La Chitreana
Bajo este título se vende como pan caliente en los semáforos una flamante película porno panameña supuestamente filmada en la Calzada de Amador que, si se tratara de un libro, sería el primer "best seller" nacional. Su precio varía entre los diez y los tres dólares, en intenso y entusiasta regateo callejero.
El revuelo causado por tan comentada producción es de tal envergadura, que ha ameritado el inicio de una investigación para determinar cuándo, quiénes y cómo fue posible filmar semejante adefesio frente a las narices de tanta gente y de tanta vigilancia policial.
Lo ocurrido puede ser visto como una muestra de lo que Marx seguramente denominaría el nuevo opio de nuestro tiempo, el sexo, cuyo interés mediático se ha elevado a niveles superlativos sin precedentes.
Hace algunos meses, se descubrió que jóvenes estudiantes de Aguadulce, habían colocado en Internet una producción similar. Otra señal es el auge de los anuncios comerciales con gran variedad de ofertas sexuales entre abiertas y enmascaradas. Por otro lado, el fenómeno es ya una epidemia a nivel escolar, descendiendo hasta la educación primaria. En las universidades, muchos de los jóvenes se dedican a la copia y al sexo, por no mencionar el alcohol, las drogas y las discotecas. En los barrios populares no se habla ni se hace prácticamente otra cosa. Y en las calles y por cualquier esquina prospera exuberante la profesión más antigua.
Panamá no ha escapado a la despreciable ola de explotación infantil. De hecho, al menos os cadenas de degenerados han sido desmanteladas. Lo mismo ocurre en el resto del mundo. Paralelamente, el furor por las cirugías estéticas que cobran media decena de muertes silenciosas cada año en nuestro suelo, son también reflejo de los tiempos en que se deifica la belleza carnal por sobre el cultivo del intelecto y el espíritu. Vivimos tiempos del bisturí estético.
El sexo está bien, pero no es para tanto, nos decía hace un tiempo, en esta misma sección, ese gran literato, intelectual y políglota nacional, Demetrio Fábrega. Es uno de los dones preciados de la Creación que por lo frágil y efímero, en modo alguno debe ocupar el lugar cimero que mal intencionadamente se pretende, ni merece desviar nuestra atención de otros aspectos y facetas de la vida, que merecen tanto o mayor atención.
El revuelo causado por tan comentada producción es de tal envergadura, que ha ameritado el inicio de una investigación para determinar cuándo, quiénes y cómo fue posible filmar semejante adefesio frente a las narices de tanta gente y de tanta vigilancia policial.
Lo ocurrido puede ser visto como una muestra de lo que Marx seguramente denominaría el nuevo opio de nuestro tiempo, el sexo, cuyo interés mediático se ha elevado a niveles superlativos sin precedentes.
Hace algunos meses, se descubrió que jóvenes estudiantes de Aguadulce, habían colocado en Internet una producción similar. Otra señal es el auge de los anuncios comerciales con gran variedad de ofertas sexuales entre abiertas y enmascaradas. Por otro lado, el fenómeno es ya una epidemia a nivel escolar, descendiendo hasta la educación primaria. En las universidades, muchos de los jóvenes se dedican a la copia y al sexo, por no mencionar el alcohol, las drogas y las discotecas. En los barrios populares no se habla ni se hace prácticamente otra cosa. Y en las calles y por cualquier esquina prospera exuberante la profesión más antigua.
Panamá no ha escapado a la despreciable ola de explotación infantil. De hecho, al menos os cadenas de degenerados han sido desmanteladas. Lo mismo ocurre en el resto del mundo. Paralelamente, el furor por las cirugías estéticas que cobran media decena de muertes silenciosas cada año en nuestro suelo, son también reflejo de los tiempos en que se deifica la belleza carnal por sobre el cultivo del intelecto y el espíritu. Vivimos tiempos del bisturí estético.
El sexo está bien, pero no es para tanto, nos decía hace un tiempo, en esta misma sección, ese gran literato, intelectual y políglota nacional, Demetrio Fábrega. Es uno de los dones preciados de la Creación que por lo frágil y efímero, en modo alguno debe ocupar el lugar cimero que mal intencionadamente se pretende, ni merece desviar nuestra atención de otros aspectos y facetas de la vida, que merecen tanto o mayor atención.