default

La ceguera de los que no quieren ver


Finalizada la Cumbre Iberoamericana, llena de hechos histriónicos e intrascendentes, y reconociéndole a la señora Presidenta lo bien que se desenvuelve en los eventos protocolares y festivos, tenemos la obligante necesidad de volver a enfrentar los numerosos problemas del país. La gran complacencia que proyecta la Presidenta en el manejo de los temas de la diplomacia, contrasta con la poca capacidad e interés que dedica a la solución del principal problema nacional: la recesión económica.
La caída en picada del crecimiento económico ha agravado los males sociales, aumentado el desempleo y constreñido los recursos para la inversión social necesarios para atender las demandas de los menos favorecidos. Economistas panameños de diversas escuelas de pensamiento que se han expresado sobre el tema coinciden en incluir en sus listas de causas probables de la recesión, la gran incertidumbre producida por el pésimo manejo del gobierno en el tema y la falta de una política económica definida y clara.
Uno de los más notorios elementos de la gestión gubernamental es la percepción general que los índices de corrupción han crecido a niveles extraordinarios en esta administración. Las irregularidades parecieran darse en todos los niveles ante el total desinterés de las altas autoridades y la actitud de los funcionarios que pueden manejar las instituciones públicas como su negocio particular.
Un segundo elemento es la inexistencia de un modelo de desarrollo económico. Si existe, nadie lo conoce. Durante el pasado gobierno se promovió un modelo económico neoliberal con el cual pudimos o no estar de acuerdo, pero sus objetivos estaban claros, había consistencia con las acciones gubernamentales y los actores económicos podían planificar en base a él. Hoy, por el contrario, hay una incomprensible mezcla de acciones contradictorias que impiden al inversionista recibir las señales claras que orienten y faciliten su inversión.
Para muestra un botón: Hay un nuevo ministro en el MIDA que continúa las políticas restrictivas de su predecesor, sólo que con un estilo diferente. El resultado es que se están acumulando los mismos problemas y han surgido las quejas de países y empresarios por las decisiones caprichosas en el sector agropecuario.
Un tercer elemento es el manejo ineficiente que está dando este gobieno a los aspectos de la ejecución presupuestaria. El presupuesto que ha presentado a la Asamblea para ejecutarse el próximo año, no parece tener la menor posibilidad de ser aprobado sin cambios sustanciales, porque está lleno de vicios y es a todas luces impracticable. Con un nivel de ejecución de las inversiones públicas de un 60% en el año en curso, no entiendo por qué piden más dinero en el presupuesto del año entrante.
A estas alturas no queda duda que el equipo de gobierno de Mireya Moscoso dista mucho de ser lo que el país requiere para la solución de sus graves problemas. La opinión pública sigue diferenciando la evaluación del trabajo de la Presidenta, del desempeño de su equipo y califica a éste en grados muy inferiores a ella. En realidad las cosas actúan a la inversa. El director de un equipo de trabajo es el responsable de su desempeño. Por más virtuosos que sean los músicos de una orquesta, el producto armonioso siempre será responsabilidad de su director. Todos los panameños con los que converso coinciden en que será una experiencia difícil sobrevivir cuatro años más similares a este. Es necesario que Mireya Moscoso rompa la camisa de fuerza que la obliga a mantener figuras mediocres en posiciones claves de su administración y que relance su gobierno con un nuevo equipo de trabajo. La única que no parece entenderlo es ella.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América