia o de falta de preparación sino la confirmación de que se sigue un plan preconcebido con etapas programadas.
Uno de los grandes slogans de la campaña del señor Torrijos fue que su gobierno derogaría la que llamó "reforma saca plata", aprobada durante el gobierno de la señora Moscoso, para reemplazarla con una más justa que aliviaría la carga sobre los sectores más pobres. Sin embargo, ninguno de los "avances oficiosos" que se han divulgado sobre el contenido de su paquete de reformas apunta en esa dirección sino el sentido contrario. Tal es el caso, por ejemplo, de la manifestada intención de eliminar la exoneración del Impuesto sobre la Renta establecida a favor de quienes reciben ingresos mensuales de hasta 800 balboas. La explicación dada para sustentar esta propuesta es tan absurda que sólo puede entenderse como producto de la ignorancia. Mediante la misma se pretende, dijo uno de los voceros oficiosos, "acabar con un club de los privilegiados", ya que "solo deben considerarse como pobres a quienes ganan hasta 700 balboas mensuales".
Calificar de privilegiado a un padre o madre que debe mantener y educar a una familia con 800 balboas mensuales es vivir fuera de la realidad y una burla a la angustia que viven los hogares humildes para solamente sobrevivir. Y si ese es un ejemplo de los criterios que se aplicarán para el resto de las reformas que han preparado "los sabios fiscales del gobierno", ya podemos saber lo que nos espera. La cacareada reforma justa del señor Torrijos, si va por esos caminos, servirá a otros intereses, pero no para rescatar a los pobres.

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