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"La Cenicienta" y "El País de las Maravillas"


Después de escuchar el discurso de la señora Presidenta en la Asamblea Legisltiva, donde dio cuenta de su gestión de gobierno en estos últimos cuatro años, quedé muy confuso y me sentí totalmente desubicado. Esa noche tuve un sueño muy largo, no una pesadilla; pues el mismo era muy bonito. Me encontraba, en el sueño, muy profundo por cierto, con que Panamá se había convertido en un reinado, en "El País de las Maravillas". No era cierto el hundimiento intencional de un helicóptero; ello se debió a un lamentable accidente. El CEMIS no se hizo para beneficiar a nadie, sino para crear nuevas fuentes de trabajo, y el fisco sólo se perjudicó en unos pocos "reales" y nadie se embolsó ni un centésimo. Panama Port representó sólo una justa equiparación y no beneficios para unos pocos. Los "durodólares" tenían plena justificación de haberse guardado en la refrigeradora por la desconfianza que hay en el centro bancario.
No había en el país de mi sueño necesidad de hacer licitaciones, pues ellas sólo sirven para obstaculizar y dilatar los proyectos. La ecología no se anteponía ante el progreso y no había que adquirir ninguna casa en Punta Mala, ya que se trataba de una herencia familiar. El emplear parientes en el "País de las Maravillas", aunque no sirvieran para nada, no era nepotismo, era ser consecuentes con su familia.
Las encuestas de Cid-Gallup y Dichter & Neira, tan engorrosas y polémicas, son innecesarias. Las de "carne y hueso" de los súbditos del reino son las únicas y suficientes.
No me quería despertar, pero como en el cuento de "La Cenicienta" y su "calabaza" al dar las 12:00 de la noche volví, muy a mi pesar, a la triste realidad del país en que vivo. Todo cambió. El reinado se esfumó como por arte de magia. Lo bello del imaginario país volvió a ser lo que en realidad era: Una nación, cual nave a la deriva, sin un hábil timonel, que evitando los arrecifes, la conduzca a puerto seguro.
De más está decir que me costó mucho esfuerzo volver a conciliar el sueño; mi inquietud me llevó a dar muchas vueltas en la cama. Me revoloteaba en la mente, en rápida sucesión, el desempleo, la corrupción, el nepotismo, la inseguridad social y tantos otros males que nos afectan y tienen sumido en la desesperanza a la inmensa mayoría del pueblo panameño. De la ilusión y la fantasía volví a la triste realidad. Ojalá viviéramos en Panamá como en la fábula de "La Cenicienta" y en la de "Alicia en el País de las Maravillas" y no en uno muy pobre, como el nuestro, que está muy lejos de lo que soñé.
Todos seríamos muy felices. A lo mejor muchos en las altas esferas del gobierno aún están soñando y al despertar siguen soñando imaginándose que es una realidad, ese país utópico que sólo existe en sus mentes. Decía Descartes: " Vivir sin soñar es tener los ojos cerrados sin tratar de abrirlos jamás". Así me sentí en mi sueño en la noche del día primero, pero lamentablemente uno tiene que despertar a la realidad.

101 años de Panamá América

 
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