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La carretera Guabala-Soná


Los productores, estudiantes, transportistas y usuarios de comunidades como Quebrada de Piedra, Tinta, Natá, Jorones, Zapotillo, Puerto Vidal, y otras, se quedaron esperando la respuesta del actual gobierno sobre la solicitada reparación de la carretera que conduce de Guabalá a Soná, y la que, hoy por hoy, constituye la expresión máxima de desidia estatal.

Desde la inauguración de la actual administración, cuyos estertores hacen eco en todo el país, los afectados colocaron una pancarta en la inmediaciones de Guabalá, jurisdicción de Chiriquí, solicitando al Presidente de la República la inmediata atención del citado e importante tramo de carretera. Lamentablemente, no hubo ojos ni oídos que vieran y escucharan la tímida, pero justa y oportuna, petición de los lugareños, ya que sus acciones no pasaron de la colocación de la precitada pancarta.

Si la visible negligencia e indiferencia gubernamental en tal sentido, hubiese tenido como escenario a otros pueblos del interior o de la capital, los cierres de calles se habrían puesto de manifiesto y el gobierno les hubiese dado respuestas. Han jugado con la paciencia de humildes sectores de la población que sólo ven a los demagogos de la politiquería criolla cada cinco años, cuando las carencias comunales se convierten en caldo de cultivo para la falacia electorera que tanto daño causa a la clase política panameña.

Ojalá que el próximo gobierno no actúe con el grado de cinismo e indolencia con que lo ha hecho la administración que fenece, pues son muchísimos los panameños que sufren los rigores de la falta de respuestas gubernamentales en zonas rurales y suburbios del interior del país. “El Estado debe ser un servidor y administrador de la sociedad civil y no un verdugo de los individuos que lo componen”, exclamó el Dr. Ricardo J. Alfaro, frase que entraña una verdad indiscutible.

101 años de Panamá América

 
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